Hudson Williams y Connor Storrie y el fenómeno 'Heated Rivalry': de servir mesas en Vancouver a paralizar Nueva York
Hay una ley no escrita en la cultura pop que dice que el éxito no se busca, se detona. Y lo que ha ocurrido con Heated Rivalry (o Más que rivales) no es un estreno de televisión, es una deflagración que ha dejado al mundo entero oliendo a almizcle, a frío polar y a ese deseo que solo se siente cuando sabes que estás ante algo prohibido. En el centro de este incendio, dos nombres que ya son ídolos de una religión muy pero que muy pagana: Hudson Williams y Connor Storrie.
Su historia es el cuento de hadas de la generación Z, pero pasado por un filtro de IG y erotismo de alta intensidad. Porque hubo un tiempo, no hace mucho (unos meses, para ser exactos), en que si pedías un smoothie en un café de Vancouver o una hamburguesa en un grill de Beverly HIlls, cabía la posibilidad de que te atendieran ellos, dos chicos de belleza tan contrapuesta como insultante, sin saber que estabas ante dos futuros iconos globales. Hudson Williams, de 24 años y Connor Storrie de 25 eran dos aspirantes a actores que sostenían sus sueños a base de propinas y turnos interminables. Hoy, en cambio, no pueden cruzar una calle en Milán, Tokyo o Nueva York sin que el tráfico se detenga ante ellos, los nuevos dueños (y objetos) del deseo.
"Servir mesas te enseña a leer a la gente, pero nada te prepara para que el mundo entero quiera leerte a ti a través de tu piel", confesaba Connor en una de sus primeras entrevistas. Quizás no te acuerdas, pero lo viste en Joker y en una pequeñísima reseña en Variety. Ahora, su mirada endiabladamente sexy y su cabello ensortijado como un angelote de Raphael te aparece en tu instaline continuamente. Y no, no solo te pasa a ti. Tanto es así que los psicólogos hablan de él como “una adicción” difícil de superar, al tiempo que su trasero… Su trasero… Perdón pero es difícil seguir tecleando sin secarnos la frente… ya forma parte de la memoria sentimental colectiva… y quien dice sentimental, dice “tú ya me entiendes…”
Este tejano de mirada felina se ha metido en la piel de Ilya Rozanov con una ferocidad que ha obligado a millones de personas a aprender ruso solo para entender sus promesas colapsado los servicios de VPN en medio planeta. Si no te ha quedado claro ya el por qué… Él no ha dudado tampoco a la hora de desgranar uno de los ingredientes de su éxito (el de ambos, claro): "Gracias por tuitear sobre nuestros traseros, ahí es donde ocurre la magia. Si la gente ha conectado con nosotros es porque no tuvimos miedo de ser feos, de sudar y de querernos de una forma cruda".
Y es que su ascenso a la categoría de icono ha sido tan vertiginoso que desafía cualquier lógica de la industria. Incluso, de la de los sueños. De Hudson, con esa belleza de porcelana y acero que delata sus raíces coreanas y danesas y que tanto recuerda a Keanu Reeves, no tenemos referencias previas en imdb. Él ha cruzado del otro lado de la barra al set de rodaje directamente, para, después, sentarse en la primera fila del front-row de la moda mundial. Estudió Teatro en sus años de instituto y se graduó en Cine en Vancouver en 2020, pero hasta ahora su filmografía se limitaba casi en exclusiva a un puñado de cortometrajes —algunos escritos y dirigidos también por él—.
Tal y como le contó a Jimmy Fallon, compaginaba su interés por la actuación con su trabajo en un restaurante: “Mi último trabajo antes de entrar en el show business fue en The old spaghetti factory (…) era bastante bueno administrando la cantidad de mesas que tenía, pero no se me daba bien poner una sonrisa si en ese momento no lo sentía”. Sin embargo, su presencia en la Semana de la Moda de Milán, desfilando para Dsquared2, no fue solo un bolo publicitario, fue la confirmación de que su mirada ha redefinido el canon de belleza masculina en 2026. Y sí, Ricky Martin se dio cuenta. Y los hermanos Caten… Los hermanos Caten perdieron hasta el conocimiento de tanto saberlo…. Hudson, siempre más reservado que Connor, admite que el proceso ha sido un shock: "Lloré al leer el guion porque Shane Hollander se sentía como una parte de mí que nunca me atreví a mostrar; esa presión por ser el chico de oro es agotadora".
Juntos han logrado algo inaudito: que el hockey sobre hielo, ese deporte de tipos duros que escupen dientes, sea ahora el escenario más sexy del mundo, convirtiendo los estadios en lo que TikTok ha bautizado como "boy aquariums". La serie ha dado con la fórmula de una "intimidad sin misoginia" donde el sexo no es algo decorativo, sino un elemento narrativo, estético y lingüistico. El motor y no el premio final. Aquí no esperamos diez capítulos para un beso casto; aquí empezamos en el fango, en la urgencia de dos cuerpos que se odian en la pista pero se necesitan en la cama de un hotel anónimo. Las escenas de cama entre Shane (Hudson) y Ilya (Connor) quitan el hipo. Aquí hay sábanas estratégicamente colocadas, sí, pero también hay sudor, hay jadeos que suenan a verdad y hay una urgencia física que traspasa la pantalla.
La química entre ellos es tan real que han llegado a tatuarse juntos la frase "SEX SELLS" ¡para reírse de la locura mediática que les rodea! Y es que en los mentideros de Toronto se cuenta que esa fusión física de sus cuerpos, de los átomos, electrones y protones de uno con los del otro, durante el rodaje era tan "peligrosa" que el equipo técnico a menudo se quedaba en silencio absoluto, conteniendo el aliento. Hay una anécdota que ya circula como pólvora: durante la grabación de la tórrida escena en la cabaña, —ese refugio que ya es un santuario para los seguidores—, Connor decidió improvisar. Mientras sus cuerpos estaban entrelazados, le susurró a Hudson una frase en ruso tan libidinosa y turbia intención que Hudson olvidó su guion por completo. El rubor que subió por su cuello no era maquillaje, era una reacción biológica al magnetismo de Storrie. Esa toma, por supuesto, es la que quedó en el montaje final porque el director, Jacob Tierney, supo que ese fuego no podía desaprovecharse.
"La química no se puede fingir", explica Hudson, "o existe o no existe, y con Connor, desde el primer ensayo, el aire simplemente cambió". Y con declaraciones así ¿cómo no creer que hay algo más que amistad y compañerismo entre ambos? El creador, Jacob Tierney, ha tenido que pedir respeto por su intimidad, diciendo que "no hay razón para meterse en ese asunto". Pero es difícil no soñar cuando se les ve juntos en los Globos de Oro o compartiendo selfies con corazones. Y ellos… pues ellos, con mucha picardía, ni confirman ni desmienten. Parece ser que mientras a Connor se le relaciona con su compañero François Arnaud (el único abiertamente bisexual del reparto y que también ha pedido “respect”), a Hudson se le vincula con una tatuadora, aunque viendo su cumpleaños (que ya te habrá parecido en IG este fin de semana) no hay rastro de ellos... Sea como fuere muchos/muchas/muches prefieren hacer caso omiso a esos cantos de sireno o sirena y quedarse con la imagen de Ilya Rozanov y Shane Hollander en su "cabaña" como un refugio mental donde quedarse (y quedarnos) a vivir.
Es esa delgada línea entre la realidad y la ficción (y una oportunidad de marketing que el Marketing no ha querido que se echara a perder) lo que ha hecho que los espectadores paralicen ciudades enteras para ver el desenlace de un capítulo, que el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pida oficialmente a los ciudadanos que se queden en casa por la nieve leyendo el libro para "evitar riesgos" o que se disparen las solicitudes de inscripción en bibliotecas de todo Estados Unidos en un delirio colectivo sin precedentes y todo por hacerse con los seis volúmenes escritos por Rachel Reid.
Quién lo iba a decir de una serie de bajo presupuesto rodada en Canada y con una temática LGTBIQ+... Pero sí. Se estrenó el pasado 28 de noviembre (¡ni tres meses por favor!) en Crave y HBO y, el primer capítulo ya fue un antes y un después. En su primera semana acumuló aproximadamente 30 millones de minutos vistos, y a finales de diciembre la serie ya superaba 300 millones de minutos de reproducción semanal, con un promedio de alrededor de 9 millones de espectadores por episodio solo en Estados Unidos. Canadá y el vecino del Sur enloquecieron hasta el punto que la serie empezó a piratearse, se crearon grupos de Telegram donde se enviaban enlaces a los capítulos, con subtítulos puestos por fans que decidieron hacer de la serie un fenómeno. En cuestión de semanas, Heated Rivalry se convirtió en la serie más vista de finales de 2025, las redes sociales se llenaron de edits con las imágenes de sus protagonistas, y cientos de jóvenes empezaron a escribir fanfics con historias alternativas de sus personajes. Por eso, lo que Hudson y Connor han conseguido va mucho más allá de la pantalla y por supuesto de lo que hasta ahora concebíamos como una serie de éxito.
Ambos son los nuevos iconos de una raza y condición que no entiende de fronteras, pero sí del amor. Heated Rivalry, como en Love Actually o Notting Hill o Qué bello es vivir vuelve a dar(nos) esperanzas en el futuro (incierto) Ver a dos titanes del deporte abrazar su vulnerabilidad y vivir de acuerdo a sus sentimientos nos hace sentir a todos un poco más jóvenes, un poco más libres y, desde luego, mucho más excitados. Y eso, si hablamos de ficción, que si nos metemos con la realidad (y la romantizar) verlos portar la antorcha olímpica en los Juegos de Invierno de Milán ante el rugido de una multitud que los vitoreaba -como si fueran los propios atletas- nos hace creer (una vez más) en que todo, todo es posible. Esa es la prueba más evidente de que han trascendido la pantalla. Especialmente cuando hasta esta semana, la serie aún no había llegado a las plataformas italianas y, sin embargo, toda Italia, con su capital de la moda y el deporte al frente, ya se habían postrado a sus pies. Desnudos o con cuchilla.
Connor y Hudson o Hudson y Connor han viralizado hasta su olor; el perfume (con vainilla y almizcle) que usan se agota en minutos porque todos queremos un poco de ese aroma a victoria y deseo. Han logrado que los terapeutas estudien el fenómeno, concluyendo que la serie es adictiva porque nos devuelve la fe en una masculinidad que se atreve a llorar, a sangrar y a amar sin pedir perdón. Connor lo resume con su honestidad habitual: "El sexo puede ser muchas cosas, pero en esta historia es el único lugar donde estos dos hombres pueden ser finalmente libres". O, lo recorregimos —disculpa Hudson— el camino hacia la felicidad (queer o no) que todos nos merecemos.
Pero más allá de ellos… ¿Qué tiene esta serie para que hayamos enloquecido todos de las antípodas a la Mancha? Jacob Tierney, el director, dio con la tecla mágica: "intimidad y excitación". La serie no es el típico drama queer de manual; es una historia que empieza por el sexo (y ¡qué sexo! Tierno y salvaje, coreografiado y sin censura) para terminar en un romance que nos rompe el alma. El ingrediente inaudito es su audiencia: las mujeres millennials. Ellas han encontrado en esta historia un espacio seguro donde el deseo ocurre entre iguales, sin cosificación femenina. Es tan adictiva que hasta los psicólogos están analizando el fenómeno, concluyendo que, en medio de una "epidemia de soledad", la serie es un imán de afecto y vulnerabilidad masculina. No es solo porno para mamá; es ver a dos titanes que pueden romperse la cara contra el plexiglás y, cinco minutos después, derrumbarse el uno en el otro porque son los únicos que conocen su verdad.
Sin olvidar la reasignificación de la nostalgia millennial. La serie se remonta, en sus primeros episodios, a 2008, cuando sus protagonistas se conocen y empiezan a experimentar. Una década, la de los 2000, en la que los millenials, nacidos en los 90s, comenzaban a crear sus referentes estéticos. O vivían sus primeras experiencias que, en muchos casos, se ocultaban o se contaban con vergüenza. Heated Rivalry recuerda a Skins, a Hilary Duff, a Avril Levigne, a Chad Michael… y si no tienes el referente, ¿cómo es eso de volver escuchar de nuevo “All The Things She Said”, de t.A.T.u? Las rusas, como Ilya, vuelven a tener la sarten po rel mango…Lo que pasa es que hoy, en vez de ver al duo pretendidamente lésbico con sus faldas de tartán y sus corbatas escaleras, vemos a Shane e Ilya queriendo estar juntos. Desde que se estrenó el episodio en el que suena el tema, sus reproducciones se duplicaron en Estados Unidos, con un aumento de aproximadamente el 135%. La canción superó los 700 millones de streams.
¿A que ahora ves los juegos de Milano Cortina de otra manera? ¿A que te mueres por saber las reglas del hockey? Obvio. La serie ha atraído nuevos públicos al hockey y ha empujado a ligas, clubes y medios deportivos a hablar de diversidad con mayor claridad. El actor, Hudson William, quien encarna a Shane Hollander, ha dicho que ha recibido mensajes de deportistas profesionales quienes se han visto representados por la serie. El mayor ejemplo ha sido el de Jesse Kortuem, jugador que ha declarado que la historia de Heated Rivalry le ayudó a sentirse listo para salir del armario públicamente. ¿Estamos tan perdidamente obsesionados que somos capaces de afirmar que Heated Rivalry está cumpliendo una función social revolucionaria? Por qué no. A ver, que los regímenes totalitarios comienzan censurando y quemando libros… En Rusia, donde la homosexualidad está fuertemente estigmatizada y reprimida a nivel legal y social, Heated Rivalry es un éxito en la sombra, consumido de forma clandestina hasta el punto de convertirse en un acto de resistencia…
Si después de contarte todo esto, aún no has visto la serie, no te resistas. Ríndete.
















