La grave secuela que podría dejar la lesión de Carolina Marín: "Probablemente no vuelva a ponerme en cuclillas"

La grave secuela que podría dejar la lesión de Carolina Marín: "Probablemente no vuelva a ponerme en cuclillas"

Carolina Marín reapareció este lunes en El Hormiguero para sincerarse sobre el momento más difícil de su vida deportiva: su retirada profesional del bádminton, anunciada públicamente el pasado 26 de marzo. La campeona olímpica de Río 2016 reconoció ante Pablo Motos que tomar esa decisión fue especialmente doloroso. Y no es para menos, el deporte había sido prácticamente su vida. 

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"Ha sido la decisión más dura de mi vida, pero estoy tranquila porque es la mejor decisión que he podido tomar [...] No lo quiero dejar, entreno, estoy haciéndolo para recuperarme", explicó la deportista sobre su decisión. 

Eso sí, aunque ha dejado atrás la competición profesional, Carolina Marín continúa vinculada al deporte. De hecho, aseguró que si dejaba de entrenar sería por tener la agenda demasiado ocupada. Y aun con esas, su intención es sacar tiempo siempre que pueda. 

Pero, ¿por qué ha tenido que retirarse del deporte profesional? ¿Ha sido una decisión obligada a causa de su lesión? Para ello, hemos charlado con un fisioterapeuta que, precisamente, ha trabajado en uno de los centros donde Carolina Marín se ha tratado de sus lesiones. 

Carolina Marín con las manos en la cara

¿Cuáles han sido las lesiones que ha sufrido Carolina Marín?

De entrada, hablamos de todas las lesiones de esta deportista de élite. Y es que detrás de esa despedida hay años de desgaste físico y sufrimiento articular. “La jugadora sufrió tres roturas del ligamento cruzado anterior en ambas rodillas. La primera lesión llegó en 2019, en la rodilla derecha; la segunda, en 2021, en la izquierda; y la tercera durante los Juegos Olímpicos de París 2024, nuevamente en la rodilla derecha y además con afectación de ambos meniscos”, nos cuenta Víctor Jiménez Aransay, fisioterapeuta especializado en prevención de lesiones, readaptación y rendimiento deportivo de alto nivel.

Qué es el ligamento cruzado anterior 

"El ligamento cruzado anterior es una de las estructuras principales que estabilizan la rodilla", continúa Jiménez Aransay que ha trabajado durante más de 11 años en la Clínica CEMTRO, uno de los centros de referencia en cirugía de rodilla y traumatología deportiva, donde también Carolina Marín decidió operarse.

Cuando el ligamento cruzado se rompe, la rodilla pierde estabilidad y deja de responder con normalidad en movimientos tan básicos como girar, frenar o cambiar de dirección. Pero el impacto no es solo físico.

"El proceso de recuperación es especialmente complejo porque no solo afecta al movimiento y la estabilidad, sino también a la confianza del deportista", señala el especialista. Además, la recuperación suele ser larga y exigente. "Se trata de lesiones con tiempos de recuperación cercanos al año y que obligan a afrontar una rehabilitación física y mental muy dura".

Carolina Marín © Getty Images

Los síntomas más frecuentes de esta lesión

Las roturas de ligamento cruzado anterior suelen manifestarse de forma muy evidente desde el primer momento. Las señales más habituales son:

  • Dolor intenso e inmediato en la rodilla
  • Sensación de chasquido o crack al lesionarse
  • Inflamación rápida de la articulación
  • Inestabilidad o sensación de que la rodilla falla
  • Dificultad para caminar o apoyar la pierna
  • Pérdida de movilidad y limitación funcional

En deportistas profesionales, además, suele aparecer un importante componente emocional asociado al miedo a recaer o a no volver a competir al mismo nivel.

Por qué el bádminton castiga tanto las rodillas

El bádminton es uno de los deportes más agresivos para la articulación de la rodilla desde el punto de vista biomecánico. Esto es debido, como nos cuenta el experto, a que "predominan los cambios de dirección, los saltos y los desplazamientos laterales explosivos, por lo que el riesgo de recaída aumenta todavía más", nos aclara el experto. 

Así, nos detalla que la mayoría de estas lesiones no se producen por un golpe directo, sino por movimientos bruscos y mal ejecutados. "Lo más habitual es que aparezcan tras un mal aterrizaje después de un salto o durante un giro con el pie apoyado en el suelo".

En ese momento puede producirse lo que los especialistas llaman valgo dinámico de rodilla. "Es un movimiento en el que la rodilla se desplaza hacia dentro respecto al pie, aumentando la tensión sobre el ligamento cruzado hasta provocar la rotura".

Por otro lado, la exigencia física de este deporte multiplica el riesgo: frenadas explosivas, aceleraciones constantes, cambios de ritmo y desplazamientos cortos pero muy intensos someten a la articulación a una tensión continua.

A esto se suma el cansancio acumulado durante la competición. "La fatiga durante los partidos largos incrementa todavía más la probabilidad de lesión".

Juegos Olímpicos de París 2024© GTRES

Se da el hecho, además, de que las deportistas femeninas presentan algunos factores anatómicos y biomecánicos que pueden aumentar la probabilidad de sufrir una rotura de ligamento cruzado. "La pelvis suele ser más ancha y el valgo de rodilla mayor, algo que puede aumentar el riesgo de rotura del ligamento cruzado anterior", indica. 

Aun así, este tipo de lesiones no son exclusivas del deporte femenino ni de la alta competición.

"Cualquier persona puede sufrir una rotura de ligamento, de menisco o daños en el cartílago", recuerda Jiménez Aransay. Son especialmente frecuentes en deportes como fútbol, pádel o esquí, donde abundan los giros, frenadas y cambios de dirección. 

Sin embargo, en la población general hay otro factor determinante: la falta de preparación física. "Personas poco entrenadas que practican deporte de forma ocasional tienen más riesgo porque su musculatura no está preparada para absorber y frenar esas cargas".