Leticia Martín Enjuto, psicóloga: "La familia es el primer lugar donde el niño aprende si su voz tiene valor"
Cuando un niño expresa su opinión, no nos encontramos ante un gesto menor, sino ante un aprendizaje emocional que le ayuda a moldear su autoestima y su forma de relacionarse con el mundo. Los expertos lo tienen claro: los niños que aprenden a decir lo que piensan crecen con más seguridad y una identidad más sólida. Por eso es tan importante que, desde pequeños, también tengan la ocasión de manifestar lo que opinan. Pero, tal y como nos explica la psicóloga sanitaria Leticia Martín Enjuto (@leticiamartin.psicologa), esa habilidad no aparece sola: se construye en casa y en la escuela, a través de espacios donde puedan hablar sin miedo, ser escuchados y sentir que su voz importa.
¿Por qué es tan importante que los niños aprendan a expresar sus opiniones desde edades tempranas?
Cuando un niño aprende a decir lo que piensa y siente, empieza a construirse como sujeto. Tal y como podemos ver en la consulta, los niños que han tenido espacio para expresarse suelen mostrarse más seguros, con una identidad más clara y una mejor relación consigo mismos. Sentir que su voz importa les da una base emocional sólida desde la que crecer. Además, poner en palabras lo que les pasa no solo favorece la autoestima, sino también el desarrollo emocional. Expresar opiniones ayuda a ordenar pensamientos, reconocer emociones y diferenciarse del otro sin miedo. Es una habilidad que se entrena desde pequeños y que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida.
¿Cómo pueden los padres crear un ambiente en casa que favorezca el diálogo y la participación de sus hijos?
En la práctica diaria, el clima emocional del hogar es clave. Un ambiente que favorece el diálogo es aquel donde el niño siente que puede hablar sin temor a ser juzgado o corregido de inmediato. Muchas veces no se trata de grandes cambios, sino de gestos simples: escuchar con atención, dejar terminar una frase, interesarse de verdad por lo que el niño quiere contar. También es fundamental el ejemplo. Cuando los adultos expresan sus opiniones con respeto, aceptan puntos de vista distintos y reconocen errores, transmiten un mensaje muy claro: aquí se puede hablar. Los niños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que se les dice.
Muchas veces no se trata de grandes cambios, sino de gestos simples: escuchar con atención, dejar terminar una frase, interesarse de verdad por lo que el niño quiere contar
¿Qué errores comunes cometen los adultos al intentar escuchar a los pequeños?
Uno de los errores más frecuentes que aparecen es escuchar desde la prisa o desde la respuesta automática. Muchos adultos interrumpen, minimizan o explican en exceso, sin darse cuenta de que el niño solo necesita ser escuchado, no corregido ni tranquilizado de inmediato. También es habitual invalidar sin intención, con frases que buscan aliviar pero que apagan la expresión: “No es para tanto”, “no te preocupes”. Cuando esto se repite, el niño aprende que lo que siente o piensa no merece espacio, y poco a poco deja de expresarse.
¿De qué manera influye la dinámica familiar en la capacidad de los niños para opinar?
La familia es el primer lugar donde el niño aprende si su voz tiene valor. En familias donde se habla, se expresa, se negocia y se escuchan distintas miradas, los niños se animan más a opinar y a defender sus ideas. En cambio, en dinámicas muy rígidas o autoritarias, donde la palabra adulta lo ocupa todo, el niño suele adaptarse callando o diciendo lo que se espera de él en base a la deseabilidad social. Esto no solo afecta su capacidad de opinar, sino también su confianza y su forma de vincularse con la autoridad.
¿Qué papel juega la escuela en enseñar a los niños a expresar sus ideas y emociones?
La escuela tiene un rol fundamental como segundo espacio de socialización. Día a día vemos cómo una escuela que escucha puede convertirse en un lugar reparador, especialmente para niños que no siempre se sienten validados en casa. Cuando el aula ofrece espacios para participar, opinar y expresar emociones, el niño aprende que su voz también cuenta fuera del entorno familiar. Esto fortalece no solo su aprendizaje académico, sino también su seguridad emocional.
¿Qué beneficios se observan en el aprendizaje y la convivencia escolar cuando los niños sienten que sus opiniones cuentan?
Cuando los niños sienten que son escuchados se implican más. Suelen mostrarse más motivados, curiosos y con mayor disposición a participar. Sentirse tenidos en cuenta, refuerza la autoestima y el vínculo con la escuela. A nivel de convivencia, este reconocimiento reduce conflictos y favorece la empatía. Los niños que se sienten escuchados aprenden también a escuchar, generando relaciones más respetuosas y un clima escolar más saludable.
Saber decir lo que uno piensa, tolerar diferencias y buscar acuerdos es clave para construir relaciones sanas, tanto personales como profesionales
¿Cómo influye la práctica del diálogo en la capacidad futura de los niños para relacionarse y resolver conflictos?
El diálogo es una herramienta que se aprende practicándola. Los niños que crecen en entornos donde se habla y se escucha desarrollan mejores recursos para expresar desacuerdos y resolver conflictos sin recurrir al silencio o a la agresión. Esta capacidad se traslada a la vida adulta. Saber decir lo que uno piensa, tolerar diferencias y buscar acuerdos es clave para construir relaciones sanas, tanto personales como profesionales.
¿Qué señales pueden indicar que un niño no se siente escuchado ni validado en su entorno?
Algunas señales son bastante claras: niños que se callan demasiado, que responden con indiferencia o que dicen “da igual” con frecuencia. Otras veces ocurre lo contrario y el malestar aparece en forma de enojo, desafío o conductas disruptivas. Ambas expresiones hablan de lo mismo: una necesidad de ser escuchado. Cuando un niño siente que su voz no tiene lugar, busca otras maneras de hacerse notar, aunque no siempre sean las más adecuadas.
¿Qué estrategias sencillas recomendaría a padres y maestros para fomentar la expresión de opiniones en los pequeños?
Algo tan simple como hacer preguntas abiertas puede marcar la diferencia. Preguntar con interés genuino y sin buscar una respuesta correcta invita al niño a expresarse con mayor libertad. También es importante validar antes de corregir. Reconocer lo que el niño siente o piensa, incluso cuando haya que poner límites, refuerza su confianza. En terapia insistimos mucho en que escuchar no significa estar de acuerdo, sino estar disponible.
¿Cómo se puede animar a los niños más tímidos o inseguros a participar en conversaciones familiares o escolares?
Con los niños más tímidos, el respeto por su ritmo es fundamental. En consulta vemos que forzar la participación suele generar más bloqueo. Es preferible ofrecer espacios pequeños, previsibles y seguros donde el niño pueda expresarse sin sentirse expuesto. Valorar cada intento, por pequeño que sea, también es clave. Cuando el niño percibe que su voz es bienvenida y no juzgada, poco a poco se anima. La confianza para hablar no se exige, se construye a través de experiencias de escucha real y sostenida.


