Los cubanos desafían a la dictadura (casi) más vieja del planeta

Los cubanos desafían a la dictadura (casi) más vieja del planeta

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Lo sucedido en Morón la noche del viernes ya forma parte de la lucha por la libertad del pueblo cubano. Centenares de personas salieron a las calles para protestar por los apagones que no cesan no solo en el segundo municipio de la provincia de Ciego de Ávila, en el centro de la isla, sino en todo el país.

Casi en la oscuridad, iluminados con la luz de sus teléfonos o con los focos de los vehículos, una muchedumbre se dirigió hasta la sede del Partido Comunista de Cuba (PCC), la "fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado", según la Constitución impuesta por el régimen.

Y lo que allí ocurrió marca un antes y un después en el desafío contra la segunda dictadura más vieja del planeta, 67 años, sólo superada por la de Corea del Norte, nacida tras la II Guerra Mundial. Y muy cerca incluso de los 74 años de la extinta Unión Soviética.

Los más jóvenes invadieron la sede comunista y extrajeron de su interior muebles, documentación y otros enseres, que quemaron en una hoguera a pocos metros. Y los más atrevidos fueron más allá: bajaron la bandera cubana del mástil oficialista y la enarbolaron como símbolo de su reto, algo que no había ocurrido ni siquiera durante las múltiples manifestaciones del 11-J del 2021, el día que el pueblo se hartó de la dictadura y estalló en las calles.

Fue precisamente contra un menor de edad, que portaba una bandera cubana, contra quien dispararon la fuerzas castristas, desplegadas para reprimir a los manifestantes, aunque el diario oficialista Invasor asegura que el único herido estaba borracho y se cayó. "Las Fuerzas Especializadas del Ministerio de Interior continúan las investigaciones para esclarecer lo sucedido", adujo Invasor, que adelantó cinco detenciones y que reconoció que la protesta comenzó por "reclamos relacionados con la situación electroenergética y el acceso a productos alimenticios".

Tan impactante fue lo sucedido que el régimen montó ayer una acto de expiación ante la sede ultrajada, bautizado como de "reafirmación revolucionaria" y en "repudio de los hechos vandálicos". La actividad estuvo encabezada por Julio Gómez Casanova, primer secretario del Comité Provincial del PCC en Ciego de Ávila, acompañado de otros dirigentes locales. Nada que ver con quienes invadieron la sede comunista horas antes, no sólo por la edad, también por el sobrepeso evidente de los políticos revolucionarios.

Los sucesos de Morón se dieron durante la octava noche de protestas, que comenzaron en varios barrios de La Habana y se han extendido por distintos puntos de la isla. "Hay que seguir el ejemplo de Morón, hay que acabar con las madrigueras del PCC", reaccionó el líder disidente José Daniel Ferrer, quien forma parte de la alianza opositora presentada en Miami, que reúne a distintos grupos en el exilio y a dirigentes como Rosa María Payá y Orlando Gutiérrez Boronat.

Horas antes de la gran protesta de Morón, el mandatario Díaz-Canel reconoció en televisión que su Gobierno y el de Estados Unidos mantienen negociaciones, después de negarlo durante días. Y lo hizo ante la atenta mirada de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el famoso Cangrejo, interlocutor elegido por Washington y por su abuelo, Raúl Castro.

En esa suerte de Cubastroika (reformas económicas sin abandonar el poder) que parece avanzar entre ambas administraciones, Díaz-Canel sería apartado a cambio de que la familia Castro mantuviera su hegemonía en la isla, según filtraron funcionarios a medios estadounidenses.

"EEUU debe tomar acciones más enérgicas contra la tiranía. Negocios con la tiranía nunca serán buenos para el pueblo cubano, tampoco para EEUU. Negocios con Cuba libre", insistió Ferrer.

Infierno ciudadano cotidiano

Las manifestaciones ciudadanas parecen incontenibles ante los persistentes apagones y el cotidiano infierno que sufren sus ciudadanos, víctimas de la profunda crisis multisistema de la revolución. Los apagones que ya sufre la isla desde hace tres años se han intensificado tras el bloqueo energético forzado por Washington desde la detención de Nicolás Maduro.

La crisis eléctrica se ha sumado a la escasez de alimentos, el desabastecimiento de medicinas y productos básicos, las fallas constantes en el servicio de agua y el deterioro de la vida diaria.

"Los cubanos ya no creen en la élite del poder, de hecho la desprecian. Ya nadie cree en sus promesas y no aceptan que les pidan más sacrificios para mantener la llamada Revolución. Estamos ante un fin de ciclo histórico y serán los ciudadanos y la geopolítica los que le pondrán el punto final", vaticinó para EL MUNDO Yaxys Cires, director de estrategias del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH).

La oleada de protestas y la consiguiente represión suceden además cuando el Gobierno de La Habana intenta descomprimir la situación con la liberación de 51 presos políticos, pactada de nuevo con el Vaticano. Según la organización Prisoners Defenders (PD), hasta el momento son 15 los excarcelados, cuando el régimen cubano mantiene tras las rejas a 1.200 prisioneros políticos.

"Los han excarcelado bajo amenazas y con las sentencias intactas, en régimen carcelario-domiciliar y han incluido presos comunes. Tratan de engañar al mundo, pero los tiempos ya no están para engaños", precisó Javier Larrondo, presidente de PD.

Al igual que el chavista, el gobierno cubano es especialista en incumplir sus acuerdos. La liberación de un grupo de presos políticos en enero del año pasado, acordada con EEUU y con el Vaticano, fue revertida en parte por La Habana tres meses después, tras la muerte del Papa Francisco. Los dirigentes históricos Ferrer (deportado después a EEUU con su familia) y Félix Navarro y la sacerdotisa yoruba Donaida Pérez Paseiro fueron capturados de nuevo pese a la indignación internacional. Los dos últimos continúan en prisión pese a sus dolencias físicas.