Qué significa la famosa frase de Séneca "No hay nadie más infeliz que quien la adversidad olvida" para la psicología
Hoy en día recuperar el pensamiento estoico resulta casi un ejercicio de higiene mental. Y pocas frases lo condensan tan bien como esta de Séneca: "No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba".
A simple vista puede resultar chocante. ¿Cómo puede alguien ser "menos afortunado" precisamente por no sufrir dificultades? Sin embargo, en esta aparente paradoja se esconde una de las claves de la fortaleza psicológica: la capacidad de crecer a partir de la incomodidad.
¿Qué significa esta frase para la psicología?
Como nos explica Aroa Ruiz, psicóloga del Instituto Europeo de Psicología Positiva, especialista en Gestión Emocional, Trauma y Terapias de Tercera Generación, psicológicamente, la frase apunta a que las personas necesitamos desafíos para desarrollar nuestras capacidades. La sensación de competencia, es decir, sentir que somos capaces de afrontar lo que la vida nos presenta, es una de las bases del bienestar (Ryan & Deci, 2000).
Cuando no hay retos:
- No ponemos a prueba nuestras habilidades
- No desarrollamos confianza real
- No construimos identidad desde la experiencia
Desde la Psicología Positiva, esto se relaciona con el concepto de florecimiento (flourishing): una vida plena no es una vida sin dificultades, sino una vida en la que la persona siente que crece, aprende y contribuye (Seligman, 2011).
"Si lo llevamos a un ejemplo práctico sería alguien que evita sistemáticamente situaciones incómodas (hablar en público, tomar decisiones, expresar desacuerdos, una ruptura de pareja) puede sentirse protegido a corto plazo, pero a largo plazo suele experimentar inseguridad y estancamiento. En cambio, cuando se enfrenta progresivamente a esos retos, empieza a descubrir sus capacidades reales", señala.
Su colega de profesión, el psicólogo José Martín del Pliego, comparte esta opinión: "las dificultades permiten que nuestro sistema nervioso aprenda a autorregularse y a desarrollar herramientas eficaces: calmarse, resolver problemas y sostener a otra persona cuando lo necesita".
En otras palabras, activan y ponen en marcha nuestra propia "caja de herramientas". Si no existieran esas adversidades, no tendríamos ocasión de utilizarlas ni de perfeccionarlas. Y para alcanzar esa tolerancia a que las cosas no siempre salgan bien, es imprescindible practicar. De lo contrario, podemos tener una gran caja de herramientas… pero sin uso. "Cuando llegue el momento de necesitarlas, no sabremos cómo aplicarlas. Ahí está la clave: entrenar esas habilidades, aprender a resolver y a sostenernos, porque solo así se vuelven realmente útiles", explica.
¿Qué son exactamente las adversidades a las que se refiere Séneca?
"En el contexto de Séneca, la adversidad puede entenderse como el conjunto de estresores: aquellas situaciones que nos exigen adaptarnos y gestionarnos para intentar resolverlas", explica el psicólogo. Hablamos de experiencias como una ruptura, la pérdida de empleo o un accidente, momentos en los que necesitamos regular nuestro propio sistema y activar recursos personales para afrontar lo que ocurre.
"El estrés, en este sentido, sería un intento fallido de adaptación. Es la respuesta que aparece cuando no logramos ajustarnos adecuadamente a lo que nos sucede. Por el contrario, cuando somos capaces de afrontarlo, superarlo y manejarlo, nuestro sistema está funcionando de forma eficaz. El estrés surge, precisamente, cuando no hemos desarrollado, o no hemos podido poner en marcha, esa capacidad de gestión", aclara José Martín del Pliego.
¿Todas las adversidades producen el mismo efecto?
Aroa Ruiz nos confirma que no. Y señala que el impacto que nos puede producir depende de
- La intensidad y duración del problema
- Los recursos personales
- El apoyo social
- El momento vital
Así, recalca, que "no todo sufrimiento genera crecimiento automáticamente. Para que haya aprendizaje, la experiencia debe poder ser procesada. Siguiendo con ejemplos, podemos detenernos a observar cómo dos personas pueden vivir una ruptura, una la utiliza para reflexionar y crecer y otra puede quedarse bloqueada si no tiene apoyo o recursos". Y es que la diferencia no está solo en lo que ocurre, sino en cómo se afronta.
José Martín del Pliego también nos da su opinión: "La adversidad no es transformadora por sí sola. Lo que realmente resulta determinante es cómo la persona gestiona lo que le está ocurriendo. Una misma experiencia puede dar lugar a crecimiento o a bloqueo, en función de múltiples factores: los recursos personales, el apoyo del entorno o el momento vital en el que se encuentre". Cuando la vivencia desborda y no logra integrarse, puede dejar una huella traumática en lugar de fortalecer. "Conviene tenerlo en cuenta", advierte.
En este sentido, también nos invita a reflexionar sobre la educación de los menores y jóvenes. "La tendencia que tenemos, en general, con niños y adolescentes es resolverles los problemas y evitarles las dificultades propias de la vida. Sin embargo, así no desarrollan herramientas que les permitan afrontarlas por sí mismos", recuerda. Como consecuencia, aparece con frecuencia esa sensación de "no puedo".
"Además, muchas veces buscan de forma constante actividades que les desconecten de las emociones negativas: jugar, divertirse o mantenerse distraídos como forma de evitar lo que incomoda. Pero esa estrategia, a largo plazo, no resulta eficaz", afirma.
¿Cómo aplicar la frase de Séneca hoy?
Le preguntamos a los expertos cómo aplicaríamos el pensamiento del filósofo estoico en la sociedad en la que vivimos hoy. Y ambos coinciden en que sigue teniendo mucha vigencia respecto a cómo interpretamos el malestar.
En este sentido, la psicóloga del Instituto Europeo de Psicología Positiva, nos da 4 claves:
- Diferenciar lo que depende de ti y lo que no
- Aceptar la incomodidad como parte del proceso
- Reinterpretar los errores como aprendizaje
- Exponerte progresivamente a retos
"Contextualizando en un escenario habitual, antes de una conversación difícil, en lugar de evitarla, una persona puede prepararse, anticipar posibles escenarios y centrarse en lo que sí puede controlar (su comunicación, su actitud). Esto reduce la ansiedad y aumenta la sensación de control", añade.
Del Pliego coincide y piensa que "necesitamos cambiar la mirada con la que observamos los problemas: dejar de verlos como algo que hay que evitar y empezar a entenderlos como escenarios de desarrollo personal, en los que ponemos en práctica habilidades y recursos que, en su mayoría, ya tenemos".
Aclara que no se trata de romantizar el sufrimiento ni de sufrir por sufrir, sino de asumir que las dificultades forman parte de la vida y no siempre pueden evitarse. "En lo cotidiano, esto implica no huir automáticamente de lo incómodo, sino dar valor a esa parte de nosotros que está creciendo y desarrollando capacidad de gestión y procesamiento ante la dificultad", concluye.




