Raquel, sobre su vestido de novia transformable: "Tenía muchas opciones, tantas que no recuerdo si llegué a usar todas"
Es normal que al empezar el proceso de creación de un vestido de novia, la portadora del mismo esté hecha un mar de dudas. “Tenía claro que quería algo sencillo, pero no quería verme demasiado clásica y buscaba un aire relajado y un toque personal. Iba con algunas ideas, pero muchas dudas, y poco a poco fui sintiendo como era el tipo de vestido que quería”, nos cuenta Raquel, una estilosa recién casada que se puso en manos de Impúribus para idear su look transformable. “El hombro caído siempre había estado entre mis ideas, me parece un toque delicado y romántico”, apunta. Además, decidió que incluiría unas mangas y que llevaría una capa realizada en bambula, “que me envolviera para entrar a la iglesia, y así hicimos”. Hoy descubrimos más detalles de su estilismo y su boda soñada.
Una diseñadora amiga
Desde antes de que le pidieran la mano, esta estilosa novia sabía cuál sería la firma que confeccionaría tan importante prenda. “Elegí a Sara, diseñadora de Impúribus. Lo tenía claro desde hacía dos años porque fue la diseñadora del vestido de novia de mi hermana y viví junto a ella todo el proceso. Sara hizo que el proceso con mi hermana fuera muy bonito y fácil y tenía claro que, el día que me casara, sería ella quien diseñara mi vestido”, explica. Y el suyo, dice, también fue memorable, muy especial.
La confianza que les unía hizo que cita tras cita, todo fuera rodado. La felicidad inundaba a Raquel, a su hermana y a su madre cada día que tocaba acudir al atelier. “Sus telas, sus ideas, su templanza a la hora de aconsejar y su escucha siempre para conseguir sentirte y verte cómoda, me lo llevo para siempre conmigo”, comparte.
Cuando todo comenzó, nuestra protagonista no tenía una idea clara sobre su look, nunca se lo había imaginado. “No sabía cómo me vería el día de mi boda, y eso al principio, de buscar ideas, me agobiaba”. En las redes sociales encontró demasiada información, de hecho, Instagram terminó por abrumarla. “Se convierte en un hervidero de ideas que te pueden volver un poco loca”, concede.
Los secretos de su diseño desmontable
"En las pruebas yo buscaba llevar un hombro del vestido caído, pero al querer también mangas, no conseguíamos dar con ello porque perdía mucha comodidad a la hora de mover los brazos. Tras darle mil vueltas, mi hermana y mi madre (que son mucho más decididas que yo) consideraron que lo que yo quería era muy complicado y que si quería algo así tenía que prescindir de las mangas y tirar por un corte palabra de honor. ¿Yo de novia con palabra de honor? No podía ser…".
Gracias a la insistencia de diseñadora y clienta, dieron con la solución para sus mangas. “No me olvidaré de la cara de mi madre y mi hermana diciéndome: ‘menos mal que insististe en las mangas, nosotras no lo veíamos’”, recuerda. Fue todo un acierto, pues los meses previos al enlace, Raquel estaba preocupada por el clima que pudiera hacer, no quería pasar frío ni calor. Por suerte, hizo un gran día de septiembre: “de verano precioso, pero el hecho de llevar una capa y mangas de una tela tan fina dejaban que se sintiera la piel por debajo y me sentía muy cómoda”.
Una vez definidas las mangas y el escote asimétrico, perfilaron el resto de detalles, a fin de que encajaran con el estilo de esta prometida. “Me enamoró su idea de corte en pico un poco por debajo de la cintura y el cuerpo marcado con bambula”. Se refiere a la tendencia que apuesta por la cintura a la vasca en las novias actuales.
Quería llevar su vestido de principio a fin y por eso no buscó un segundo estilismo para su gran día, pero sí apreció la idea de que fuera transformable. El objetivo es que en el momento del baile pudiera estar cómoda, sin renunciar al look que deseaba. El resultado fue una propuesta convertible con unas mangas desmontables que al retirarse dejaban paso a un tirante. Confiesa entre risas nuestra protagonista que la prenda “tenía demasiadas opciones, tantas que no recuerdo si llegué a usar todas”.
Accesorios con historia
Lo más especial, en lo que a complementos se refiere, era el velo, que fue el mismo que su hermana llevó en su ‘sí, quiero’. Sara, de Impúribus, lo adaptó para la ocasión. “Me encantó la idea de poder llevar algo suyo en mi día y nada más especial que su velo que era precioso. Mi madre estaba feliz de volver a sacar a lucir el velo y revivir ese momento”, rememora.
La sencillez fue prioritaria en su selección de joyas, por lo que únicamente recurrió a unos pendientes para terminar de perfilar el resultado. Fueron un regalo de sus amigas que se ha convertido en una tradición. “Vamos juntas a elegir los pendientes de la novia y nos lo regalamos. Me parece un recuerdo precioso para toda la vida, y una forma de llevarlas ese día conmigo”, nos cuenta.
"Los zapatos me los regalaron mi hermano y mi cuñada, unas sandalias preciosas y sencillas de Mint & Rose con las que bailé casi toda la noche. Tenía claro que quería una sandalia que pudiera usar otras muchas veces y sentirme cómoda y en mi estilo con ellas", revela.
Ramo de tendencia
Raquel quería un único color en su diseño floral. Buscaba un ramo con alguna flor especial, pero que no fuera estridente. Se decantó por las gerberas, una variedad de tendencia, que no solo protagonizó el ramo de tallo largo, también toda la decoración de la boda. Un trabajo de Mirflores Atelier. “Estaba forrado con un trozo de tela de gasa de bambula igual que la de mi vestido, y sobre ella llevaba una cinta preciosa con nuestra fecha y nombres que me regalaron mis amigas. Es una tradición que hacemos siempre y que nos hace tener un recuerdo precioso. Y, por último, lo más especial y emotivo, un rosario de mi abuelo que me acompañó ese día”, describe.
Un rostro de aspecto saludable
Cuando le preguntamos acerca de su look de belleza, esta elegante novia nos dice que buscaba verse especial, pero no recargada. Recurrió para ello a una fórmula infalible: un moño sencillo y un maquillaje fresco. “El moño me daba esa sensación de elegancia y el maquillaje de luminosidad. Sabía que la mejor para eso era Sumaya (@sumayaelamrani), mi maquilladora, que ya me había maquillado antes y que es pura elegancia y cariño, me hizo sentir súper tranquila todo el tiempo de preparación”.
Lo que el deporte ha unido…
En la historia de Raquel y Jorge el deporte fue no solo una herramienta de crecimiento personal, sino el vínculo que los unió. Se conocieron con tan solo 15 años, cuando jugaban al baloncesto. “Toda nuestra adolescencia y juventud la pasamos siendo amigos, compartiendo momentos en Alcalá y, aunque la vida nos llevó por caminos diferentes, siempre volvíamos a encontrarnos”, admite.
El destino hizo de las suyas y la llama surgió hace ya una década. “En una etapa más adulta, donde empezamos a vivir una relación que sentíamos que, en realidad, había empezado mucho antes” nos dice nuestra protagonista. Cuando alcanzaron la década, llegó la petición de matrimonio.
“No habíamos hablado mucho de la idea de casarnos. Sabíamos que algún día lo haríamos, pero tampoco teníamos claro cuándo, la verdad es que a los dos nos daba un poco de vergüenza el momento”. Fue de viaje, en Formentera, cuando Jorge se arrodilló “en un atardecer en Cala Saona. Fue precioso y muy nuestro”.
La inolvidable ceremonia
La pareja se casó el 13 de septiembre de 2025 en Alcalá de Henares. Escogieron el Convento de las Bernardas para su ceremonia religiosa, un enclave al que se sentían muy cercanos. “Teníamos claro que nuestra boda tenía que ser ahí, tantas y tantas tardes en esa plaza desde adolescentes, que nos hacía una ilusión enorme que ahí fuera”, puntualiza Raquel. Los novios contaron con el padre Fermín, amigo personal de la familia, que ofició una preciosa misa.
“Sin duda, otra de las cosas más especiales de la misa, fue el coro de niños del colegio Ciudad del Aire que cantó. Mi familia nos dio la sorpresa de este regaló unos meses antes”.
Después, la celebración les esperaba en El Jardín de La Vega del Henares, un enclave cercano al templo, lo que facilitaba las cosas a los invitados. Fue un enlace de día, por lo que la fiesta comenzó por la tarde y los novios decidieron que se hiciera al aire libre. “El Jardín de La Vega del Henares es precioso, un espacio muy cuidado donde sentíamos que estábamos en nuestra ciudad. Pudimos disfrutar muchísimo del exterior y sentimos que fue una boda de verano tal y como habíamos planeado”, relata Raquel.
Ni durante la organización de la boda ni en su gran día estos prometidos contaron con ayuda externa. Decidieron prepararlo todo ellos mismos sin el apoyo de ningún equipo de wedding planners. La fórmula, confiesan, les funcionó a la perfección: "no hay nada mejor que la familia para organizar todos los detalles. Además, La Vega del Henares nos dio un servicio increíble y durante ese día no necesitamos a nadie más”
Sonido en directo
La música era un elemento fundamental para Raquel y Jorge y por eso apostaron por una buena selección de profesionales. “Para ello sabíamos que nuestro DJ no podía ser otro que Javi Morata, el cual hizo un fiestón de verano que no olvidaremos nunca. Es el mejor para animar cualquier fiesta y se adaptó increíble a nuestros gustos dentro de su estilo”.
A la pareja le surgieron muchas dudas acerca de si poner un grupo en el aperitivo o en la barra libre. “Finalmente contamos con Tarareo Eventos en el cóctel y no pudimos estar más felices con el resultado. Amenizaron muchísimo y entramos a la comida ya habiendo bailado bastante. Tocaron y cantaron las canciones míticas que todos conocemos y fue genial”.
“Otro detalle muy personal para nosotros fue la donación que hicimos a The Ricky Rubio Foundation, la Fundación de Ricky Rubio que trabaja para mejorar, a través del deporte, la calidad de vida de personas con cáncer de pulmón. Baloncesto y apoyo a una enfermedad tan importante iban de la mano, y nos pareció una forma muy especial de unir dos cosas que nos representan profundamente”.
Una flor como la estrella de la decoración
Nuestra protagonista desvela que optaron por una decoración muy sencilla para su ‘sí, quiero’. Escogieron como flor destacada para todos los montajes la misma que se había empleado en su ramo nupcial: la gerbera, en un amplio abanico de colores. En la ceremonia, dos grandes columnas de verdes con esta variedad floral también en el rosa escogido para el ramo fueron las que dieron la bienvenida a los invitados, en la entrada. A la salida de la iglesia, estos tiraron gerberas de colores, en vez de pétalos, a los novios, una tendencia en auge.
Ya en los exteriores de la celebración, la pareja apostó por toques de cítricos combinados con esos centros florales con verdes y gerberas que emplearon tanto en el cóctel como en el banquete. “Creo que quedó colorido y muy bonito para la época”, comparte.
Para mayor comodidad de los invitados, sin perder la estética y con el fin de crear un ambiente cálido y elegante, en el aperitivo optaron por sillas y taburetes de bambú y sombrillas balinesas. En los salones, la iluminación fue clave: “Para la comida en interior y para la barra libre lo decoramos todo con techos de micro leds”.
"Los invitados lo fueron todo en la boda. Ver las caras de felicidad por nosotros, su compañía y cercanía todo el día y sus ganas de disfrutar junto a nosotros convirtieron el día en lo más especial que hemos vivido hasta el momento".
"Me suele costar no tener el control de las cosas, sin duda lo mejor de ese día fue sentir que era capaz de soltar, que me olvidé de controlar cualquier cosa y solo podía disfrutar de ver a todas las personas que queremos tan felices por nosotros. Mi hermana tuvo que avisarme seriamente de que íbamos mal de tiempos para el baile, jamás me imaginé que iba a ser capaz de desconectar tanto ese día y disfrutar".
Meses después de haber pasado por el altar, Raquel recuerda este día como el más emocionante. Ver la cara de su marido, tras tantos años de relación, al esperar en el altar, fue, sin duda, lo que más le marcó. “No lo cambio por nada. Sentí que estábamos justo donde siempre habíamos querido estar”, admite.
Otro de los momentos especiales de la jornada fue “entrar con mi padre del brazo por la Iglesia, sentirle cerca y conmigo después de un año difícil, fue uno de los momentos más especiales. Bailar con él You’ll never walk alone, y que cobrara más sentido que nunca. La sonrisa de mi madre, la alegría de mis hermanos, cuñados y mis sobrinos. Vivir un día así a su lado, todos juntos”. Pero, sobre todo, en su corazón se lleva, el hecho de ver a todos sus seres queridos, “acompañándonos y estando felices por nosotros”, concluye.






























