Tensión en Sandringham: El príncipe Eduardo cara a cara por primera vez con Andrew tras su arresto
El Duque de Edimburgo se ha convertido en el primer integrante de la corona en ver a su hermano Andrés después de los sucesos de febrero. Según informa The Sun, Eduardo, de 62 años, acudió a la finca de Sandringham para tener una "charla tranquila" sobre el traslado definitivo de Andrés a su hogar permanente en el exilio. El diario reportó que Eduardo tenía previsto alojarse esta semana en la cercana Wood Farm —donde Andrés reside temporalmente de forma provisional—, pero se vio obligado a quedarse en la casa principal debido a la reticencia de su hermano a marcharse.
El príncipe Eduardo suele reservar su estancia en la residencia real durante el fin de semana de Pascua. Una fuente declaró a la publicación que Eduardo debía instalarse en Wood Farm, pero que Andrés está "retrasando lo inevitable" respecto a la mudanza a su nueva residencia fija. Un portavoz del Palacio de Buckingham declinó hacer comentarios al ser consultado por HELLO!. El príncipe Eduardo también fue el primero en pronunciarse sobre el reciente escándalo de su hermano. Al ser preguntado en una reciente conferencia en Dubái, Eduardo afirmó: "Creo que es realmente importante, siempre, recordar a las víctimas, y quiénes son las víctimas en todo esto".
Aunque el príncipe Eduardo y su esposa, la duquesa de Edimburgo, mantienen sus habituales vacaciones en Norfolk este fin de semana de Pascua, los días festivos serán muy diferentes para la familia real.
Día a día en la intimidad
En esta nueva etapa, Andrés intenta mantener un perfil bajo. Se le ha visto conduciendo cerca de su nueva propiedad acompañado por una mujer cuya identidad no ha trascendido, y llevando cajas marcadas con las iniciales "HRH" (His Royal Highness), lo que sugiere que, en la intimidad de sus etiquetas, se resiste a abandonar el tratamiento de Su Alteza Real que le fue retirado oficialmente.
La vida en Norfolk es, por fuerza, mucho más austera. Se cuenta que el propio Andrés recibe los pedidos del supermercado en la puerta de Wood Farm, vistiendo simplemente una bata. Su hija mayor, la princesa Beatriz, ha sido una de sus pocas visitas constantes en este retiro blindado por vallas de madera y cámaras de seguridad. “Quizás la caravana funcione como alojamiento extra para cuando las princesas vengan de visita”, bromea un observador local, aludiendo a la falta de espacio en la casa principal para sus hijas y nietos.
Marsh Farm, una construcción de ladrillo rojo situada a prudente distancia de Anmer Hall —la residencia de los Príncipes de Gales—, será el escenario definitivo de su retiro. Un lugar donde, entre cajas de mudanza y recuerdos de un pasado glorioso, el hijo de Isabel II intenta encontrar su sitio, ya sea bajo el techo de una granja reformada o en la insólita paz de una caravana en el jardín.princi




