Zona Maco: Latinoamérica frente al espejo

Zona Maco: Latinoamérica frente al espejo

Entre el estruendo de un Súper Bowl encabezado por Bad Bunny y las nuevas acciones migratorias impulsadas por Donald Trump, se celebra Zona Maco. No como un evento aislado, sino como un paréntesis lúcido en la semana más esperada por los amantes del arte. Del 4 al 8 de febrero, el Centro Citibanamex se transforma en un territorio de tránsito donde imágenes, cuerpos e ideas se cruzan con la misma intensidad que las narrativas políticas que atraviesan el continente.

En su edición 22, el encuentro que reúne a artistas, coleccionistas y público en general deja claro que los latinoamericanos no solo están presentes: son el eje estructural de la feria, ya que más del 50 por ciento de las galerías participantes provienen de América Latina, con México concentrando cerca del 40 por ciento del total.

Esta presencia se despliega de manera contundente en todos los pasillos y las secciones: Arte Contemporáneo, Anticuario, Fotografía y Diseño, donde, sin zonas de reserva ni discursos aislados, galerías de México, Colombia, Argentina, Brasil y otros países latinoamericanos dialogan de forma constante con espacios de Estados Unidos y Europa. El resultado, una feria que no “incluye” a la región, sino que piensa desde ella.

La selección de artistas refleja la amplitud y riqueza del panorama latinoamericano. Reúne a los grandes del muralismo mexicano, como Siqueiros, Orozco y Rivera; a figuras esenciales de la modernidad artística mexicana, como Rufino Tamayo, María Izquierdo y Olga Costa; a creadores de la Ruptura, como Alberto Gironella y Lilia Carrillo, quienes rompieron con la tradición para abrir paso a nuevas formas de expresión; y artistas contemporáneos como Paloma Torres, Edgar Ladrón de Guevara y Sergio Hernández, quienes demuestran que la creación continúa evolucionando con fuerza y vitalidad.

También resaltan artistas que encontraron en México un lugar para vivir y crear, como Leonora Carrington y Joy Laville, cuyas obras revelan un diálogo profundo con la cultura local; referentes fundamentales del arte latinoamericano, como Fernando Botero, Oswaldo Guayasamín y Wifredo Lam; y representantes del arte cinético de los años sesenta, como Carlos Cruz-Diez, Jesús Rafael Soto y Julio Le Parc.

En este entramado conviven estas obras con formatos fotográficos que capturan lo cotidiano: escenas mínimas, gestos, objetos y cuerpos en tránsito donde pasado y presente se rozan para construir una memoria común que no se congela en el museo, sino que se reactiva en la feria.

En este encuentro, a diferencia de otras ediciones marcadas por esculturas monumentales y gestos grandilocuentes, la entrada de este año es más contenida: coloridos bastidores y estructuras ligeras reciben a los visitantes, marcando un cambio de tono manifestando que no se trata de imponerse por escala, sino de seducir desde el detalle, desde la cercanía.

El recorrido avanza entre obras que invitan a detenerse, a verse implicado. Los temas que atraviesan algunas de las obras no son nuevos, pero aquí se sienten urgentes: migración y la identidad.

Estos conceptos despliegan en obras que funcionan como espejos: espejos integrados a pinturas, a esculturas e instalaciones, así como espejos simbólicos que devuelven al espectador su propia imagen fragmentada, un reconocimiento incómodo pero necesario.

Otras propuestas parten de los lugares de encuentro y fricción: mapas latinoamericanos que se desdibujan al aproximarse a Estados Unidos, cartografías que señalan ausencias y desapariciones, obras que recuerdan las huellas de la violencia y la intervención de ese país en territorios como México, Venezuela o Colombia, bajo discursos de “salvación” que hoy se leen con distancia crítica.

Al final del recorrido, la sala de anticuario funciona como un respiro y anclaje temporal, objetos cargados de historia que dialogan silenciosamente con la producción contemporánea, recordando que toda vanguardia tiene raíces.

Entre pasillos, stands y secciones surgen esos puntos inevitables donde el público se detiene, se refleja y se fotografía. No como gesto superficial, sino como extensión natural de una feria que insiste en hacer del espectador parte de la obra.

Esta edición, con una importante afluencia desde las primeras horas de la mañana, prefiere el murmullo constante, la acumulación de miradas y la fricción entre discursos. En un espacio donde Latinoamérica no pide permiso ni traducción: se presenta con voz propia, consciente de sus heridas, de su potencia y de su lugar en el mapa simbólico del arte contemporáneo.

  • En esta edición se incluye Forma, una sección nueva que difumina los límites entre arte contemporáneo y diseño coleccionable, con galerías mostrando objetos de diseño conceptual y funcional.
  • Se espera recibir a más de 50 mil asistentes.
  • El Programa de Conversaciones de Zona Maco ofrece más de 30 charlas y paneles durante los cinco días de la feria.

PAL