Al editor debe interesarle el mundo

Al editor debe interesarle el mundo

Cuando Socorro Venegas (San Luis Potosí, 1972) escucha los nombres de esos editores, todos hombres, que siguen considerándose canónicos en la tradición mexicana suelta una risa. “No mencionan ni a Neus Espresate, que su inicial forma el nombre de Era, y fue una extraordinaria editora que también aprendió en el camino”, responde la responsable de Libros UNAM, un monstruo editorial que cada año produce y distribuye más de mil 900 títulos.

Lo siguiente es una lista de reconocimiento a mujeres que se han dedicado a hacer libros en México: desde Rocío Martínez, Eliana Pasarán, Miriam Martínez, o universitarias como Rosa Beltrán, Carmina Estrada, Astrid Velasco y Lolita Latapí. “Es un camino en el que nadie se nos puede cansar, en el que tenemos que seguir marcando esta presencia importante de autoras, de editoras, de mujeres de libros”.

Directora general de Publicaciones y Fomento Editorial (DGPFE) de la UNAM desde enero de 2019, Venegas no sólo encabeza el equipo que define parte del catálogo universitario, también se encarga de la distribución y comercialización de toda la producción editorial puma, con una red de librerías, y representa a la institución en ferias nacionales e internacionales, además de organizar la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI).

La Universidad “es, en realidad, más de 150 editoriales que editamos aquí”. Y apenas ahora, ella es la primera mujer responsable de esa tarea. 

“No es que crea que hay una diferencia en cuanto a capacidad para editar entre hombres y mujeres, lo que sí veo es que hay una sensibilidad distinta y, si todavía revisamos quiénes ocupan los puestos directivos en las editoriales, siguen siendo hombres. Aquí yo fui la primera directora”.

“En todos los ámbitos de la creación, en los ámbitos sociales, culturales en que nos movemos se hace una diferenciación entre el trabajo de los hombres y las mujeres, pensando siempre que las mujeres tienen menos capacidad para cualquier cosa. Editar es parte de esa visión patriarcal que prevalece, pero hace poco di un taller de edición, fantástico, y había como 40 personas y de esas, 35 eran mujeres”, enfatiza.

PRIMEROS PASOS

Potosina de nacimiento, Socorro Venegas creció junto a su familia en Cuernavaca. Ahí también inició su vida editorial, aunque muy lejos de la tarea que ahora realiza en la UNAM. Un amigo consiguió recursos para hacer la primera antología de poetas y narradores de Morelos, pero en algún momento decidió desertar. Ella, escritora primeriza, también incluida en el libro, resolvió continuar con la tarea.

“Con pura intuición y audacia fui y le pedí a Rafael Cauduro que nos hiciera la portada, y fui y le pedí a José Agustín que nos escribiera una introducción, a Javier Sicilia que conociera el proyecto, todos fueron muy generosos y el libro salió, pero terminó pagando los errores de alguien que no sabía editar. Salió sin lomo, fue lo primero que José Agustín vio, yo me moría de vergüenza”.

Venegas entendió que la edición también es un oficio que se aprende “sobre la marcha”. Después, en el mismo estado, participó en la creación de la primera colección de autores morelenses y de ahí saltó al extinto Conaculta, donde se hizo cargo del Programa Nacional de Lectura y elaboró una colección de libros para mediadores de lectura. El siguiente paso fue el Fondo de Cultura Económica, donde dirigió la sección de libros para niños y jóvenes.

“Aprendí de todo, de los autores, de los ilustradores, de mis colegas editoras, porque eso es lo maravilloso del oficio de editora, que el trabajo es muy horizontal, no hay una opinión que valga menos nunca, cada opinión representa a una comunidad lectora, cada persona, cada punto de vista, es una válida aproximación a la lectura, a la interpretación, leer es un acto creativo, pero editar también lo es, son trabajos que implican una gran riqueza, que demandan muchísimo capacidad intelectual, creativa”.

ANTE TODO, IMAGINACIÓN

Con los años que lleva atestiguando la hechura de libros, Socorro Venegas dice que las mujeres están participando más de lo que se cree haciéndolos: “Son correctoras, editoras, ilustradoras, diseñadoras, traductoras…”. El sistema, sin embargo, no les otorga la justicia que merecen: “Si tú buscas en la jerarquía editorial dónde están las mujeres, las ves menos en los puestos de dirección”.

La editora piensa que es un “acto de justicia mencionarlas” y cambiar ideas preconcebidas sobre la participación femenina en la edición: “No significa que le cuidamos la oficina a un señor, hay una capacidad creativa para generar colaboraciones, para trabajar con los autores. A veces se piensa que los libros llegan a nosotros ya terminados, pero el libro existe cuando el editor lo hace existir, después del trabajo editorial”.

Un libro puede llegar como proyecto o manuscrito para trabajarse, pero también hay otros “que inventamos, que imaginamos, que le decimos a un autor si le gustaría sumarse”. Ahí está una de las principales cualidades que Venegas considera que debe tener un editor: imaginación.

“Pienso en los editores y las editoras a las que admiro y creo que allí hay imaginación: capacidad de suponer cómo sería el mundo si ese libro existiera, cómo sería esa chispa para provocar a un autor, para provocar a ilustradores, para provocar a un diseñador, para ir inventando la forma del libro”.

Pero como en todas las actividades humanas lo que se necesita es no cesar en el trabajo. El buen editor también requiere “gran capacidad organizativa” para coordinar todos los factores que interviene a la hora de hacer un libro, pero, además, “tener la capacidad para colaborar, para escuchar lo que el otro piensa, para ceder en lo que tú estás creyendo que debe ser y debe cambiar”.

Por si fuera poco, al editor también corresponde pensar en lo económico: “Nosotros no estamos pensando en que un libro
se venda muchísimo, nos interesa porque
es también una manera de recuperar ingresos para seguir haciendo libros, pero hay editores que tienen una visión muy impresionante para poder llevar a los grandes públicos sus libros. Un editor también tendría que pensarse como promotor de lectura, alguien que tiene que preocuparse por el uso social del libro, buscar conexión, cercanía con los lectores”.

“Necesita no quedarse en la oficina, como esas figuras que tenemos a veces en la mente, que ve al editor encerrado en una oficinita a media luz leyendo y que no le interesa el mundo. A mí me interesa muchísimo el mundo, creo que los editores que me gustan están en la calle escuchando qué lee la gente, están en las librerías viendo qué publicaron los demás. Eso también es un buen editor”, cierra Venegas.

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ