Así es el pueblo extremeño que presume de una plaza de toros dentro de un castillo y, por supuesto, de exquisito jamón
Hay que abrirse paso entre las dehesas extremeñas para dar con este pueblo blanco del sur de Badajoz, al que bañan los aires de la Sierra Morena, al norte de Huelva, y el influjo que llega de la frontera portuguesa, a la que casi roza con sus propios dedos. Un pueblo que, como el resto de sus vecinos serranos, presume de producir y secar el mejor jamón del mundo, y de propiciar que, entre sus viejas calles, se pueda ir cambiando de siglo así como quien cambia de bares, eso sí, siempre con buenas tapas.
Fregenal de la Sierra es el lugar en el que seguir la huella de los templarios, aquellos monjes guerreros que velaron por la cristiandad durante las Cruzadas. Pero también en el que ahondar en la memoria hasta llegar al Imperio Romano en uno de los municipios más prósperos de la Bética. Y en el que empaparse de folclore y colorida tradición popular. Y en el que, simplemente, sentarse a la fresca en una plaza soleada y aspirar el aroma a puchero que emana de las casas, mientras de fondo suena el canto de un mirlo.
UN CONJUNTO ÚNICO
En esta villa enseñoreada en su historia, el casco antiguo no solo está declarado conjunto histórico-artístico, sino también bien de interés cultural. Títulos ambos que se deben, entre otros muchos atributos, a una estética homogénea que se mantiene gracias a la obligación de seguir unos preceptos básicos: ningún edificio puede ser más alto que el castillo y las casas deben ser blancas, con tejas árabes y con las puertas y ventanas de madera (o, en su defecto, de imitación). Así se logra esa bonita estampa que conecta con el paisaje y dota al enclave de una belleza única.
Esto mismo debieron pensar los romanos, cuyas huellas perviven en el yacimiento de Netróbriga, con el que se puede viajar, de pronto, hasta el siglo I antes de Cristo. Pero más interesante es trasladarse a la Edad Media, cuando Fregenal alcanza su mayor gloria y deja para la posteridad lo que hoy es, tras muchas modificaciones, un conjunto monumental único. ¿Dónde antes se ha visto un castillo en cuyo interior descansa una plaza de toros y un mercado de abastos?
Lo primero, claro, fue la fortaleza, encomendada a la Orden del Temple en el siglo XIII. Una fortaleza que vigila el valle desde la parte más alta de la localidad, con vistas fabulosas desde la Torre del Homenaje (una de las siete que componen el recinto). Pero a finales del siglo XVIII, una vez perdida la función militar, se decide construir dentro un coso taurino, aprovechando las almenas como gradas. Poco más tarde, con el derribo de uno de los lienzos de la muralla, se añade otra actividad que nada tiene que ver con su función primigenia: la de un mercado de abastos. Hoy, por si fuera poco, los muros del castillo están además adosados a la parroquia de Santa María, de estilo gótico mudéjar.
ARTE, BAILES Y ROMERÍAS
Fregenal de la Sierra anda sobrada de bonitas iglesias como la de Santa Ana, con un retablo mayor que constituye una de las grandes obras renacentistas de Extremadura; la de Santa Catalina, con el valioso Cristo del Perdón; y el convento de Nuestra Señora de la Paz, con monjas de clausura que continúan elaborando unos ricos pasteles que despachan a través de un torno. También hay templos como el de San Francisco, que se ha desacralizado y reconvertido en Centro Cultural y Museo de Arte Contemporáneo.
Un paseo lento por las calles inmaculadas nos lleva a contemplar majestuosas casas solariegas con columnas de granito y quicio de mármol, un regio y solemne Ayuntamiento y el antiguo Colegio de los Jesuitas que, tras mucho tiempo de abandono, se ha restaurado con los colores originales (rojo y albero) para reciclarse en un amplio y apacible espacio en el que hoy tienen lugar exposiciones, charlas, bodas civiles y actos oficiales.
Para completar la belleza monumental, hay que escaparse a los alrededores. Y es que a unos seis kilómetros descansa el santuario de la Virgen de los Remedios, con la imagen de la patrona en cuyo honor celebran una animada romería (conocida como la Romería Gitana) el último domingo de octubre. Muy famosa es también la tradición de los Danzaores de la Virgen de la Salud, el 8 de septiembre, ejecutada solo por hombres que bailan al ritmo de un tamborilero delante de las casas.
LA PRIMERA LLAMADA TELEFÓNICA
Más que todo un baño de arte y cultura, Fregenal presume de ser la cuna del ilustre político Juan Bravo Murillo y de Rodrigo Sánchez Arjona, la primera persona que instaló una línea telefónica en España desde este pequeño pueblo hasta su propia finca, a 8 kilómetros de distancia. El experimento funcionó tan bien que la línea se fue extendiendo poco a poco por todo el territorio nacional.
Pero el gran orgullo de esta villa de Badajoz pasa por el paladar. ¿Cómo no iba a ser así si en sus inmediaciones se atiborra a bellotas el cerdo ibérico, del que se extrae el que está considerado uno de los cuatro productos gourmet a nivel mundial (a su lado están el caviar, el champán y el foie)? Ya se sabe: el exquisito pata negra, que se puede degustar en cualquier bar de la localidad, especialmente en Bar Nito (Calle Rollo, 5) y Bar Lara (Plaza de la Constitución, 6).
Las migas extremeñas, la cachuela (pasta de hígado de cerdo y especias), la caldereta de cordero o la mandanga (diversas partes del cerdo frito) completan, por si alguien se queda con hambre, el sabroso (y calórico) menú de especialidades típicas. Después, para recobrar fuerzas, se puede dormir en el Hotel Cristina (.hotelcristinafregenal.com), que destaca sobre el pueblo con su fachada rosada, para, al día siguiente, seguir descubriendo los secretos de esta tierra.








