Carmen Morales, así afronta el homenaje más íntimo a su madre: "Lloraré muchísimo hasta lograr hacer la función sin romperme"
Hay voces que nunca se apagan, que permanecen vivas en la memoria y en el corazón de quienes las escucharon. La de Rocío Dúrcal es una de ellas. Aunque falleció el 25 de marzo de 2006, su música, su imagen y su manera de emocionar siguen presentes en varias generaciones. Sus canciones continúan siendo la banda sonora de miles de vidas y su legado artístico permanece intacto, más allá del tiempo y la ausencia. Ese recuerdo profundo se transforma ahora en Inolvidable, la obra de teatro musical que se estrena el próximo 2 de octubre y que su hija, Carmen Morales, levanta desde el lugar más íntimo de su historia. No solo lo interpreta: lo produce, lo cuida, lo sostiene.
Más que un homenaje, es la responsabilidad de proteger una herencia emocional y convertirla en un acto artístico sincero, sin artificios ni imitaciones. La propuesta no pretende reconstruir un mito, sino abordarlo con respeto y verdad, recorriendo su vida a través de un texto de Juan Carlos Rubio y transformando el teatro en un espacio donde madre e hija se encuentran. En este marco, canciones como Más bonita que ninguna o La gata bajo la lluvia vuelven al directo con nuevos arreglos, convirtiéndose en un puente entre el recuerdo y el presente.
Pellizco en el corazón
Carmen, cuando te propusieron llevar la historia de tu madre al escenario, ¿qué emociones te recorrieron?
La verdad es que fue una auténtica mezcla. Por un lado, una emoción muy profunda, dado que se trata de la historia de mi madre, algo muy íntimo. Y por otro, un sentimiento de tranquilidad y gratitud, porque tengo una amistad preciosa con Juan Carlos Rubio, autor y director de El novio de España y de Querida Agatha Christie, la obra que estoy representando ahora. No podía imaginar a alguien mejor para acompañarme en este camino. Lo admiro muchísimo no solo por cómo escribe, sino por su capacidad para captar la esencia de las cosas. De hecho, cuando leí el libreto por primera vez, me emocioné y me dije: "¡Pero qué cosa tan bonita!". Me siento muy orgullosa de este proyecto. Tengo muchos nervios, muchísimas ganas de que arranque y la sensación de estar ante un reto enorme que, al mismo tiempo, es un regalo.
¿Hubo algún momento en el que pensaste: "Todavía no estoy preparada para abrir esta puerta"?
Escuchar cantar a mi madre siempre me provoca un pequeño pellizco en el corazón; me encanta, pero, al mismo tiempo, me emociona muchísimo. Para esta obra he tenido que volver a sus canciones, porque hacemos un recorrido por sus primeras películas y todo se integra de manera muy natural dentro de la historia.
"Aún no hemos ensayado y ya sé que los comienzos serán duros: lloraré muchísimo hasta lograr hacer la función sin romperme"
¿Cómo estás viviendo, a nivel personal, ese reencuentro tan íntimo con la voz y el recuerdo de tu madre?
Todavía no hemos empezado a ensayar, pero desde el primer momento ha quedado muy clara la esencia de todo lo que he contado. Y, aun así, sé que nunca estaría preparada para imitar a mi madre. Este proyecto no es un Tu cara me suena; no se trata de reproducirla, sino de ser yo misma recorriendo su historia a mi manera. Eso es lo que hace que cada momento de la obra sea tan emotivo y especial.
Para el público, Rocío Dúrcal es un icono eterno; para ti, ¿quién era cuando se apagaban los focos y se cerraba la puerta de casa?
En casa era simplemente mamá. Una mamá gamberra, divertidísima, espontánea. Muy lejos del personaje, aunque consciente de lo que significaba ser artista. Ella siempre decía que debía existir un pequeño escalón entre el público y el escenario para proteger al intérprete.
Prepara una obra de teatro musical sobre su madre con motivo del vigésimo aniversario de su muerte: "Es un reto enorme y, al mismo tiempo, un regalo"
¿Lograba dejar atrás ese personaje cuando regresaba a casa?
Fuera de los focos era natural y alegre, una mujer que ensayaba cantando por el campo con su walkman y vivía la música con pasión, pero sin pose. Solo con mi padre, su director musical, reaparecía el "personaje": repasaban repertorios, vestuario, luces… En el día a día, en casa, era mamá: cercana, luminosa y la persona más divertida y bonita del mundo.
Si hoy pudiera sentarse en una butaca y verte protagonizando y produciendo esta obra, ¿qué crees que te diría al terminar la función?
Creo que estaría muy orgullosa de lo que vería. Aún no hemos ensayado y sé ya que los comienzos serán duros: lloraré muchísimo hasta lograr hacer la función sin romperme. Pero sé también que ella lloraría emocionada por el "pellizquito" final y por la lectura que se quiere dar a toda la obra.
¿Hay alguna canción suya que todavía te cueste escuchar sin que la emoción te desborde?
Si te soy sincera, hoy no. Intento centrarme en la cantante y en cómo interpretaba cada nota. Mi madre no solo cantaba, vivía las canciones; cada gesto y mirada formaba parte de la emoción. Aun así, Amor eterno siempre fue la que más me costó escuchar y últimamente también me pasa con Costumbres, porque habla de algo muy real: parejas que permanecen juntas por costumbre, no solo por amor.
Tú te separaste hace tres años de Luis Guerra. Mirando atrás, ¿qué aprendiste de ti misma durante ese proceso?
Aprendí que siempre hay fuerza para sentir, decidir y seguir adelante y que nunca hay que quedarse estancada. Durante ese tiempo, me había olvidado un poco de mí misma, porque estaba centrada en cuidar y disfrutar a mi hijo. Pero llegó un momento en el que sentí la necesidad de reconectarme conmigo misma y quererme de nuevo.
¿Qué fue lo que te llevó a apartarte de la interpretación durante tanto tiempo y cómo fue volver?
La decisión de retirarme fue mía para dedicarme plenamente a mi hijo y disfrutar de su infancia, algo que siempre agradeceré. Fueron doce años intensos, acompañándole al colegio y a sus actividades: la trompeta, el baloncesto...Cuando Christian creció, y tras mi separación, sentí que era momento de despertar de nuevo ese "gusanito" que siempre estuvo dentro de mí. Necesitaba revivir la interpretación y recuperar una parte de mí que nunca desapareció del todo.
¿Qué te dice tu hijo ahora, al ver que vas a contar la historia de su abuela sobre un escenario?
Mi hijo está emocionado, aunque yo no le cuento demasiado. Sabe que el proyecto existe y lo vive con ilusión, pendiente de todo lo que está pasando. Me admira mucho en el teatro y me encanta que venga a verme: me pongo nerviosísima y en cada gesto, en cada interpretación, siento que le dedico todo. Con este espectáculo, su entusiasmo es igual al mío y comparte conmigo la emoción y las ganas de que todo cobre vida sobre el escenario.
La reacción de sus hermanos
¿Y cómo han vivido tus hermanos este proyecto tan íntimo y tan expuesto?
A mis hermanos no les he contado nada de la función. Quiero que se sienten en el patio de butacas y lloren de emoción, que la vivan como cualquier espectador que vaya a verla. Les encanta que dedique este pequeño homenaje a mamá, pero no saben de qué trata la historia, y así quiero que sea. Me gusta que la sorpresa llegue de manera pura, sin pistas. Incluso a mis amigas actrices les digo que no lean el libreto, quiero que la emoción las atrape desde cero, tal como espero que ocurra con ellos.
Tu padre también está muy presente en la historia de Rocío. ¿Qué lugar ocupa él en este relato?
Ocupa un lugar muy importante. La obra narra la vida de mi madre y él forma parte desde el principio: desde el encuentro, desde sus primeras experiencias juntos… está presente a lo largo de toda la historia, acompañando y sosteniendo su relato.
"La decisión de retirarme fue mía para dedicarme plenamente a mi hijo y disfrutar de su infancia, algo que siempre agradeceré. Fueron doce años intensos acompañándole al colegio y sus actividades"
¿Y en qué momento sientes que tu madre está más cerca que nunca de ti?
La respuesta es simple: siempre. En un atasco, en una función, en cualquier momento pienso en ella y en mi padre. Ahora, preparando el documental y reviviendo recuerdos, los siento más presentes que nunca. Ellos nunca se van, siempre están a mi lado.
Con la distancia que dan los años, ¿qué has comprendido ahora de tu madre que antes no eras capaz de ver?
Eso empecé a entenderlo desde el momento en que yo misma fui madre. Entonces comprendí todo el dolor que ella pudo sentir por esas ausencias que, de niña o adolescente, no entendía. Me enfadaba no con ella, pobrecita, sino con la vida, porque no podía explicarle mis cosas, contarle que había sacado una buena nota o que me gustaba un chico. No estaba para mí y eso me enfurecía.
¿Y cuándo fue que empezaste a verlo desde otra perspectiva?
Cuando yo me convertí en madre y tuve que ausentarme, aunque fuera solo unas horas, comprendí lo que ella debió sentir. Recordé sus largas temporadas fuera, a veces tres meses, viniendo y yéndose y cómo nosotros lo sufríamos sin entenderlo del todo. De repente todo tuvo sentido. Pensé: "Madre mía, lo que tuvo que pasar ella estando tanto tiempo fuera". En los pequeños momentos, en los trayectos, en los atascos de cada día, entendí la paciencia, la dedicación y el amor con los que ella nos cuidaba, incluso cuando la vida la mantenía lejos. Solo entonces pude mirar atrás y sentirlo de verdad.
¿Qué valores suyos sientes que siguen muy vivos en ti?
Profesionalmente, todo lo que soy se lo debo a mi madre: el respeto por la prensa, la cercanía con el público, la puntualidad y la disciplina. De mi padre también heredé algunos valores, pero ella fue la que me enseñó a ser artista. Fuera de los escenarios, sobre todo el amor por la familia: era una madre ejemplar y una esposa cariñosa y cercana, con una complicidad maravillosa con mi padre.
"A mis hermanos no les he contado nada de la función. Quiero que se sienten en el patio de butacas y lloren de emoción, que la vivan como cualquier espectador que vaya a verla"
Como hija, mirando atrás, ¿qué te enseñaron tus padres sobre el amor, el compromiso y la lealtad?
Me enseñaron lo que yo no logré: que sí se puede, que es posible que dos personas estén juntas toda la vida, hasta "que la muerte los separe". Ellos lo tenían claro: soñaban con ser dos abuelitos en una mecedora, viendo crecer a los nietos. Aunque la vida se los llevó jóvenes, esa visión quedó grabada en mí. Hoy todo va demasiado rápido y, aunque su ejemplo sigue ahí, cuando alguien me dice: "A lo mejor todavía consigues encontrar el amor para toda la vida", no puedo evitar responder: "¡No, no! ¡Ya no!".
Tu tía Fedra Lorente atraviesa dificultades económicas importantes. ¿Cómo se encuentra y de qué manera has intentado ayudarla?
Pobrecita, está pasando por un duelo y todos intentamos apoyarla. Sobre todo mi prima Alex. Se ha hecho cargo de organizar los trámites y gestionar los problemas, contando con la colaboración de mi hermano y conmigo para que mi tía pueda recuperar la estabilidad y la tranquilidad tras todo lo que ha trabajado y vivido.





