Diana Al Azem, profesora, sobre los adolescentes que comparten su ubicación con sus contactos: “Buscan conexión, pertenencia y validación”

Diana Al Azem, profesora, sobre los adolescentes que comparten su ubicación con sus contactos: “Buscan conexión, pertenencia y validación”

Cuando un adolescente empieza a ir solo al colegio o al instituto o a salir con sus amigos, lo primero que hoy en día hacen la mayoría de los padres es entregarles un móvil para poder hablar con ellos, pero también para tenerlos geolocalizados, para saber en todo momento donde están. Una medida que da tranquilidad en la etapa de las primeras veces y que pocos padres cuestionarían, pero eso ha dado lugar a una tendencia con la que los progenitores no contaban: que sus hijos adolescentes no solo comparten la ubicación con mamá y papá, sino también con sus amigos o, en ocasiones, con contactos con los que no tienen especial confianza. Partiendo de esta base, cuando dan el paso de iniciar una relación con otro chico u otra chica, casi dan por sentado que también deben compartir su ubicación con él o ella.

Te recomendamos

De hecho, muchos adolescentes no solo comparten con sus contactos su ubicación, sino el recorrido que han hecho hasta llegar a casa, al centro escolar o a cualquier otro lugar e incluso, cuando ya son algo más mayores y tienen edad para conducir una moto o un coche, la velocidad con la que han conducido. ¿Qué implica todo esto? A priori, a muchos adultos le entrarán escalofríos solo de pensarlo, ¿pero es tan peligroso o simplemente se trata de una nueva visión, de una nueva manera de relacionarse en un mundo en el que cada vez pesa más lo digital? Se lo hemos preguntado a Diana Al Azem, profesora, escritora y fundadora de la plataforma Adolescencia Positiva (adolescenciapositiva.com).

No lo viven como una invasión, sino como parte de su rutina afectiva con amigos o parejas.

Diana Al Azem, profesora y escritora experta en adolescencia

¿Es adecuada o ‘sana’ esta tendencia de compartir la ubicación entre adolescentes?

Depende de cómo se utilice. Para muchos adolescentes, compartir la ubicación es una forma de pertenencia, casi una nueva forma de “estar en contacto”. No lo viven como una invasión, sino como parte de su rutina afectiva con amigos o parejas. Pero desde una perspectiva educativa, hay que analizar el trasfondo: ¿lo hacen por confianza o por necesidad de control? ¿Por conexión o por miedo a quedarse fuera?

Lo sano no es tanto compartir o no compartir, sino entender desde dónde nace ese gesto. Si hay presión, dependencia o ansiedad si el otro no responde, entonces no es sano. Recordemos que los padres somos los primeros que queremos controlar dónde están nuestros hijos independientemente de su edad...

¿Qué implica compartir la ubicación durante 24 horas?

Diría que primeramente implica una disponibilidad permanente que los adultos difícilmente toleraríamos en nuestras relaciones. Básicamente es como abrir una ventana sin cortinas desde la intimidad de tu casa con lo que haces, dónde estás, con quién… durante todo el día. Puede parecer útil o incluso “divertido” a priori, pero también puede convertirse en una herramienta de control encubierto.

Lo importante es que tanto los padres como los adolescentes tomen conciencia de qué están compartiendo, con quién y por qué. La normalización de la vigilancia en relaciones afectivas puede sentar precedentes muy peligrosos y como ya he dicho antes, los padres somos los primeros que lo normalizamos con los hijos.

Te puede interesar

¿Qué riesgos entraña mostrar recorridos, velocidad, etc.?

Diría que bastantes. Desde un punto de vista de seguridad, exponer tu rutina diaria —rutas, horas, lugares frecuentes— puede facilitar situaciones de acoso, tanto digital como físico. Si encima se muestra (por poner un ejemplo) la velocidad al conducir, estamos incentivando comparaciones que pueden derivar en conductas de riesgo.

Ya sabemos que en la adolescencia, el cerebro aún está en construcción, especialmente en la parte que regula la impulsividad y la evaluación de consecuencias; y exponer demasiada información da pie al exhibicionismo digital sin evaluar los costes.

Adolescente con un móvil© Getty Images

¿Es un riesgo mayor en relaciones tóxicas?

Sin duda. El control disfrazado de “preocupación” o “cuidado” es una de las banderas rojas en relaciones tóxicas adolescentes. Frases como “compárteme tu ubicación para quedarme tranquilo/a” o "es para protegerte" pueden parecer inocentes o incluso románticas, pero esconden dinámicas de dependencia, celos y manipulación emocional.

En relaciones de pareja en la adolescencia —donde la identidad aún se está formando— el impacto de estos controles puede ser devastador. Normalizan la vigilancia como forma de amor, y ese es un mensaje muy peligroso.

El control disfrazado de “preocupación” o “cuidado” es una de las banderas rojas en relaciones tóxicas adolescentes.

Diana Al Azem, profesora y escritora experta en adolescencia

¿Por qué lo hacen entonces? ¿Qué buscan?

Definitivamente creo que buscan conexión, pertenencia y validación. En muchos casos, compartir ubicación es como decir “me importas, quiero estar cerca de ti” o "pongo en tus manos mi confianza". Pero también puede haber presión social o miedo a quedar fuera. Si todos mis amigos comparten ubicación y yo no, ¿significa que soy distante o que oculto algo? Hay mucho de dinámica grupal y también de necesidad de calma: “si sé dónde están, estoy tranquilo”. 

Los padres incentivamos que compartan ubicación… ¿Qué debemos tener en cuenta?

Efectivamente; de hecho, muchos padres entregan el primer móvil con esa idea: “Así sabré dónde está en todo momento y podré cuidar de él o ella”. Pero eso puede acabar generando la normalización de un modelo de control constante, más que de confianza. El mensaje que damos los padres es: “no confío en que te sepas gestionar solo/a”.

Creo que el reto está en equilibrar seguridad con autonomía. Es preferible enseñar a prever, a comunicarse o a pedir ayuda… que usar la geolocalización como única herramienta de tranquilidad. Lo ideal sería que el adolescente quiera compartir su ubicación, no que se le imponga por miedo.

Te puede interesar

¿Por qué observan constantemente la ubicación de otros?

Porque vivimos en una cultura del “querer saber todo y ya”, el famoso FOMO. La incertidumbre les resulta incómoda, no les hemos preparado para saber esperar, y la tecnología ha generado la ilusión de inmediatez emocional: si no sé dónde está, me pongo nervioso/a.

Por supuesto, también hay un cierto componente de comparación, de observar si otros salen más, si están juntos, si han quedado sin mí. Muchas madres me escriben, de hecho, preocupadas porque sus hijos han descubierto que el grupo ha salido sin contar con él o ella y esto les genera mucho más daño en una autoestima ya débil de por sí en esta etapa…

¿Cuál sería el uso adecuado de estas apps?

No es fácil responder a esta pregunta, ni tampoco existe una única respuesta válida, pero diría que el uso adecuado es aquel que nace desde la confianza, la madurez y la autonomía. Compartir ubicación debería ser una herramienta puntual, no una rutina obligada. Y debería estar basada en acuerdos claros, reversibles y consensuados. Por ejemplo: “te comparto ubicación mientras voy a casa, luego la quito”.

Además, es fundamental que los adolescentes sepan gestionar la desconexión: que no sientan ansiedad si no pueden saber dónde está alguien en todo momento.