La reacción de Buckingham ante la detención del expríncipe Andrés: el análisis de dos especialistas en protocolo y comunicación

La reacción de Buckingham ante la detención del expríncipe Andrés: el análisis de dos especialistas en protocolo y comunicación

La detención del ex príncipe Andrés el pasado jueves ha vuelto a situar a la monarquía británica en el centro de la atención internacional, reabriendo un capítulo especialmente sensible para la Casa de Windsor. Aunque Andrés lleva años apartado de la vida institucional, el impacto mediático de su arresto ha generado un nuevo terremoto en torno a su figura y ha obligado al Palacio de Buckingham a reaccionar con una rapidez y precisión poco habituales. En un contexto en el que cada gesto se analiza al detalle y cada palabra puede influir en la percepción pública, la gestión de esta crisis se ha convertido en un examen directo a la solidez y capacidad de contención de la Corona.

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Rey Carlos III y el príncipe Andrés © GTRES
El expríncipe Andrés y su hermano, el rey Carlos III

La respuesta del Rey Carlos III, a través de un comunicado oficial difundido pocas horas después de conocerse la noticia, ha marcado el tono de la estrategia institucional: firmeza, distancia y absoluto respeto a los procedimientos judiciales. Pero ¿qué implica realmente este episodio para la monarquía británica? ¿Cómo se interpreta desde el protocolo, la comunicación y la arquitectura histórica de la Corona? Para comprender el alcance de este momento y las claves de la reacción de Buckingham, hablamos con dos expertas que analizan el caso desde dentro del engranaje institucional y desde la óptica de la comunicación estratégica.

Una crisis que afecta a la persona, no a la institución

Para María José Gómez y Verdú, experta en Protocolo y Casas Reales, es fundamental recordar que Andrés ya no forma parte del núcleo activo de la monarquía. Su retirada de funciones oficiales, títulos militares y patronazgos no fue un gesto simbólico, sino una redefinición profunda de su papel dentro del sistema. “Su detención no compromete operativamente a la institución: afecta a una figura que hoy actúa en el ámbito estrictamente privado”, explica. 

En este sentido, las palabras de Carlos III adquieren un valor absoluto en este contexto. Según reconoce Gómez y Verdú, en las monarquías constitucionales, el monarca reina, pero también marca el tono institucional. Cada declaración, y también cada silencio, está cuidadosamente calibrado. Si el Rey expresa respeto por la justicia o apoyo a los procedimientos legales, ese posicionamiento se convierte en línea oficial inamovible. La Corona no entra en debate: establece marco.

Rey Carlos III y el príncipe Andrés© GTRES

La experta recuerda que no es la primera vez que una Casa Real europea atraviesa situaciones judiciales o escándalos que afectan a alguno de sus miembros. La diferencia, señala, es que en pleno siglo XXI la transparencia mediática y la inmediatez informativa amplifican cualquier crisis en tiempo real. Lo que antes se resolvía en círculos cortesanos, hoy se analiza ante una audiencia global.

Desde el punto de vista protocolario, Gómez y Verdú señala que la respuesta institucional seguirá principios muy claros: separación absoluta entre persona e institución, respeto explícito a la independencia judicial, reducción de la exposición mediática y refuerzo de la agenda del núcleo activo para desplazar el foco.

El comunicado del Rey: un cortafuegos calculado

La rapidez con la que Buckingham reaccionó ha sido uno de los elementos más comentados. Para Eva Rodríguez Cerdán, experta en comunicación y marca personal, esta velocidad no es improvisación, sino una maniobra estratégica. “Hoy el silencio no enfría nada; alimenta teorías, titulares y especulaciones. Si no ocupas el espacio, otros lo harán por ti”, explica. El formato elegido —un comunicado escrito, medido palabra por palabra, sin imágenes ni declaraciones improvisadas, — es, según la experta, la opción más segura para evitar interpretaciones. Y el tono, frío y jurídico, es deliberado: no hay emoción, no hay defensa personal, no hay referencias familiares.

Rodríguez Cerdán destaca un detalle clave: el comunicado se refiere al detenido como “Andrew Mountbatten-Windsor”, sin mencionar su condición de hermano del Rey. No es casual. Aquí no se habla desde la sangre, sino desde la responsabilidad individual. “No habla un familiar preocupado. Habla la institución. Y eso es exactamente lo que necesitan transmitir”.

Carlos III y el príncipe Andrés© GTRES

La experta compara la situación con un incendio: si no se actúa rápido, el fuego se extiende. “Un incendio descontrolado no distingue entre culpables, inocentes, civiles ni reyes. Se lo lleva todo por delante”, afirma. Por eso, el comunicado de Carlos III no busca proteger a Andrés, sino aislar el problema y evitar que comprometa a la Corona.

El papel de Beatriz y Eugenia en este nuevo escenario

La situación de las hijas del expríncipe Andrés, las princesas Beatriz y Eugenia, también genera preguntas. Gómez y Verdú recuerda que, aunque son miembros de la familia real, no forman parte del grupo de working royals. No representan oficialmente a la Corona ni tienen agenda institucional permanente. Esto, desde el punto de vista protocolario, resulta clave, según esta experta, quien, además señala que, "lo más probable es que la Casa Real refuerce la diferenciación entre su identidad individual y la situación de su padre".

Beatriz de York y Eugenia de York con su padre el príncipe Andrés © Getty Images
Qué va a ocurrir ahora con sus hijas, las princesas Eugenia y Beatriz de York.

Por ello, lo más probable es que mantengan un perfil discreto, centrado en sus vidas profesionales y familiares. Si asisten a actos públicos, su ubicación protocolaria será cuidadosamente medida para evitar interpretaciones institucionales.

Una monarquía diseñada para resistir

Ambas expertas coinciden en que la detención no redefine la monarquía británica, pero sí pone a prueba su capacidad de contención. Carlos III ha impulsado un modelo más reducido, funcional y centrado en la ejemplaridad, lo que permite absorber crisis individuales sin comprometer al conjunto. “Las coronas que sobreviven no lo hacen por ausencia de crisis, sino por su habilidad para separar lo personal de lo institucional”, resume Gómez y Verdú. Y Rodríguez Cerdán añade: “No intentan salvar a Andrés; intentan salvar la credibilidad de la Corona”.

En definitiva, la respuesta de Buckingham es un recordatorio de que la institución está por encima de las circunstancias individuales. Y que, en momentos de crisis, la comunicación precisa y la firmeza institucional son el mejor cortafuegos para proteger siglos de historia.