El arquitecto Alexis González y la interiorista Lucía Casaus avisan: “Un hogar que nos cuide debe tener en cuenta nuestra biología, no solo la estética”
El arquitecto Alexis González y la interiorista Lucía Casaus avisan: “Un hogar que nos cuide debe tener en cuenta nuestra biología, no solo la estética”
El bienestar en el hogar ya no puede entenderse solo desde la estética o la funcionalidad. Los espacios que habitamos influyen directamente en nuestra biología, nuestras emociones y nuestra capacidad de recuperación. En este reportaje conversamos conLucía Casaus (diseñadora de interiores) y Alexis González (arquitecto), fundadores de GC Studio, para comprender cómo el diseño biocéntrico, la neuroarquitectura y la conexión con la naturaleza pueden transformar una vivienda en un entorno que regula, acompaña y potencia la salud de quienes la habitan.
Cuando el diseño de tu hogar se convierte en salud
La neuroarquitectura es una disciplina que estudia cómo los espacios que habitamos influyen en nuestro cerebro, nuestras emociones y nuestra salud. No se trata solo de estética o funcionalidad: cada decisión arquitectónica (la luz, los materiales, las proporciones, el color, la acústica o la ventilación) activa respuestas biológicas que pueden favorecer el bienestar o, por el contrario, generar estrés silencioso.
En este contexto, la experta Lucía subraya la importancia del enfoque biocéntrico en el diseño residencial. Para ella, la arquitectura y el interiorismo deben partir de la comprensión profunda de cómo funciona el cuerpo humano y cómo reacciona a su entorno. Tal como explica: “nuestra biología responde de forma inmediata a la luz, las proporciones, los ritmos o la calidad del aire. Diseñar sin tener en cuenta estos factores genera estrés. Cuando la vivienda acompaña a nuestra fisiología, el bienestar deja de ser un extra y se convierte en la base del proyecto”.
Así, la clave está en entender que no vivimos ‘en’ una casa, sino ‘con’ ella.
Por qué los espacios no deben ignorar nuestra biología
Alexis explica que, en su experiencia profesional, el síntoma más habitual de vivir en espacios que ignoran nuestra biología es una sensación persistente de desgaste que empieza de forma sutil. Primero aparece una desconexión con el entorno, como si el lugar no acompañara ni sostuviera las actividades del día a día. A esto se suma un cansancio mental que se acumula sin que la persona pueda identificar claramente su origen, y que con el tiempo termina manifestándose también en el cuerpo. “Factores como la falta de luz natural, una ventilación deficiente o una distribución poco funcional generan un ambiente que exige un esfuerzo constante para adaptarse, y ese esfuerzo sostenido es lo que acaba drenando energía y bienestar”, detalla.
Los fundadores del estudio de arquitectura e interiorismo GC Studio son contundentes y afirman: “Un hogar estéticamente atractivo estimula, pero uno verdaderamente saludable regula”. Una vivienda puede ser visualmente impecable y, aun así, no resultar saludable para la familia que la habita. El desafío está en unir ambos mundos y encontrar un equilibrio real entre lo que se ve y lo que se siente. La luz adecuada, los patrones naturales y un entorno sensorial equilibrado contribuyen a reducir el estrés, mejorar el sueño y favorecer un estado de ánimo más estable.
Cuando la belleza no solo decora, sino que también cuida al cuerpo, entonces se convierte en bienestar.
Del confort emocional al bienestar fisiológico: la casa como ecosistema saludable
El diseño biocéntrico propone que las casas se construyan o reformen pensando no solo en las personas, sino también en la naturaleza. Esto significa usar materiales más sanos y menos contaminantes (como madera, tierra, paja o cal, los también denominados biomateriales) que requieren menos energía para producirse y no liberan sustancias tóxicas en el interior de la vivienda. También implica aprovechar mejor la luz natural, ventilar bien los espacios y diseñar casas que mantengan una temperatura agradable sin depender tanto de sistemas artificiales.
La forma en que vivimos un espacio es tan determinante como la forma en que está diseñado. Lucía dice que, por mucho que se apueste por un diseño biofílico, cuando esto no se acompaña de hábitos cotidianos, el espacio pierde parte de su capacidad para sostener el bienestar. “El diseño crea el escenario, pero son los gestos diarios,como abrir y ventilar, caminar descalzos o ajustar la luz según el momento del día, lo que convierten a una vivienda en realmente saludable”.
El poder del juego: satisfacción vital para todas las edades
¡Jugar es biología, no solo ocio! Alexis explica que la presencia de elementos lúdicos en el hogar no es un simple añadido decorativo, sino un recurso que activa mecanismos profundos de bienestar. El juego, recuerda, desencadena la liberación de dopamina, endorfinas y otras sustancias que devuelven al cuerpo a un estado de regulación y equilibrio, recordándole que no todo es supervivencia ni productividad.
El juego potencia el bienestar emocional y cognitivo en todas las edades. Integrar espacios que inviten a jugar (ya sea un futbolín en la zona de día, como en este ambiente ideado por GC Studio, un rincón creativo o elementos que despierten curiosidad) permite que tanto niños como adultos mantengan activa una parte esencial de su biología: la necesidad de explorar, imaginar y desconectar del ritmo exigente del día a día.
Así se vive el diseño biofílico en cualquier hogar
En una villa, la conexión con la naturaleza se construye desde la propia arquitectura: orientación, luz natural, relación interior-exterior, ventilación, presencia del agua y calidad del silencio. No se trata de añadir elementos decorativos, sino de integrar la naturaleza en la experiencia diaria del espacio.
Los expertos consultados para este reportaje coinciden en que “la luz natural, los materiales orgánicos, los sonidos agradables y la configuración del espacio impactan directamente en nuestro sistema nervioso”, una evidencia que demuestra que el bienestar empieza mucho antes de colocar una planta.
Incluso en contextos urbanos, donde el entorno es más limitado, estos principios pueden adaptarse mediante una gestión inteligente de la luz disponible, las vistas, la ventilación y una atmósfera sensorial que favorezca la calma. La esencia del diseño biofílico no depende del tamaño del hogar, sino de cómo se articula la relación entre el espacio y la naturaleza, ya sea a través de un jardín abierto al paisaje o de un interior urbano que prioriza la luz, los materiales naturales y la calidad ambiental.
La vivienda debe dejar de ser solo un refugio estético y convertirse en un entorno que prevenga y regenere.Lucía advierte que hoy, sin embargo, puede enfermarnos por múltiples motivos. No solo por la falta de luz natural o la presencia de ruidos molestos, sino también por la mala calidad del aire interior y por sistemas de agua que no garantizan una filtración adecuada.
Resulta esencial integrar soluciones que mejoren el aire, cuiden el agua y mantengan un ambiente saludable de forma constante.
El diseño biocéntrico tiene un propósito claro: crear hogares que respondan a cómo funciona el cuerpo humano. La luz natural, los materiales orgánicos, la ventilación adecuada, el silencio, la presencia de elementos naturales y la calidad ambiental no son detalles estéticos, sino estímulos que regulan el sistema nervioso y favorecen el bienestar. Integrar estos principios convierte la vivienda en un entorno capaz de prevenir el estrés, mejorar la salud emocional y potenciar la capacidad de recuperación.
En definitiva, diseñar desde la biología es diseñar para la vida. Cuando el espacio se alinea con la fisiología humana, la casa deja de ser un simple escenario y se transforma en un aliado de nuestro confort y felicidad.