El ayatolá Jamenei, la 'línea roja' para "millones de chiíes" de Oriente Próximo

El ayatolá Jamenei, la 'línea roja' para "millones de chiíes" de Oriente Próximo

Cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, anunció su "doctrina" para Oriente Próximo en 1957, su homólogo libanés, Camille Chamoun, fue quizás el único líder de la región que la apoyó sin reservas.

De hecho, el dirigente de ese país se aferró a la idea de la intervención estadounidense al año siguiente, cuando pidió ayuda a Eisenhower para frenar la insurrección popular a la que se enfrentaba. La psicosis generada en Washington por la victoria de otra revuelta en el cercano Irak, que acabó con la monarquía prooccidental e instaló al Partido Baaz en el poder, propició el desembarco de 1.700 marines en Beirut el 15 de julio de 1958.

La llamada Operación Blue Bat, el mayor desembarco militar de Estados Unidos desde el protagonizado durante la guerra de Corea en Inchon, en 1950, constituyó todo un éxito estratégico para Washington, ya que frenó la revuelta en el Líbano sin dejar bajas del lado estadounidense.

Al mismo tiempo, aquella intervención directa -Washington ya se había implicado en otras muchas acciones en la región, como el golpe de Estado que apadrinó la CIA contra el primer ministro iraní Mohammad Mosaddegh en 1953- sentó las bases de la recurrentes ofensivas militares que ha llevado a cabo el Estado americano en Oriente Próximo a lo largo de todas estas décadas.

La última escalada de tensión con Irán se inscribe dentro de este ideario, que se identifica como si fuese un calco con los intereses de Israel en la zona, y amenaza con desencadenar un enésimo conflicto regional de alcance imposible de predecir.

Las recientes alusiones de Trump al caso de Venezuela y la amenaza velada que lanzó el mandatario contra el máximo líder religioso de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, en junio pasado -"sabemos dónde se esconde y es un objetivo fácil, pero no lo vamos a matar, al menos por ahora", dijo- han multiplicado la espiral de declaraciones altisonantes en la zona ante el significado de la figura del clérigo.

La cadena CNN aseguró este jueves que las "opciones" que el jefe de Estado "está considerando incluyen ataques aéreos dirigidos contra líderes y funcionarios responsables de los asesinatos" de las cerca de 6.000 personas que, según las estimaciones, murieron en la brutal represión que ejerció el régimen iraní contra las últimas protestas, a principios del presente mes.

Sin embargo, el peso simbólico de Jamenei para un amplio sector de la población chií de Oriente Próximo -decenas de millones- excede cualquier comparación con el calado político del antiguo presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Jamenei no sólo es un un gran ayatolá, sino también "marja" desde 1994, lo que implica que dispone de millones de fieles que siguen sus directrices religiosas.

Pese a que su figura no concita la aquiescencia general entre los clérigos de la comunidad chií, incluso el máximo referente de esa comunidad, el gran ayatolá Ali al Sistani, de Irak -que siempre ha sido considerado un moderado y opuesto a la participación del clero en la política estatal- alertó en junio del año pasado, cuando Trump amenazó a Jamenei, que cualquier acción en ese sentido "quebrantará la estabilidad regional" e "infligirá un daño de gran alcance a los intereses de todas las naciones".

Como afirmó el lunes el vicepresidente del Consejo Supremo de los Chiíes del Líbano, el jefe Ali al Khatib, "si Estados Unidos comete esa locura e inflige el más mínimo daño a Jamenei, esa acción equivaldría a declarar la guerra a todos los chiíes del mundo" -entre 200 y 260 millones de personas- y tendría "consecuencias devastadoras".

El máximo jefe de filas del movimiento libanés Hizbulá, Naim Qassem, que durante meses intentó mantener un perfil bajo y conciliador en sus discursos, también cambió de tono este lunes y afirmó que "una nueva guerra contra Irán podría incendiar toda la región".

Hizbulá se mantuvo al margen cuando Israel y Estados Unidos lanzaron la última ofensiva contra Irán en junio del pasado año, pero los expertos recuerdan que Jamenei es el máximo referente espiritual del grupo y, por lo tanto, una línea roja que no podrían ignorar.

"Cuando Trump amenaza al imán [título religioso] Jamenei, amenaza a decenas de millones de seguidores de este líder. Es nuestro deber enfrentar esta amenaza con todas las medidas y la preparación necesaria", añadió Qassem, tras días en los que diferentes ciudades libaneses asistieron a manifestaciones convocadas por Hizbulá en favor de su patrocinador.

La dialéctica incendiaria se ha extendido a Irak, donde una de las principales facciones apadrinadas por Teherán, Kataeb Hizbulá, difundió este martes imágenes de acumulaciones de "voluntarios" para el "suicidio", que, según dijo, han respondido al llamamiento en ese sentido del jefe del grupo, Abu Hussein al Hamidawi.

Esa misma jornada, el propio Al Hamidawi apareció en otras imágenes firmando su "propia declaración de martirio", otra señal que refleja el paroxismo que está generando la pugna entre Washington y Teherán.

Kataeb Hizbulá indicó que si Estados Unidos o Israel arremeten contra sus patrocinadores, sus militantes atacaran las representaciones diplomáticas de Washington y sus acuartelamientos en el área.

"Golpearemos con el terror en vuestros corazones", agregó Al Hamidawi, cuya agrupación tampoco participó en la guerra del año pasado.

Tanto Irán como sus fuerzas aliadas han prometido responder bombardeando las al menos 19 bases norteamericanas distribuidas por la región, donde hay estacionados entre 40.000 y 50.000 militares.

Teherán ha advertido a todas las naciones que albergan instalaciones con presencia estadounidense de que se convertirán en objetivo de su represalia.

"Los países vecinos son nuestros amigos, pero si su suelo, cielo o aguas se utilizan contra Irán, serán considerados hostiles", sentenció Mohammad Akbarzadeh, un alto cargo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, citado por la agencia de noticias Fars.

La crisis con Irán se ha entremezclado con la política interna iraquí, que se disponía a elegir al nuevo primer ministro, un puesto para el que Nuri al Maliki parecía contar con un sólido apoyo en el Parlamento. Sin embargo, este martes el propio Trump decidió interferir en esas discusiones y vetar a dicho candidato, recordando que este político -que ya ocupó ese puesto en dos ocasiones entre 2006 y 2014- mantuvo unas estrechas relaciones con la autocracia religiosa iraní. "Debido a sus políticas e ideologías descabelladas, si es elegido, Estados Unidos no ayudará a Irak", señaló el presidente estadounidense en las redes sociales.

El enviado de Estados Unidos a Oriente Próximo, Tom Barrack, ya había expresado su discrepancia ante el hipotético retorno de Maliki, al afirmar que "un Gobierno instalado por Irán no tendrá éxito".

La interferencia pública del mandatario estadounidense provocó la protesta de miles de personas en Bagdad este miércoles por la noche, mientras que Maliki respondía en las redes sociales calificando las palabras de Trump como "una violación" de "la soberanía y del sistema democrático de Irak".

Expertos como Haitham al Hiti, politólogo de la Universidad de Exeter (Inglaterra), han opinado que la intervención de Trump en la política interna de Irak "no se puede separar de la nueva estrategia" de Washington respecto a este país, totalmente opuesta a la influencia que ha mantenido hasta ahora Irán en la esfera iraquí.

"Para Washington, Maliki es un representante de esa influencia", comentó a la agencia local Shafaq.

Las maniobras aéreas en Oriente Próximo que anunció Estados Unidos este martes han intensificado la presión psicológica sobre Teherán, coincidiendo con la llegada a la zona del portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln.

Varios medios de comunicación de Estados Unidos, como The Washington Post, indicaron que Trump estuvo a punto de dar la orden de atacar Irán durante el momento más álgido de las protestas en ese país, cuando anunció públicamente que "la ayuda está en camino", pero se retractó después de que los responsables militares de su país le explicaron que no disponía de suficiente potencial en la región para hacer frente a la probable respuesta de la nación persa.

Pese a que Washington ya ha desplegado 10 navíos en la zona -un número similar al que usó en su operación contra Venezuela-, los expertos indican que todavía se encuentra lejos del volumen de fuerzas que acumuló antes de la llamada Guerra de los 12 días contra Irán, en junio del año pasado. En aquella ocasión, el Pentágono llegó a enviar hasta tres portaaviones al área y no uno, como ahora.

The Wall Street Journal, por ejemplo, apuntó que cualquier arremetida aérea contra el territorio iraní requeriría, como en esas fechas, la participación de aviones sofisticados como los bombarderos B-2,y añadió que "todavía no se ha observado el envío" de estos aeroplanos hacia la región.

Para el profesor Todd Belt, de la Universidad George Washington, la exhibición de músculo militar es más una herramienta en las negociaciones con Irán que una confirmación de la determinación de Estados Unidos de iniciar otra guerra con ese país. Lo llamó "diplomacia de los acorazados", en una entrevista con la citada agencia iraquí Shafaq News.

Como escribía este jueves el columnista Ron Ben Yishai en el diario Yediot Aharonot, la gesticulación militar de Trump es fruto de su "interés por negociar con el régimen clerical de Irán, con el objetivo de despojar a Teherán de su capacidad de desarrollar y producir armas nucleares", mientras que la suerte de la población civil reprimida por la autocracia queda en un segundo plano, lo que sí establecería un paralelismo claro con el plan implementado por Washington en Venezuela.