Cena en medio de los escombros: Gaza vive su primer Ramadán tras el frágil alto el fuego

Cena en medio de los escombros: Gaza vive su primer Ramadán tras el frágil alto el fuego

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"Es difícil celebrar algo con todo lo que hemos perdido", explica por teléfono Reema desde Jan Yunis, la ciudad más grande del sur de Gaza. Esta profesora perdió a uno de sus tres hijos durante la guerra, cuando un bombardeo israelí provocó el derrumbe parcial de un edificio donde se cobijaban. Perdió su casa el primer año de guerra y tras ser desplazada en tres ocasiones, vive en una tienda con su marido e hijos.

Junto a varios vecinos, Reema montó esta semana una mesa improvisada con tablas, en la que romperán el ayuno a diario durante el mes sagrado de Ramadán. Para los musulmanes es una temporada de reflexión, de encuentro con los seres queridos y de caridad con el otro, explica Reema. Gaza vive su tercer Ramadán desde el inicio de la guerra en octubre de 2023, pero esta vez tiene lugar en medio de un frágil alto el fuego, que permite a los palestinos juntarse y compartir una mesa llena de comida.

"Antes era un festivo que movilizaba a todo el barrio, ahora lo celebramos sobre todo por los niños, porque hay que seguir adelante", explica Reema. "Antes cada vecino traía algo de casa pero ahora cocinamos juntos porque no tenemos hogar. Hacemos lo que podemos. Ahora hay más comida en el mercado, pero es muy cara", describe.

"Es una situación que no es nada normal. Claro que se han logrado ciertos avances durante el alto el fuego, la caída de los índices de desnutrición lo indican. No avanzar hacia el exterminio total es bueno, pero el territorio está como en pausa, no hay mejoras", explica a este periódico David Noguera, médico de Médicos sin Fronteras (MSF) que acaba de regresar de Gaza. "La tregua ha impactado mucho a la población porque todo este tiempo han estado corriendo, huyendo. Ahora es cuando tienen un momento de pausa para pensar, para crear cierta estabilidad en sus vidas", señala.

El alto el fuego ha dado paso a una nueva realidad en el enclave, en la que los palestinos viven hacinados en el 53% del territorio, mientras que Israel ocupa el 47% restante, en una zona delimitada por la llamada 'Línea amarilla', una frontera apenas marcada por unos postes en la que civiles han sido disparados por cruzar sin darse cuenta. Desde el inicio de la tregua, 600 palestinos han muerto en ataques israelíes.

"Es un alto el fuego con actividades militares", describe desde Gaza Michail Fotiadis, coordinador de emergencias de MSF. Con el 83% de los edificios destruidos o inhabitables, miles de palestinos intentan rehacer su vida sin electricidad, viviendo en tiendas de campaña improvisadas, compartiendo baño con decenas de personas y haciendo colas diarias para poder comprar comida.

"Hay más comida, más fruta en los mercados, pero nada más ha cambiado. El sufrimiento sigue porque la gente vive en situaciones extremadamente precarias. Cuando decimos tiendas de campaña, no es ni siquiera una tienda, son plásticos cubriendo edificios derruidos, maderas, que se inundan con cualquier lluvia", explica Fotiadis.

Noguera alerta de que "todos los sistemas están por iniciar", desde el de salud, a la educación, gobernanza o urbanismo. "El tráfico, las calles... es difícil saber por dónde empezar", describe. La falta de cobijo, salubridad y la extensión de los escombros ha provocado que se disparen las enfermedades cutáneas y respiratorias en el enclave. Sin embargo, la tregua también ha permitido a los sanitarios restablecer programas de seguimiento para pacientes crónicos y embarazadas.

"Nosotros también tenemos más materiales, pero seguimos con limitaciones masivas. No nos dejan entrar (a Gaza) ciertas medicinas, materiales de construcción y eléctrico para hospitales. Es curioso porque han aparecido muchas de estas cosas en el sector privado, en el mercado negro, porque como siempre en las guerras hay gente que se hace rica", explica Noguera. "Todas las cremas que llevan glicerina están prohibidas porque (Israel) cree que se puede destilar para hacer bombas. Tampoco nos dejan entrar sillas de ruedas. Este tipo de cosas sin sentido", denuncia.

Desde principios de año, MSF es una de las 37 ONG que se enfrentan a la prohibición israelí de acceder a Gaza, por negarse a cumplir con una nueva ley de registro israelí, en la que deben compartir datos de los trabajadores de la organización. Pese a que la medida no se ha aplicado aún por completo, MSF denuncia que cada vez se limita más su trabajo en el enclave, impidiendo el ingreso de trabajadores a Gaza desde enero y el envío de medicinas.

"Como otras organizaciones humanitarias, durante toda la guerra hemos tenido problemas para trabajar en Gaza, pero desde enero no podemos traer más medicamentos", denuncia Fotiadis. "Tampoco staff especializado. Los que se encontraban en Gaza han tenido que doblar rotación. Ahora estamos utilizando lo que tenemos, pero algún día no vamos a tener más", denuncia.