Entrevistamos a Natalia Sánchez: "Este mundo quiere que trabajes como si no fueras madre y que seas madre como si no trabajases"
Todos la recordamos siendo Tete en Los Serrano, la niña pizpireta que se coló en nuestras casas y en nuestro corazón. Hoy, Natalia Sánchez ha crecido y lidera Sueños de libertad, la serie diaria más vista de la televisión que celebra 500 episodios y dos años de emisión en las sobremesas de Antena 3. Entre cámaras y rodajes, nos abre las puertas a su día a día como actriz y madre de Lía y Neo, de 7 y 5 años, sus dos hijos fruto de su relación con Marc Clotet, y confiesa a ¡HOLA! cómo compagina la intensidad de la profesión con la vida familiar entre sacrificios, prioridades y momentos que solo se viven entre bastidores.
¿Cómo te sientes, Natalia?
Celebrando 500 episodios y los que quedan, porque ya llevamos cien más grabados. Es emocionante poder seguir contando historias y dando vida a Begoña. Y que Sueños guste tanto... es un chute de energía.
Se te ve feliz
¡Cómo no vas a estarlo! Es un cumpleaños, seguimos dos años más tarde con todo lo que implica. Esto es muy bonito pero sabemos cómo es el día a día, el sacrificio personal que supone, el profesional... no solo de ti sino de todo tu entorno, y se agradece que por lo menos guste y que funcione y siga entreteniendo.
¿Cómo llevan tus hijos que pases tantas horas en el plató?
En cuanto a horario, a quien es madre y trabaja, no le queda otra. Este mundo quiere que trabajes como si no fueras madre y que seas madre como sino trabajases. Es así; afortunadamente, la productora lo tiene muy en cuenta. Hemos tenido varias compañeras que han tenido o van a tener bebés y les han puesto alfombra roja para que disfruten y para que vuelvan. Eso se agradece mucho porque somos unas privilegiadas, aunque esto tendría que ser la norma. Los peques me echan de menos igual que yo a ellos, como es lógico, porque al final son muchas horas.
¿Entienden que es tu trabajo?
No, creo que ningún niño lo hace. Te pueden decir que sí, pero luego te preguntan por qué, te dicen que las madres de sus amigos no trabajan tanto o que el fin de semana no se trabaja. Tienes que intentar compensar de alguna manera cuando estás con ellos aunque estés muy cansada y ellos no lo entiendan, ese es el peaje y lo asumo. Estoy agotada, pero ellos no tienen la culpa y a veces está bien que sean conscientes de que estoy cansada porque la vida es eso. A mí me gusta que vean que me encanta mi trabajo, que adoro lo que hago y que soy y me siento una afortunada. Creo que es un gran ejemplo para ellos. Pero sí, es complicado.
En Instagram vemos que lo compaginas muy bien y que te levantas muy temprano para hacerles galletas, por ejemplo
No siempre puedo, pero sí estiro los días todo lo que puedo como si fueran chicles. Igual no he podido verles por la mañana, pero cuando vean la galleta saben que la he hecho yo. O si les pongo una notita es como un intercambio de tiempo. O les escribo algo en la merienda del cole, ahora que ya saben leer. A mi me gustaba que mi madre hiciera eso y yo lo hago con mis hijos.
¿Te los has llevado al set?
Solo han venido dos veces al rodaje y les encanta. Estaban como dos corderillos porque les dije que había que estar en absoluto silencio (risas). Eran muy pequeños pero les encantó. Lía siempre me pregunta si le hablo al libro o a ella cuando estoy pasando el texto en el salón. Le gusta mucho y me pide darme la réplica, sobre todo en las escenas con la niña; son las que puede hacer porque hay algunos textos que son muy duros para ella.
¿Les llama este mundillo?
A Lía mucho, a Neo no. Pero a ella le encanta, pregunta mucho y entiende el código, que es algo que me alucina. El niño también se interesa cuando cuento cosas de la trama, pero hay que tener mucho cuidado porque luego lo suelta todo (risas). Por ejemplo, he estado callada durante meses porque mi personaje estaba embarazada y hablaba con Marc en clave. No les podía decir nada, porque si le contaba que había grabado con un bebé, me preguntaban: “¿y eso?” y tenía que inventarme alguna cosa. Neo, cuando cuento algo de lo que pasa en la serie, me pregunta si es de verdad cada dos por tres, porque son cosas muy fuertes que le sorprenden, y tengo que aclararle que no, que es la trama (risas).
¿Qué le pasa a Begoña que tiene tan mal ojo para los hombres?
¡Buena pregunta! Yo también me lo cuestiono (risas). No lo sé. Tengo amigas que repiten y tropiezan dos o tres veces con la misma piedra, a todas nos ha pasado. Es humano errar y es humano hacerlo en el mismo sitio. Es cierto que tú no eres la misma persona si vas sumando cosas en la vida, afortunadamente, y te vas dotando de herramientas. Tenemos los patrones bastante claros, en lo bueno y en lo malo. A Begoña le pasa que se la han vuelto a jugar y se ve atrapada con un bebé y una niña, que encima legalmente pertenece a Gabriel. En la época en la que están es muy difícil la situación. Hay muchas veces que, cuando hacemos secuencias de estar en casa como el típico matrimonio enfadado que se sostiene por los hijos, te hace tener una lectura para mí muy clara de que no merece la pena. Pero eso a día de hoy; en aquel momento no se podía elegir.
No quedaba otra opción que mantener las apariencias y aguantar, ¿no?
Sí, y lo importante que es para los hijos, porque ellos aprenden a relacionarse con lo que ven de sus padres. Yo voy a intentar darles el ejemplo de que no tengo que estar con una persona hasta que me muera si no nos hacemos felices o no nos tratamos bien. Es difícil, pero me gusta estar dando vida a esta Begoña que es más peleona, que no se calla, que tiene muy claro hasta dónde no va a llegar, cuáles son sus límites... Va aprendiendo, pero poco a poco.
Tu personaje sufre mucho y es algo que te pasaba factura a ti personalmente, ¿has aprendido a poner distancia?
La trama que tengo ahora no tiene maltrato físico, pero sí que hay secuencias muy duras, porque pasan cosas muy fuertes con los niños, donde a tu cuerpo le cuesta discernir entre lo que es real y lo que no. Eso agota, lógicamente. Cuando tenemos escenas difíciles intentamos echarle mucho humor, con Xenia (Tostado), por ejemplo, riendo y diciéndonos: "¡Madre mía la que te he soltado!". Pero sí, a nivel emocional, claro que cansa.
Y seguro que sales pensando en la suerte que tienes de no tener una vida como la de Begoña.
Sí, es que casi cualquier vida es mejor en comparación con todo lo que pasa (risas). Cuando piensas que no puede sucederle nada más, pues sí, pasa. Y es que tienen muchos ases en la manga. Es una suerte, lo pasamos muy bien aunque es duro. Ahora han entrado personajes nuevos y me lo paso pipa. Echo mucho de menos a mis compis porque empezamos siendo una familia y lo seguimos siendo fuera., tenemos contacto con todos. Hicimos muy buena piña al principio y eso lo seguimos manteniendo. Pero creo que las compañeras que han llegado… Xenia es un regalo de la vida, Itziar (Atienza) me está gustando mucho... han sabido, no solo adaptarse, sino también coger las riendas y lanzarse. Lo ponen muy fácil.
Ha vuelto un personaje muy querido, Fina, al que da vida Alba Brunet. ¿Cómo ha sido el reencuentro?
Maravilloso porque quiero muchísimo a Alba, tenemos relación fuera y con su chico también. Me ha hecho mucha ilusión tenerla allí y conocer a su bebé, que lo lleva al set y es un niño maravilloso. Es una suerte que te permitan trabajar y tener al peque, pese a que es un sacrificio para su núcleo familiar. Pero está ahí y es un regalo que esté.
¿La gente te sigue llamando Teté por la calle?
Sí (risas). Es que nunca se ha dejado de ver Los Serrano. Las hijas de mis amigas empiezan a verla ahora y cada día, desde hace un par de años, recibo mensajes de alguna: “Mándame un vídeo para mi hija o para mi sobrina, o un audio”. Y me encanta que guste. Creo que hay algo en la cotidianidad de esa ficción costumbrista, familiar… que conecta mucho y que yo siempre recomiendo verla en familia. Me hace muchísima ilusión que se vuelva a descubrir.
Me llaman Teté y Begoña, que es lo bonito de esto, porque significa que siempre hay algo que contar y que son personajes diferentes. Es un regalo que me acompañe toda la vida y que siga haciéndolo con nuevas generaciones. Igual que Sueños de libertad, que la ven muchas familias, muchas abuelas que van a buscar a los niños al cole y tienen ese momento de conexión, esa liturgia de estar los dos frente al televisor viendo lo mismo. Tiene un ritual precioso.





