¿Es tan malo que se retracten?
En los últimos años, en muchos campos, estamos en un problema porque queremos creer en ideas que empatan con las nuestras aunque haya evidencia que nos las desmienta.
Es un fenómeno general que vivimos en la época de las redes sociales y el acceso indiscriminado a la información, pero también es un problema con mucho más fondo porque la práctica se repite en los gobiernos y las autoridades que están en la toma de decisiones.
En enero de este año, el periódico The Sunday Times, un diario en Reino Unido reportó que las revistas científicas retiran cerca de 500 artículos al mes debido a que cuentan con datos sesgados, falsos e imprecisos, o bien, porque son un plagio de algún otro artículo publicado.
En los últimos años, ha habido un incremento en el número de artículos que tienen que ser rectificados y la frecuencia con la que los boletines de ciencia han tenido que modificar sus publicaciones.
El artículo cita la investigación y el seguimiento de un grupo de periodistas de ciencia que fundaron Retraction Watch, un sitio que marca y rastrea todos los artículos de los que se han retractado en las publicaciones de ciencia.
La base de datos alcanza los 63 mil retiros de publicaciones en distintos boletines de ciencia. Entre ellos hay estudios relacionados con algunas causas de autismo, algunos sobre investigaciones relacionadas con las causas de cáncer. La lista de retiro de publicaciones que tienen que ver con investigaciones sobre Covid-19 llega a unos 640 artículos.
Incluso hay una lista de 22 ganadores del Premio Nobel que retiraron alguno de sus artículos después de una revisión minuciosa o después de notar que sus conclusiones son falsas.
La rectificación y la revisión es parte del proceso científico, es parte de la construcción del conocimiento y llegar a conclusiones distintas después de ampliar algunos estudios o bien después de descubrir ciertos sesgos no puede ser otra cosa más que parte del proceso.
Sin embargo, también deberíamos hacernos responsables de saber que no hay verdades absolutas. No solo nosotros como ciudadanos de a pie, sino también quienes están a cargo de tomar decisiones de políticas públicas, en especial aquellas que tienen que ver con la salud.
Para poner un ejemplo de la relevancia que tiene este fenómeno podemos hablar de las consecuencias que vivimos en este momento por el brote de sarampión a nivel mundial.
El artículo que dio inicio al movimiento moderno antivacunas viene de un artículo que fue desmentido y retirado después.
El reclamo evidentemente viene hacia la comunidad científica y parte de la metodología, pero también es una bandera roja que debe ponerse frente a los gobiernos y las instituciones para revisar más de dos veces las fuentes de consulta.
Porque y aquí viene la duda genuina: ¿cuánta salud estamos dispuestos a perder por decisiones tomadas a partir de datos desmentidos? Una política orientada a verificar los datos podría ahorrarnos algunos millones de pesos y dolores de cabeza.
@Micmoya