Este es el rasgo de personalidad que comparten las personas más longevas, según Harvard
No tenemos aún la fórmula inequívoca de la longevidad. Sabemos que nuestros hábitos influyen. Que la dieta, el ejercicio, nuestras costumbres pueden determinar que gocemos de mejor salud, enfermemos menos y, por lo tanto, vivamos más. También influye la genética. Aunque, como dicen los que más saben sobre longevidad y genes, no es determinante. Pero hay un rasgo que comparten las personas que más viven y que, además, viven mejor. Hablamos de tener una vida social rica, es decir, ser socialmente activos.
Esta es la conclusión del mayor estudio realizado sobre bienestar y longevidad. Se trata del Harvard Study of Adult Development que ha recogido durante 80 años datos de cientos de participantes. Tras analizar los resultados, la investigación ha visto que las conexiones humanas profundas y estables son un factor fundamental para la salud física, el bienestar y la longevidad. En otras palabras, más allá del dinero, la fama o incluso ciertos factores genéticos, las relaciones personales que cultivamos (familia, amistades significativas, comunidad) tienen un impacto muy potente en cómo envejecemos y cómo nos sentimos a lo largo de la vida.
Para saber por qué es tan importante tener un sostén social y qué significa cultivar estas relaciones, hemos hablado con la psicóloga Rebeca Cáceres (@rebecacaceres_), autora del libro El éxito de ser tú (Editorial Aguilar). Esta experta nos ha revelado aspectos muy interesantes sobre cómo son las buenas relaciones de amistad y nos da consejos para hacer nuevos amigos incluso en la edad adulta.
La importancia de tener una buena red social
Tener red social es importante porque somos seres sociales interdependientes. La conexión social reduce el sentimiento de soledad, brinda apoyo emocional y permite la autoexpresión.
Cuando compartimos lo que nos preocupa, lo que nos ilusiona o incluso lo que nos enfada, nuestras emociones se ordenan. Hablar con alguien de confianza reduce la sensación de carga interna y nos permite tomar distancia de los problemas.
Las relaciones nos dan algo muy importante que es la sensación de pertenencia. Saber que contamos para alguien y que alguien cuenta para nosotros tiene un impacto directo sobre nuestra percepción del mundo, de los demás y de nosotros mismos.
Además, una red social en la que se fomenten los vínculos de seguridad es un espacio garantizado en el que poder ser uno mismo sin tener que estar demostrando nada y esa sensación de seguridad y de poder ser quién uno es son claves fundamentales del bienestar.
Cómo hay que cuidar las relaciones
No es necesario tener muchos amigos ni verse constantemente. Lo que sí es necesario es cultivar la amistad. Las relaciones, como cualquier vínculo significativo, requieren cuidado. No hace falta contacto diario, pero sí cierta intención: interesarse, preguntar, proponer un plan de vez en cuando, estar disponible en momentos importantes.
El ritmo de la vida adulta hace normal que no podamos vernos tanto como muchas veces quisiéramos. Las responsabilidades que tenemos y la manera de organizar la vida cambian las dinámicas. Sin embargo, sí es importante entender que dejamos de implicarnos de manera prolongada en una relación, amistad, esta tiende a debilitarse porque el vínculo necesita presencia, aunque no sea física. Por eso, no se trata tanto de la frecuencia sino de la implicación en la relación. Las relaciones de amistad que perduran no son las que se ven más, sino las que se cuidan, las que mantienen un vínculo de seguridad.
¿Por qué nos cuesta hacer nuevas amistades de adultos?
Es cierto que cuesta más hacer amigos en la adultez. Cuando somos jóvenes, vivimos en escenarios donde la conexión es casi inevitable: el colegio, la universidad, los primeros trabajos, las actividades extraescolares, incluso los grupos de padres cuando hay hijos pequeños. Cada etapa trae contextos nuevos que, casi por inercia, facilitan conocer gente.
En la adultez, sin embargo, ya no existen esos “septiembres” que nos renuevan el círculo social. Nuestra vida se estabiliza: tenemos una rutina, un entorno definido y menos espacios nuevos donde coincidir de forma espontánea con otras personas.
Además, nuestras prioridades cambian. Muchas veces estamos más centrados en nuestra vida profesional, en la pareja, en nuestros amigos o en la familia, y no siempre dejamos espacio consciente para crear nuevos vínculos.
Y hay algo más importante: con los años dejamos de buscar encajar a cualquier precio. Ya no queremos gustar a todo el mundo ni adaptarnos a todo. Empezamos a relacionarnos desde la coherencia con lo que somos y con los valores que tenemos. Buscamos afinidad real, no simple compañía.
Por eso el filtro de la amistad se estrecha. No porque seamos menos capaces de conectar, sino porque somos más selectivos y más conscientes de qué tipo de vínculo queremos en nuestra vida.
Consejos para hacer más amigos y mejorar tu nivel de sociabilidad
Aún así, hacer nuevas amistades y tejer una buena red social que nos ayude a sentirnos mejor no es imposible en la red adulta. Alguien que quiere nuevas amistades ha de comportarse como alguien que está abierto a ellas.
- Amplía tus entornos. Apúntate a actividades que realmente te interesen: cursos, deporte, asociaciones, voluntariado. Compartir intereses facilita la conexión.
- Deja de esperar a que te incluyan. Si quieres un plan, proponlo. Si quieres conexión, inicia la conversación.
- Repite exposición. No basta con ir una vez a un curso o a una actividad. Acudir varias veces al mismo lugar aumenta las oportunidades de generar confianza. La familiaridad crea cercanía. La amistad necesita repetición.
- Practica la escucha activa. Mostrar interés genuino por la otra persona favorece que la relación se profundice.
- Si alguien no muestra interés, déjalo. Acepta que no todas las conexiones prosperan. No lo fuerces. No lo interpretes. No lo persigas. No todas las personas encajan, y eso es normal. La amistad también implica compatibilidad. Si no hay reciprocidad, ahí no es. Hay más personas con las que establecer un vínculo recíproco.
- Cambia la narrativa. Si te dices “ya es tarde para hacer amigos”, tu cerebro va a buscar pruebas que lo confirmen. Rompe con esa creencia limitante y enfoca tu energía en lo que de verdad quieres que es tener nuevas amistades.
- Cuida las relaciones que empiezan. Un mensaje, una invitación o recordar algo que la otra persona contó son pequeños gestos que consolidan el vínculo.






