Gijón, el refugio emocional donde Lara Álvarez cura el mal de amores: playas, sidra y recuerdos en su ciudad natal
Tras su ruptura con Perico Durán, con quien había decidido darse una tercera oportunidad, Lara Álvarez afronta ahora un nuevo desafío profesional: participará como concursante en la séptima edición de El Desafío, el programa extremo de Antena 3 lleno de pruebas cargadas de adrenalina. Allí tendrá la oportunidad de demostrar, una vez más, su capacidad para superar límites. Entre proyecto y proyecto, la asturiana siempre vuelve a Gijón, su refugio personal donde encuentra calma y fuerza para enfrentarse a nuevos retos con valentía.
Para Lara Álvarez pasear con sus perros Lúa y Noah —y antes de ellos con Chocolate— por la playa de San Lorenzo de Gijón es uno de los “placeres de la vida”. Casi dos kilómetros de paseo marítimo, entre la iglesia de San Pedro y la desembocadura del río Piles, que se extiende más allá por la senda costera de El Cervigón y lleva a otras playas como las del Rinconín, Serín o la de Peñarrubia. Para bañarse, hacer surf, tumbarse al sol o pasear, la vida de la ciudad discurre en torno a ella. Imprescindible en cada escapada de la periodista, ya sea sola o acompañada de sus padres y su hermano Bosco.
LA IGLESIA DE SAN PEDRO
La imagen de este templo asomado al Cantábrico y a los pies del barrio de Cimadevilla es “para todos, una postal preciosa. Para mí, veranos en la escalerona en familia, de paseos por el muro, de cangrejos en el pedrero…”, dice Lara Álvarez. Inspirada en los templos del prerrománico asturiano, fue en esta iglesia donde se celebró la boda de Cayetano Rivera con Blanca Romero, otra gijonesa de pro.
Muy cerca del templo y junto a una estatua de Augusto están las Termas Romanas de Campo Valdés, consideradas el yacimiento más importante de todo el norte de España, por las que caminar, literalmente, para entender los orígenes de la ciudad. La visita a estos baños públicos del tipo pompeyano-campano se admiran sus distintas estancias: apodyterium (vestuario), frigidarium (sala fría), tepidarium (sala templada), alveus (piscina de agua caliente) y, lo más curioso, el sudatio, la sala de sudoración, de planta circular.
CUESTA DEL CHOLO
En Gijón hay cuestas que suben y bajan, pero la del Cholo no es una cuesta más, es una de las calles empedradas y empinadas con más encanto del barrio de Cimadevilla y de la ciudad, donde se socializa al aire libre con sidra escanciada en cuanto el sol asoma por encima del espigón. “Sidra, ambiente y atardeceres espectaculares frente al muelle. Uno de los puntos de encuentro de la tarde-noche gijonesa. En mi época, allí se empezaba el viernes o sábado y se cerraba (en La Habana o el Bulevar)”, dice la presentadora. Hoy, le gusta disfrutar de las pizzas de Crettino, en la calle de las Cruces.
EL MUELLE
Para Lara Álvarez, el puerto deportivo de Gijón es el paseo obligado, pero pasando por ‘las letronas’ —el anagrama con letras rojas que forman el nombre de la ciudad—, la punta Liquerique —un saliente rocoso de la costa—, el histórico barrio de Cimadevilla y sus innumerables sidrerías y restaurantes donde “disfrutar de una buena sidra y las parrochinas, las croquetinas o el pescadín fresco del día”. En el muelle también se ve el Árbol de la sidra, formado por 3200 botellas de vidrio verde y el trajín de sus barcos entrando y saliendo a la mar del puerto, que queda en pleno centro de la ciudad.
LA LLOCA DEL RINCONÍN
Justo al final de la playa de San Lorenzo, a la altura de la escalera 17 del muro, como llaman los gijoneses al paseo marítimo, donde empieza el tramo más natural, ya camino de La Providencia, está uno de los lugares que Lara Álvarez recomienda para ver el atardecer. Aquí se encuentra la escultura de la madre del emigrante, (popularmente conocida como “la lloca del rinconín”), una emotiva y simbólica obra que “representa a una madre asturiana con el brazo extendido hacia el mar, en una despedida eterna a sus hijos que emigraron en busca de un futuro mejor. Homenaje a todas las madres que vieron partir a sus seres queridos”.
LA PLAZA MAYOR
Cruzándola un día cualquiera, es fácil encontrarse con Lara Álvarez o con cualquiera vecino en esta preciosa plaza porticada, una de las más bonitas de España, situada en la parte baja del barrio de Cimadevilla, junto al paseo de San Lorenzo. El espacio lo diseñó en el siglo XIX Andrés Coello y hoy concentra la vida cotidiana de Gijón, con sus chigres y tiendas que frecuentan los gijoneses. Presidiéndolo está el edificio del Ayuntamiento, desde cuyo balcón la actriz dio el pregón de fiestas en 2016.
EL JARDÍN BOTÁNICO ATLÁNTICO
Si hay un espacio verde en el que le gusta perderse a Lara Álvarez es este espacio verde situado en Cabueñes, a 2 kilómetros del centro de la ciudad, con un repertorio de casi 30.000 plantas y hasta 2000 especies diferentes y que guarda en su interior la carbayera (robledal) de Tragamón, un bosque de árboles centenarios declarado monumento natural. En verano hay música en directo en la Terraza del Botánico y espectáculos para disfrutar en familia.
DE COMPRAS POR EL CENTRO
Por su estética, en la onda de cualquier capital europea, pero sobre todo por sus modernas propuestas ‘made in Asturias’, el centro de la ciudad –las calles Corrida, La Merced, Begoña, Instituto, San Bernardo o Buen Suceso– está lleno de galerías de arte, tiendas de delicatessen y boutiques únicas abiertas por jóvenes diseñadores, es el Soho de Gijón. Aquí están la romántica tienda de cosmética Elle est belle (elleestbelle.es), La Sombrerería (La Merced, 32) y la Galería Llamazares (galeriallamazares.com). Más allá, en el número 2 de la calle Conde de Guadalhorce, Bonaire (bonairegijon.es), una tienda pequeñita, con ropa casual de aire fresco y estilo hippie que gusta mucho a Lara Álvarez.
GOLF EN LA LLOREA
Ha saltado en helicóptero sobre los cayos de Honduras y se prepara para nuevos retos en El Desafío, pero a Lara Álvarez también le gusta disfrutar de experiencias más tranquilas cuando llega a casa y está con sus amigos, como la de jugar al golf. Una actividad que realiza en el campo municipal La Llorea, ubicado en una rasa costera elevada sobre el mar. En el mismo complejo se ubica el hotel Oca Palacio de la Llorea, con spa y restaurante.










