Crear un rincón de lectura es, en realidad, diseñar un refugio. Tu refugio. Un espacio que invite a detener el ritmo vertiginoso del día a día. Imagina ese momento: te acomodas, abres las páginas de tu revista favorita, te informas de la actualidad en un diario o te sumerges en aquel libro que no puedes soltar.
Estos espacios funcionan mejor cuando combinan comodidad auténtica, gracias a la luz bien pensada, a texturas que abrazan y, también, a esos pequeños detalles decorativos con los que tanto te identificas. En esta guía descubrirás cómo crearun rincón de lectura apacible, acogedor y absolutamente tuyo.
Salvo que seas una persona que vive sola y puedes tener controlado el ruido en casa, antes incluso que buscar un rincón bañado por la luz natural, una cuestión crucial es que el lugar escogido no sea bullicioso. Procura escoger un área alejada de ruidos, como un distribuidor o un pasillo ancho, un dormitorio de generosas dimensiones, una esquina del despacho o, incluso, un pedacito del salón. Por supuesto, si puedes situar la butaca cerca de luz natural, tendrás la combinación perfecta para perderte en la lectura en la mejor ubicación posible.
En la propuesta, la interiorista Natalia Zubizarreta ha creado el rincón de lectura perfecto para dos: un espacio íntimo al calor de una chimenea de leña, protagonizado por dos butacas a medida con reposapiés tapizadas en bouclé de Gastón y Daniela. Comodidad compartida junto al fuego.
El asiento es el corazón del rincón de lectura. ¿Opciones que funcionan? Una butaca amplia de silueta envolvente, un sillón orejero de efecto protector o, si cuentas con los metros, una chaise longue. Si te decantas por un sillón, acompañarlo con un reposapiés (cuando el espacio lo permite) siempre suma puntos.
En la imagen vemos el modelo 'Egg', de Fritz Hansen, la butaca icónica diseñada por Arne Jacobsen en 1958. Sus formas envolventes atrapan todo el cuerpo creando una agradable sensación de bienestar, por lo que es perfecta para lecturas prolongadas.
Un detalle que marca la diferencia: elige un asiento lo suficientemente generoso como para poder moverte, girarte o incluso compartir espacio con una manta y un par de cojines. La comodidad real no es estética, es física. La clave para saber si has acertado con la elección del asiento es simple: si te apetece quedarte horas, es la pieza adecuada.
El mobiliario auxiliar es el que convierte un rincón de lectura bonito en uno verdaderamente práctico. Una mesita lateral resulta (casi) imprescindible para apoyar el libro, una taza de té o las gafas, y también puede servir de base para una lámpara puntual. A su alrededor, estanterías ligeras, baldas flotantes o librerías abiertas (incluso con frentes acristalados) permiten organizar libros y revistas sin sobrecargar visualmente el ambiente.
Si el espacio exige versatilidad, conviene apostar por piezas móviles o multifuncionales: un carrito con ruedas facilita redistribuir el conjunto según las necesidades, y un banco con almacenaje integrado suma capacidad sin añadir volumen.
En definitiva, la clave está en prever suficiente espacio para guardar y clasificar, de modo que el orden forme parte de la experiencia y el rincón conserve siempre su atmósfera serena.
Secretos para acertar con la iluminación del rincón de lectura
Es el momento de insistir en que lo ideal es aprovechar la luz natural siempre que sea posible. Situar el rincón cerca de una ventana no solo potencia la sensación de calma y amplitud, sino que también ofrece la mejor calidad lumínica durante el día.
Respecto a la luz artificial, aquí entra en juego la temperatura de color. Evita las luces frías o blancas, pues las bombillas de luz cálida, entre 2.700 K y 3,000 K, no fatigan la vista durante largas sesiones de lectura.
En cuanto a las luminarias, apuesta por una lámpara de pie o un foco direccional que puedas orientar directamente hacia el libro. Como complemento, una luz ambiental secundaria (una lámpara auxiliar o una tira LED discreta detrás de la estantería) suma atmósfera sin restar protagonismo al punto de lectura principal.
Los textiles son el alma sensorial de un rincón de lectura. Lo primero que notas es el tacto: la suavidad de un cojín sedoso o aterciopelado, la calidez de una manta de lana sobre las piernas, la sensación mullida de una alfombra bajo los pies descalzos. Estos elementos crean ese efecto de refugio que hace que quieras quedarte horas.
Pero además de abrazar, los tejidos tienen otras propiedades destacables. Las cortinas gruesas, las alfombras mullidas y los tapizados densos absorben las ondas sonoras y amortiguan los ruidos del entorno. Esto es especialmente útil si el rincón está en una zona con cierto tránsito doméstico o cerca de ventanas que dan a la calle. Aparte, también actúan como barrera térmica. Una alfombra generosa bajo el asiento evita la sensación de frío que transmiten suelos de baldosa o piedra, mientras que los plaids permiten regular la temperatura corporal sin necesidad de modificar la calefacción.
Ten en cuenta que cuantas más capas textiles sumes, más envolvente y confortable será el espacio, como demuestra este íntimo rincón de lectura incorporado a un dormitorio por la interiorista Pia Capdevila.
Piensa en otros sentidos como el olfato y el oído, para crear una experiencia sensorial más completa. Por ejemplo, en un rincón de lectura, las velas aromáticas o los difusores de aceites esenciales añaden un plus que va más allá de lo visual y lo táctil. Eso sí, elige fragancias suaves que no saturen el ambiente, como hace la interiorista Raquel González, quien enriquece el espacio con unos suaves textiles y unas velas aromáticas para candelabros.
Si deseas que el sonido complete el conjunto, una buena idea es reproducir sonidos naturales (como de lluvia o el cantar de los pájaros), pues reduce el estrés y mejora el estado de ánimo. Incorporar música instrumental suave, también puede transformar el ambiente favoreciendo tanto la concentración como el bienestar emocional.
Dado que un rincón de lectura no es solo un espacio funcional, sino que constituye una zona emocional, resulta fundamental que refleje quién eres y te transmita ese sentido de pertenencia que convierte un lugar en tu lugar. Integra objetos que cuenten tu historia: una fotografía enmarcada, un recuerdo de un viaje, una figura heredada, un jarrón artesanal...Estos elementos crean un vínculo afectivo con el espacio.
Si te decantas por integrar arte, apuesta por piezas en pequeño formato que aporten carácter sin saturar: ilustraciones, grabados, frases tipográficas o fotografías enmarcadas con tonos suaves o, si lo prefieres, esculturas de pequeño formato. Evita elementos demasiado estridentes o que compitan visualmente con la calma que pide esta zona de la casa. El secreto está en que cada detalle hable de ti, que el rincón respire tu personalidad y tu legado, pero sin convertirse en un museo.
Terrazas y jardines: los nuevos santuarios para tus ratos de lectura
Leer al aire libre potencia la experiencia lectora. El contacto con la naturaleza, la luz solar cambiante, la fragancia de algunas plantas y flores y el murmullo ambiental construyen una atmósfera sensorial difícil de reproducir en los ambientes interiores. Por eso, si habilitas un rincón de lectura en la terraza, el jardín o incluso en un balcón bien acondicionado, es muy probable que termine convirtiéndose en tu espacio favoritode la casa.
En exterior tienes que elegir mobiliario resistente a la intemperie que no sacrifique comodidad. Además, procúrate sombra natural (con una pérgola con plantas enredaderas o la copa de un árbol frondoso) o gracias a un toldo.
Libertad y fantasía en los rincones de lectura infantiles
Por último, queremos hablarte de los rincones de lectura infantiles y advertirte que responden a otros códigos. Aquí la rigidez no tiene cabida: los niños pueden sentarse en una hamaca colgada del techo, acomodarse en una mecedora, tumbarse directamente sobre una alfombra mullida con cojines esparcidos o colocarse en un puf que les permita moverse con libertad. El objetivo es crear un espacio que les invite tanto a explorar como a jugar, donde sumergirse en un cuento o una novela infantil sea una experiencia lúdica y no una obligación. Aquí todo es más flexible, más libre, más sorprendente.
Olvida las estanterías rígidas y apuesta por cestas o baúles a ras de suelo, donde ellos mismos puedan rebuscar, elegir y devolver sus libros, cuentos o cómics. Añade elementos lúdicos irresistibles: un mapamundi ilustrado en la pared, peluches que hagan compañía, una guirnalda de banderines o, incluso, una pequeña pizarra donde puedan dibujar las historias que acaban de leer. Un rincón infantil bien diseñado no solo despierta el amor por la lectura, sino que se convierte en su pequeño territorio de imaginación y descubrimiento. Un lugar al que querrán volver una y otra vez porque allí, simplemente, todo es posible.