Keir Starmer, en la cuerda floja por el 'caso Epstein'

Keir Starmer, en la cuerda floja por el 'caso Epstein'

Actualizado

En Estados Unidos, el escándalo de la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein no ha provocado ni una sola dimisión ni en el mundo privado ni en el Estado. Pero en el Reino Unido podría causar esta semana la caída del jefe del Gobierno, el laborista Keir Starmer.

El primer ministro presentó hoy, domingo, la última línea de defensa al forzar la dimisión de su jefe de gabinete y hombre de la máxima confianza, Morgan McSweeney, que asumió "plena responsabilidad" por el nombramiento del ex ministro con Tony Blair y personalidad cercana a Epstein Peter Mandelson como embajador en Washington.

La salida de McSweeney del equipo del primer ministro, sin embargo, no garantiza que la tormenta haya pasado. Muchos laboristas, especialmente del ala izquierda del partido, quieren que el primer ministro dimita, y ni siquiera están dispuestos a esperar a la catástrofe electoral que se les avecina en las elecciones locales de mayo para echarle. Los candidatos a sucederle tienen varias motivaciones, que van desde las personales a las ideológicas.

La mejor situada es la ex vice primera ministra con Starmer, Angela Rayner, que tuvo que dejar el cargo en septiembre por un escándalo financiero. Rayner está más a la izquierda de Starmer, pero en gran medida su deseo de reemplazarle está relacionado por el resentimiento que le causó la escasa ayuda que el primer ministro - entre cuyas cualidades no está la empatía - le mostró en su caída política. La mayor arma de Rayner es su control de gran parte de la bancada laborista en la Cámara de los Comunes.

Otro candidato con posibilidades es el ministro de Sanidad, Wes Streeting, que tiene una excelente imagen pública, aunque convencer a una parte de los diputados laboristas para que le voten será una tarea complicada, porque se sitúa, con Starmer, en el sector más conservador del partido. También tiene motivos para albergar esperanzas Ed Miliband, ministro de Medio Ambiente, que, sin embargo, ya fue candidato al cargo de primer ministro y sufrió una catastrófica derrota en 2015. Otros candidatos - el alcalde de Manchester, Andy Burnham, que es la 'estrella' de la izquierda, y la ministra del Interior, Shabana Mahmood, muy dura en inmigración - tienen muy pocas posibilidades.

Mandelson nunca tomó parte como cliente o invitado en la red de tráfico sexual de Epstein y su socia, la británica Ghislaine Maxwell, hija del empresario fallecido - y. según algunos, espía del Mossad - Robert Maxwell, que en la década de los ochenta compitió con Rupert Murdoch por el control de la prensa sensacionalista británica. Pero las revelaciones sobre sus vínculos con Epstein han puesto a Starmer en una pinza políticamente mortal.

O reconocía que Mandelson le había engañado y había ocultado sus vínculos con Epstein, o confesaba que, aunque sabía esa información, había decidido enviarle a Washington porque 'el príncipe de las tinieblas' -como se conoce al ex diplomático y ex ministro coloquialmente por su habilidad conspiratoria- era el hombre necesario para lidiar con el Gobierno de Donald Trump.

Con la primera respuesta, Starmer queda como un incompetente. Con la segunda, como un corrupto. Así que, lógicamente, ha recurrido a la tesis de que Mandelson le engañó. El problema es que, en su año y medio en el cargo, el primer ministro ha dado suficientes muestras de arrogancia, frialdad, desprecio por su propio partido y, en buena medida, por sus propios votantes, y capacidad para dejar a los pies de los caballos a sus colaboradores como para que no le dé pena a nadie. El Partido Laborista lleva meses en estado de semi rebelión por el desplome histórico de esa formación. Y muchos creen que ahora ha llegado la hora de cobrarse venganza bajo la forma de la cabeza política del primer ministro.