Laura Pazos, experta en sueño infantil: “Cuando un niño duerme mal de forma mantenida, solemos ver mayor dependencia emocional y más rabietas”
El sueño es fundamental para el correcto desarrollo de los niños y de los adolescentes, y la falta de este impacta notablemente en su día a día: el comportamiento, la atención en clase, la hiperactividad… son algunos de los posibles efectos del insomnio infantil. De hecho, ya en la adolescencia el sueño es “un verdadero factor protector de la salud mental”, tal y como nos indica Laura Pazos, psicóloga sanitaria infantil especializada en sueño, apego y trauma y directora de Sleepykids (@sleepykids_pro). ¿Cuáles son las causas que inducen al insomnio en niños y adolescentes? ¿Qué hacer para ayudarles a dormir lo que necesitan en función de su edad? La experta en sueño infantil nos lo cuenta.
¿El insomnio en los niños es igual al de los adultos o presenta características diferentes?
No es exactamente igual. En la infancia el insomnio suele estar más relacionado con la maduración del sistema de sueño y con el entorno: rutinas, horarios, seguridad emocional o cómo se acompaña el momento de dormirse. En los adolescentes se parece más al del adulto, pero con una diferencia importante: su reloj biológico se retrasa de forma natural, por lo que tienden a dormirse más tarde aunque tengan que levantarse pronto. Por eso, en estas etapas el sueño depende mucho de factores evolutivos, familiares y educativos, no solo biológicos.
Los niños con despertares nocturnos frecuentes presentan hasta cuatro veces más probabilidad de mostrar niveles altos de inatención e hiperactividad.
¿Cuáles son las causas que motivan el insomnio en los niños?
En la mayoría de los casos no hay una sola causa, sino varias que se combinan. Las más frecuentes son rutinas poco consistentes, horarios que no encajan con sus necesidades reales, sobreestimulación antes de dormir, uso de pantallas por la tarde-noche, inseguridad nocturna o formas poco sostenibles de conciliar o mantener el sueño.
Sabemos que los hábitos familiares influyen mucho: las rutinas estables se asocian con mayor duración del sueño, menos despertares y mejor calidad del descanso. De hecho, cuando se introducen intervenciones conductuales y de regulación, algunos estudios muestran mejoras de hasta una hora más de sueño nocturno.
También es importante recordar que aproximadamente uno de cada cuatro niños presenta problemas de sueño o no duerme lo que necesita, por lo que es una situación frecuente y abordable.
¿Y en los adolescentes?
En adolescentes aparecen factores muy característicos de esta etapa: retraso fisiológico del ritmo circadiano, uso nocturno de pantallas, estrés académico, horarios irregulares y consumo de cafeína o bebidas energéticas.
Hoy sabemos que casi 3 de cada 4 adolescentes duermen menos de las horas recomendadas en días escolares, lo que convierte la falta de sueño en un problema de salud relevante en esta etapa.
¿Cómo influye el insomnio en el bienestar emocional de los niños?
El sueño es una base directa de la regulación emocional. Cuando un niño duerme mal de forma mantenida solemos ver más irritabilidad, baja tolerancia a la frustración, mayor dependencia emocional y más rabietas. No hablamos de un problema de conducta, sino de un cerebro cansado que tiene menos capacidad para autorregularse.
Dormir bien mejora claramente el equilibrio emocional y la sensación de seguridad.
¿Puede impactar psicológicamente en los adolescentes?
Sí, y de forma muy significativa. La falta de sueño se asocia con mayor riesgo de ansiedad, síntomas depresivos, más estrés percibido y mayor reactividad emocional.
El descanso insuficiente afecta a las áreas cerebrales implicadas en el control emocional y la toma de decisiones, por lo que el sueño en esta etapa actúa como un verdadero factor protector de la salud mental.
¿Algunos problemas de conducta en niños están relacionados con la mala calidad del sueño?
Sí, es algo que vemos con mucha frecuencia. La falta de sueño o un sueño fragmentado puede provocar hiperactividad aparente, impulsividad, dificultades de atención o mayor oposición. En estudios longitudinales se ha observado que los niños con despertares nocturnos frecuentes presentan hasta cuatro veces más probabilidad de mostrar niveles altos de inatención e hiperactividad.
Muchas veces se interpreta como un problema conductual primario, cuando el origen es un descanso insuficiente.
El reloj biológico de los adolescentes se retrasa de forma natural, por lo que tienden a dormirse más tarde aunque tengan que levantarse pronto.
En el caso de los adolescentes, ¿puede estar detrás de conductas disruptivas o con peor rendimiento académico?
Claramente sí. El sueño es esencial para consolidar la memoria y el aprendizaje. Los adolescentes que duermen menos presentan peor concentración, más errores y menor rendimiento académico. Incluso pequeñas diferencias son relevantes: dormir 30 minutos más entre semana ya se asocia con mejoras en conducta y rendimiento.
Además, en España se ha observado que alrededor del 17 % de los niños acude a clase con sueño y un 4 % llega a dormirse en el aula, lo que refleja el impacto real del descanso insuficiente en el día a día escolar.
¿Cómo mejorar la calidad del sueño de niños y adolescentes con insomnio? ¿Es necesario recurrir a fármacos?
El abordaje principal es educativo y conductual. Lo que tiene mejor evidencia es mantener rutinas consistentes, horarios estables, exposición a luz natural por la mañana, reducir pantallas por la tarde-noche y crear un ambiente de sueño predecible y seguro.
Las pantallas tienen un impacto claro: más del 90 % de los estudios encuentra relación entre su uso y peor calidad de sueño, y los adolescentes con uso excesivo presentan mayor probabilidad de dormir de forma insuficiente.
En la mayoría de los casos no es necesario recurrir a fármacos. Las guías clínicas internacionales recomiendan como primera línea las intervenciones conductuales y psicoeducativas porque son las que abordan la causa del problema.
Una vez que se consigue mejorar la calidad del sueño y acabar con el insomnio, ¿cómo cambia el día a día de los niños y los adolescentes que lo padecían?
El cambio suele ser muy evidente. En niños vemos más calma, mejor humor, menos rabietas y mayor capacidad de juego y aprendizaje. En adolescentes, más energía, mejor concentración, mayor estabilidad emocional y mejor rendimiento académico.
Y algo muy importante: cuando un niño o adolescente duerme bien, también mejora el clima de toda la familia. El sueño no es solo descanso, es salud, desarrollo y equilibrio emocional para todos.
