Los mayas no eran lo que nos contaron: la selva empieza a devolver su historia perdida

Los mayas no eran lo que nos contaron: la selva empieza a devolver su historia perdida

Durante décadas, los antiguos mayas fueron retratados como un misterio enterrado en la selva: una civilización que durante mucho tiempo fue presentada como si hubiera desaparecido misteriosamente. Pero esa imagen tradicional está siendo reescrita. Lo que antes se pensaba como un eclipse abrupto está siendo reemplazado por una narrativa más compleja y fascinante sobre resiliencia, transformación y, sobre todo, malinterpretaciones modernas.

En ese sentido, el mundo maya no es que se esté "descubriendo" otra vez: se está recalculando. Y con ello se están moviendo piezas que parecían fijas desde hace décadas: cuánta gente vivía en las tierras bajas, cómo se organizaban los asentamientos, qué tan conectadas estaban las ciudades con el campo y, por extensión, qué significa hablar de "colapso" cuando los datos empiezan a describir continuidad, reubicación y adaptación más que desaparición.

En un extenso artículo reciente para The Guardian, el periodista y fotógrafo Marcus Haraldsson sigue el trabajo de Francisco Estrada-Belli, profesor investigador del Instituto de Investigación Mesoamericana de la Universidad de Tulane, quien recuerda vívidamente su primera visita a las ruinas de Tikal cuando tenía siete años. "Quedé completamente hipnotizado", relata. "Había selva por todas partes, animales y, luego, esos templos enormes y majestuosos". Esa experiencia infantil lo llevó a dedicar su carrera a investigar y revelar los secretos de esta civilización.

Cincuenta y cinco años después de aquel primer viaje a Tikal, Francisco Estrada-Belli forma parte del grupo de investigadores que está transformando nuestra comprensión del mundo maya. 

La ciudad maya de Tikal acumuló más de 1.500 años de desarrollo continuo antes de su transformación.
La ciudad maya de Tikal acumuló más de 1.500 años de desarrollo continuo antes de su transformación.Imagen: Sergi Reboredo/VWPics/IMAGO

Por ejemplo, su estudio más reciente, publicado en Journal of Archaeological Science: Reports, revisa al alza las estimaciones de población maya durante el Período Clásico Tardío (600–900 d. C.): en 2018, un trabajo publicado en la revista Science extrapoló para las tierras bajas mayas una estimación situada entre 7 y 11 millones, mientras que el nuevo análisis eleva esa cifra hasta alrededor de 16 millones de personas, lo que sugiere una densidad poblacional muy superior a la que se asumía hasta hace pocos años.

"Esperábamos un modesto aumento en las estimaciones de población a partir de nuestro análisis LiDAR de 2018, pero ver un aumento del 45 % fue realmente sorprendente", afirmó aquel entonces Estrada-Belli en un comunicado de la Universidad de Tulane. 

En el reportaje The Guardian, Haraldsson subraya que, de ser correcta esta estimación, implicaría que en esa región vivía entonces más población que en la península italiana durante el apogeo del Imperio romano, concentrada además en un territorio de apenas un tercio de su tamaño.

Tecnología LiDAR descubre 16 millones de mayas

Gran parte de este cambio de perspectiva se debe al uso del LiDAR (detección y localización por luz), una tecnología que permite mapear el terreno oculto bajo la selva. Equipos instalados en aviones emiten miles de millones de pulsos láser y registran los retornos de los pulsos que alcanzan el terreno bajo el follaje, generando mapas tridimensionales capaces de revelar estructuras invisibles a simple vista.

Según relató la National Geographic en un artículo de 2024, el momento del hallazgo tuvo algo de escena cinematográfica. En una oficina de Nueva Orleans, Estrada-Belli observaba mientras su colega Marcello Canuto abría imágenes aéreas y, con unos cuantos clics, eliminaba digitalmente la vegetación. Lo que parecían simples colinas comenzaron a mostrar embalses, terrazas agrícolas y canales de riego; aquellas pequeñas elevaciones resultaron ser enormes pirámides coronadas por complejos ceremoniales.

"Fue como lo que debieron sentir los astrónomos cuando miraron por primera vez a través del telescopio Hubble. Ahí estaba esa vasta selva que todo el mundo creía casi vacía y, cuando retiramos digitalmente los árboles, aparecieron huellas humanas por todas partes", aseguró entonces el arqueólogo y explorador de National Geographic Thomas Garrison, que tuvo acceso a los datos casi al mismo tiempo.

La tecnología LiDAR elimina digitalmente la vegetación, revelando la magnitud real de los asentamientos mayas en Guatemala.
La tecnología LiDAR elimina digitalmente la vegetación, revelando la magnitud real de los asentamientos mayas en Guatemala.Imagen: Canuto & Auld-Thomas/PACUNAM/dpa/picture alliance

Una red urbana oculta bajo la selva

Los nuevos mapas cuestionan así creencias arraigadas y revelan que los asentamientos mayas eran mucho más complejos e interconectados de lo que se pensaba. Los investigadores identificaron patrones de construcción similares tanto en áreas urbanas como rurales: una plaza pública central, generalmente asociada al control de la élite, rodeada de zonas residenciales. 

Además, casi todos los edificios se encontraban a menos de cinco kilómetros de una de estas plazas, lo que sugiere que incluso la población rural participaba activamente en la vida cívica y ceremonial.

"Ninguna comunidad rural podía considerarse aislada, desconectada o independiente", escribieron los investigadores en el estudio. Esta conclusión pone en entredicho así la antigua idea de ciudades mayas rodeadas por una selva prácticamente vacía y muestra, en cambio, un paisaje densamente ocupado y conectado mediante calzadas, infraestructura hidráulica, campos agrícolas y humedales gestionados de forma planificada.

Un ejemplo claro de esta red urbana aparece en El Mirador, en el norte de Guatemala, una de las mayores ciudades mayas conocidas. Allí, el LiDAR reveló que lo que parecían colinas y caminos naturales eran en realidad calzadas elevadas y estructuras monumentales que conectaban la ciudad con más de 400 asentamientos vecinos, formando una vasta red de comunicación.

Para sostener poblaciones tan numerosas en un entorno de suelos pobres y ciclos extremos de lluvias y sequías fueron necesarias soluciones igualmente monumentales. En la región se desarrollaron sistemas agrícolas e hidráulicos altamente sofisticados, con terrazas, canales y embalses que permitieron mantener la producción de alimentos y gestionar el agua en condiciones ambientales difíciles, una infraestructura cuya magnitud apenas comenzamos a comprender hoy.

"No se podía alimentar a tanta gente como lo hacían los antiguos mayas con el tipo de agricultura de tala y quema que se utiliza hoy", explicó Canuto a National Geographic.

Visualización artística muestra la red de ciudades mayas descubierta mediante LiDAR en la Cuenca Mirador-Calakmul de Centroamérica.
Visualización artística muestra la red de ciudades mayas descubierta mediante LiDAR en la Cuenca Mirador-Calakmul de Centroamérica.Imagen: FARES USA/REUTERS

Reescribiendo el final del período clásico maya

Sin embargo, la capacidad de sostener poblaciones tan numerosas dependía de un equilibrio frágil entre infraestructura, clima y organización social. Cuando ese sistema comenzó a tensarse, las grandes ciudades del período clásico empezaron a transformarse. Durante décadas, este proceso fue interpretado simplemente como el "colapso" maya, pero cada vez más investigadores plantean una pregunta distinta: no por qué desaparecieron, sino cómo lograron sobrevivir.

El reportaje de Haraldsson apunta a un cambio de enfoque. Como le explicó Kenneth Seligson, profesor de arqueología en la Universidad Estatal de California: "Ya no hablamos realmente de colapso, sino de declive, transformación y reorganización de la sociedad y continuidad de la cultura. Cambios similares ocurrieron en otros lugares, como Roma, y hoy casi nadie habla del gran colapso romano, porque esas sociedades resurgieron de distintas formas, igual que ocurrió con los mayas".

Este cambio de mirada también obliga a reinterpretar el final de las grandes ciudades clásicas. Cuando Tikal erigió su última estela conocida, en el año 869 d. C., la ciudad acumulaba más de 1.500 años de desarrollo continuo. Lo que siguió no fue un derrumbe repentino, sino un proceso gradual de reorganización: varios centros urbanos se despoblaron mientras parte de la población se desplazaba hacia regiones del norte y del sur. Ciudades como Chichén Itzá y Uxmal crecieron con rapidez, lo que sugiere –según los investigadores citados– que muchos habitantes optaron por emigrar y adaptarse a nuevas condiciones en lugar de permanecer en urbes en declive.

Las pirámides de Tikal sobresalen de la selva guatemalteca que durante décadas se creyó prácticamente vacía.
Las pirámides de Tikal sobresalen de la selva guatemalteca que durante décadas se creyó prácticamente vacía.Imagen: Cezary Wojtkowski/Depositphotos/IMAGO

Descendientes mayas luchan por reconocimiento

Más allá de la revisión histórica, como señala Haraldsson en The Guardian, esta nueva comprensión del mundo maya también tiene profundas implicaciones en el presente. La historia maya no pertenece solo al pasado: sigue viva. 

Hoy, más de 11 millones de personas pertenecientes a diversos pueblos mayas y a otros grupos indígenas de Mesoamérica viven en México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y Estados Unidos, y muchos de ellos forman parte de las poblaciones más pobres del continente, pese a descender de algunas de las civilizaciones más sofisticadas de la América precolombina.

En Guatemala, donde la población maya representa oficialmente el 44 % de los habitantes –aunque durante mucho tiempo identificarse como maya ha estado marcado por el estigma y la discriminación–, estas investigaciones adquieren también una dimensión política. 

Como explica Liwy Grazioso, ministra de Cultura y Deportes y arqueóloga especializada en historia maya: "No es que los mayas sean mejores, o que su antigua sociedad fuera superior a la nuestra, sino que, como seres humanos, son iguales".

Científicos extraen ADN de restos óseos en la Fundación de Antropología Forense de Guatemala para identificar víctimas del conflicto armado.
Científicos extraen ADN de restos óseos en la Fundación de Antropología Forense de Guatemala para identificar víctimas del conflicto armado.Imagen: Luis Echeverria/Xinhua/IMAGO

Las demandas actuales de los pueblos originarios incluyen el reconocimiento como naciones preexistentes, la autodeterminación territorial y un acceso más equitativo a los recursos. Sonia Gutiérrez, la única mujer indígena en el parlamento guatemalteco, resume así esta lucha: "No debemos ser vistos como un pueblo ajeno, sino como personas que vivimos en nuestro país, donde vivían nuestros antepasados".

Los nuevos descubrimientos arqueológicos también cuestionan siglos de relatos que minimizaron los logros de las culturas indígenas. Grazioso recuerda que durante mucho tiempo circularon teorías pseudocientíficas según las cuales era más probable que los templos mayas hubieran sido construidos por extraterrestres que por los antepasados de la población local. Estas ideas, sugiere, cumplen una función política: "Si privamos a los mayas actuales de su glorioso pasado, no tendremos que darles poder hoy en día".

Pero la disputa por la memoria no es solo simbólica. También atraviesa una herida aún abierta: la de los desaparecidos durante la guerra civil guatemalteca (1960–1996). El reportaje recuerda que el conflicto dejó unas 200.000 muertes, en su mayoría de población maya, y más de 40.000 personas desaparecidas. La Comisión para el Esclarecimiento Histórico documentó 626 masacres cometidas por fuerzas gubernamentales y atribuyó al Estado más del 93 % de las violaciones de derechos humanos registradas.

En el laboratorio de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala, la tecnología vuelve a desempeñar un papel central, aunque aplicada a otra forma de arqueología: la identificación de víctimas. Según The Guardian, la institución trabaja actualmente con 12.611 muestras de esqueletos y ha logrado identificar a casi 4.000 personas, en su mayoría mediante análisis de ADN.

Funeral en Guatemala de seis desaparecidos identificados 32 años después mediante análisis forense de la Fundación de Antropología.
Funeral en Guatemala de seis desaparecidos identificados 32 años después mediante análisis forense de la Fundación de Antropología.Imagen: Luis Echeverria/Xinhua/IMAGO

Un patrimonio en peligro

Paradójicamente, mientras nuevas tecnologías permiten revelar la magnitud del mundo maya oculto bajo la selva, ese mismo legado enfrenta hoy amenazas urgentes. Los mapas y datos recientes muestran las huellas de saqueadores, taladores, acaparadores de tierras y narcotraficantes que avanzan sobre la segunda selva tropical más grande de América, poniendo en riesgo innumerables yacimientos aún sin estudiar.

"El Estado no tiene los recursos financieros para proteger nuestro patrimonio", advirtió a National Geographic Marianne Hernández, presidenta de la fundación Pacunam. "Con los nuevos datos, al menos estamos averiguando dónde se encuentran los yacimientos. Si tuviéramos un ejército de arqueólogos, podríamos enviarlos a estudiarlos antes de que sean destruidos".

La presión es creciente: según National Geographic, en las últimas dos décadas, Guatemala ha perdido alrededor del 20 % de sus bosques primarios. Muchos de los sitios recientemente identificados mediante LiDAR ya presentan señales de saqueo, en una carrera contra el tiempo entre documentación y destrucción.

Familias mayas contemporáneas en Guatemala luchan por reconocimiento como descendientes de una de las civilizaciones más sofisticadas de América.
Familias mayas contemporáneas en Guatemala luchan por reconocimiento como descendientes de una de las civilizaciones más sofisticadas de América.Imagen: Martina Katz/imagebroker/IMAGO

Lecciones para el presente

Quizás la lección más importante que emerge de estos descubrimientos es sobre la resiliencia y la sostenibilidad. Los antiguos mayas desarrollaron métodos agrícolas que sostuvieron millones de personas durante miles de años en uno de los entornos más desafiantes del planeta. 

Como observa Estrada-Belli: "Cuando observamos los bosques centroamericanos actuales, debemos tener en cuenta que los antiguos humanos lo afectaron todo. Y todos estos métodos fueron sostenibles durante miles de años".

En contraste, señala que hoy utilizamos la tierra "para la ganadería y las plantaciones monoculturales de maíz, que no hacen más que destruir la tierra. Tenemos mucho que aprender".

Los mayas, efectivamente, no eran lo que durante mucho tiempo se contó sobre ellos. Fueron mucho más: una civilización compleja e interconectada que alcanzó logros extraordinarios y desarrolló formas de manejo del entorno que algunos investigadores consideran sostenibles para su época, y cuya historia completa apenas estamos comenzando a reconstruir. Su legado no está enterrado en la selva, sino vivo en millones de descendientes que siguen luchando por el reconocimiento de su lugar legítimo en la historia y el presente de América.