Por qué todo el mundo quiere viajar a Hong Kong: lujo, tradición, gastronomía y vistas imposibles en una sola ciudad

Por qué todo el mundo quiere viajar a Hong Kong: lujo, tradición, gastronomía y vistas imposibles en una sola ciudad

No hay mejor introducción a la ciudad que verla a vista de pájaro cuando el avión se aproxima sobrevolando los mares de China. Desde aquí es posible apreciar la geografía caprichosa de Hong Kong, dividida en cuatro zonas: la Isla de Hong Kong, la Península de Kowloon, las Islas Exteriores y los Nuevos Territorios. La Perla de Oriente, llamada así por ser la mayor exportadora de perlas del mundo, fue puente entre Occidente y China y epicentro del comercio internacional tras convertirse en colonia británica en 1843. Y es que el comercio fue siempre parte de su ADN, moldeando la ciudad en la época moderna como uno de los grandes centros financieros del mundo, una ciudad que miraba hacia arriba hasta convertirse en la más vertical del planeta, con 558 rascacielos por encima de 150 metros (casi el doble que Nueva York).

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Es difícil no sentirse pequeño, a menos que decidamos mirar a los rascacielos por encima del hombro desde el mirador The Peak. Desde esta atalaya, situada en el corazón de la Isla de Hong Kong, la vista se pierde siguiendo las hileras interminables de rascacielos que abrazan ambos lados de la bahía de Kowloon. Al atardecer, el Peak Tram, un funicular de diseño vintage cuyo antecesor fue el primero en funcionamiento de Asia, te lleva hasta los 552 metros de la cima para ver cómo se apaga el día y se enciende la noche, iluminada con las miles de luces de los rascacielos en la distancia.

Teleférico Ngong Ping 360 en la isla Lantau.
Teleférico Ngong Ping 360 en la isla Lantau.

Cada tarde, a las ocho, el espectáculo Symphony of Lights pone luz y banda sonora a más de 40 edificios a lo largo de la costa. Durante el día, las siluetas de estos gigantes se reflejan en el agua de la bahía de Kowloon mientras hacemos el corto transbordo hacia la isla de Hong Kong en los evocativos Star Ferry, con su interior de madera y un diseño que apenas ha cambiado desde 1898.

EL CORAZÓN FINANCIERO

En la isla de Hong Kong está el corazón financiero de la ciudad. En una ciudad donde el suelo es oro, el último gran trofeo es el recién construido Anderson Building de la arquitecta Zaha Hadid, con su sinuosa fachada de cristal, levantado en el solar más caro del mundo. 

En la plaza Statue Square, las antiguas estatuas de la realeza británica cayeron hace tiempo y solo una permanece en pie: la de Sir Thomas Jackson, el banquero más importante de aquella época, director del The Hong Kong and Shanghai Bank, que propició el desarrollo económico de la ciudad. En esta misma plaza está también el Old City Hall, el primer centro cultural de la época colonial. De aquella época colonial, una de las reliquias más vivas de la ciudad es su hipódromo, inaugurado en 1846 en pleno corazón urbano. En el año del caballo, pocas ciudades veneran a los equinos más que Hong Kong. Su hipódromo Happy Valley Racecourse sigue siendo hoy, con su espectacular pista de hierba rodeada de rascacielos, el centro neurálgico de eventos deportivos y sociales, transformado en las carreras nocturnas de cada miércoles en una inmensa fiesta donde las carreras de caballos, la comida, la bebida, la música en directo y, por supuesto, las apuestas concentran en un mismo lugar a todo el espectro de la sociedad hongkonesa.

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GASTRONOMÍA DE ALTURA

Cuando cae la noche en la ciudad y las luces se encienden, Hong Kong saca a relucir su lado más hedonista, a menudo sobre un buen mantel. En una ciudad con 76 restaurantes con estrellas Michelin repartidos por toda la urbe, el encuentro entre la cocina occidental y la gastronomía cantonesa eleva el concepto de “cocina fusión” a otro nivel. La oferta es tan deliciosa como inabarcable. 

Gastronomía de Hong Kong© Gastronomía de Hong Kong

En Soho, el barrio más moderno de Hong Kong, se suceden los pequeños bistrós y restaurantes internacionales, junto a los jardines del PMQ, un edificio histórico que fue estación de policía y hoy es centro cultural y galería de tiendas hipsters. Entre tanta modernidad, el antiquísimo Templo de Man Mo, con sus espirales de incienso humeantes colgadas del techo, sus tallas de madera y sus altares repletos de ofrendas, te recuerda que la tradición nunca está lejos en esta ciudad.

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Para llegar hasta este barrio abrazado a las colinas, los desniveles son tan grandes que hay que subirse a lomos de las escaleras mecánicas exteriores más largas del mundo, con 800 metros de longitud. Al final de la escalera, el Centro Tai Kwun para el Patrimonio y las Artes, recuperado hace solo unos años, alberga galerías de arte, auditorios al aire libre y, por supuesto, restaurantes, terrazas y bares para todos los paladares. Para aquellos que buscan zambullirse de lleno en la comida cantonesa, los barrios tradicionales como Mong Kok regalan pequeños locales familiares donde devorar unos tallarines prensados con un tronco de bambú y ligados con huevo de pato para que el fideo resulte más sabroso. También hay restaurantes familiares donde hincar el diente a la carne jugosa y corteza crujiente de un cochinillo abierto en canal y hecho a fuego lento con leña en la trastienda. Para no perderse nada, lo mejor es dejarse en manos de Humid with a Chance of Fishballs y unirse a uno de sus tours gastronómicos.

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Si vas por tu cuenta, otro imprescindible es Maxim’s Palace, el bullicioso templo del dim sum, donde familias enteras se reúnen alrededor de la mesa para compartir las pequeñas cestas de bambú que contienen los delicados bocados que los camareros traen a tu mesa en carritos.

Para seguir jugando al juego de contrastes que propone la ciudad, tras el bullicioso lunch cantonés la tarde te invita a participar en la ceremonia del té de las cinco en el Hotel Península, bebiendo té con el meñique levantado y degustando sándwiches de pepino y atún, pastelitos y scones con nata montada y mermelada de fresa, servidos en bandeja de plata.

ceremonia del té de las cinco en el Hotel Península de Hong Kong© Rafael Estefanía
Ceremonia del té de las cinco en el Hotel Península.

APOSTANDO POR LA CULTURA Y EL ARTE

Otra de las señas de identidad de la ciudad es su apuesta por el arte como motor transformador. En Kowloon, la cultura se viste de largo en el majestuoso Teatro de la Ópera Xiqu Center, con sus representaciones de ópera cantonesa. Mientras que, un poco más allá, en el distrito cultural de West Kowloon (WestK), inaugurado hace apenas tres años, el museo M+, cuya gigantesca fachada es una pantalla LED, reúne en sus salas lo más vanguardista del arte contemporáneo, el diseño, la arquitectura y la imagen, con provocativas propuestas que aspiran a convertir a Hong Kong en el referente cultural de Asia.

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Exposición de arte en la ciudad de Hong Kong© Exposición de arte en la ciudad de Hong Kong

Cuando se trata del séptimo arte, Hong Kong tiene esa cualidad cinematográfica que tan magistralmente plasmó el genial director Wong Kar-wai en sus películas, como Deseando amar. La evocadora luz de los neones que iluminó muchas de sus escenas aún parpadea en algunas calles del centro. Durante la década de los sesenta, los enormes anuncios luminosos de neón suspendidos de las fachadas fueron la postal de Hong Kong, y se contaban por miles. Hoy apenas queda un puñado de ellos, derribados y sustituidos por los insípidos LED.

Gran Buda (Tian Tan)© Rafael Estefanía
Gran Buda (Tian Tan)

De día, en su eterna dicotomía, Hong Kong saca su último as en la manga y te regala una alternativa a la vida urbana con una naturaleza apabullante de montañas, valles frondosos, playas e islas de pescadores con casas construidas en palafitos cargadas de historia. Historia con mayúscula en la isla de Lantau, donde un espectacular recorrido en teleférico y una monumental escalera de 268 escalones te llevarán a los pies de la estatua de Buda más grande del mundo, con 34 metros de altura. 

De noche o de día, vista desde arriba o a ras del suelo, caminando entre los rascacielos de vidrio y acero o paseando por la frondosa naturaleza que la rodea, Hong Kong es vanguardia y tradición, frenesí y calma en una ciudad que te atrapará con sus contrastes.