¿Qué hacemos con Estados Unidos?
Probablemente uno de los mayores desaciertos del gobierno de López Obrador y de su canciller Marcelo Ebrard fue la destrucción de Iniciativa Mérida, el mecanismo formal que ordenaba y corresponsabilizaba la relación entre México y Estados Unidos en la agenda común de seguridad.
Iniciativa Mérida era señalada por la izquierda mexicana por supuestamente ceder soberanía ante pretensiones extraterritoriales estadounidenses. Hoy esos señalamientos dan risa cuando la realidad que vivimos es la de sobrevuelos de aeronaves espías, la expulsión de presos mexicanos sin juicio, el secuestro de capos y la amenaza constante —y real— de un ataque estadounidense en nuestro territorio.
Lo cierto es que Iniciativa Mérida, más que abrir las puertas al intervencionismo, lo contenía con reglas y compromisos mutuos, como el respeto explícito a la soberanía nacional. Había un reconocimiento de la responsabilidad de EU y comprometía a su Congreso a asignar recursos a nuestro país. Generaba un mecanismo de diálogo, limitaba las agendas y daba a México un rol de liderazgo con Centroamérica y el Caribe.
De ahí se obtuvieron más de tres mil millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses que se reflejaron tanto en la adquisición de nueve Black Hawks para nuestras fuerzas del orden como en programas sociales, como Todos Somos Juárez o en el equipamiento de más de cien juzgados de juicios orales.
Ese mecanismo institucional se sustituyó por un “Entendimiento Bicentenario” que impulsó Ebrard y que nunca pasó de las buenas intenciones. El pírrico acuerdo que enterró la Iniciativa Mérida hoy está en el olvido y, en cambio, vivimos bajo una política de chantaje y amenaza permanente en la que México ha cedido como nunca trozos de soberanía sin obtener nada a cambio.
Nuestro vacío legal, diplomático y estratégico en materia de seguridad ha sido llenado por las prioridades de Estados Unidos. Estamos pagando los costos del desorden interno y de desinstitucionalizar la relación externa más importante que tenemos. Hoy, peleamos su guerra, con sus reglas, pero en nuestro territorio.
Y quien crea que esta situación es pasajera se equivoca. Tal vez la presencia de Donald Trump sea la etapa más crítica, pero las puertas que ya se abrieron será difícil cerrarlas. Con la designación de los cárteles terroristas y la aplicación extraterritorial de los poderes de guerra de ese país, las agencias estadounidenses han encontrado un espacio en el que pueden impulsar sus prioridades en México sin límites y difícilmente recularán cuando ya no esté Trump. Como antecedente, no podemos olvidar que el secuestro de “El Mayo” Zambada se dio en la administración Biden.
México requiere urgentemente un acuerdo bilateral de Defensa y Seguridad con Estados Unidos que comprometa y contenga a ambos países. Si el gobierno actual ya se decidió a continuar la guerra de Calderón, ojalá no sólo no repita sus errores, sino que también aprenda de lo que sí funcionó: Iniciativa Mérida es una de esas lecciones.
El gobierno de Claudia Sheinbaum, no obstante, parece no tener ninguna intención de corregir este rumbo y reencauzar la relación bilateral bajo un nuevo mecanismo institucional.
Para la presidenta, la prioridad parece estar en no ceder en la narrativa antes que resolver las causas estructurales que nos colocan en esta situación de vulnerabilidad.
POR CARLOS MATIENZO
DIRECTOR DE DATAINT
@CMATIENZO
MAAZ