Salvador Pichardo, sanador del Niño Dios con más de 17 años de experiencia

Salvador Pichardo, sanador del Niño Dios con más de 17 años de experiencia

En la Calle Talavera, conocido como el corredor del Niño Dios, ubicado en el Centro Histórico, existe un lugar emblemático donde Salvador Pichardo desempeña el oficio de sanador de la figura religiosa.

Con 17 años de experiencia, este artesano explicó que heredó de su padre la habilidad para restaurar estos íconos religiosos para la celebración del 2 de febrero, Día de la Candelaria, cuyo significado entre los católicos es “levantar al niño para vestirlo con sus mejores ropas”.

"Este oficio se transmite de generación en generación, es un gusto familiar; mi padre me enseñó todo lo que sé, y ahora yo quiero transmitirlo a mis hijos", comentó.

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Salvador Pichardo mencionó que el proceso de restauración es meticuloso y requiere gran habilidad; como todo, se comienza con una evaluación del daño y luego utiliza materiales especiales para reparar los Niños Dios, ya sea de yeso, madera u otro tipo de materiales.

'Quiero que cada Niño Dios quede como nuevo': Salvador Pichardo

"Es importante no perder el material original. Quiero que cada Niño Dios quede como nuevo y eso incluye que debe ser con sus productos de origen", refirió.

El artesano comentó que en estas fechas, durante la segunda semana de enero, la demanda de reparaciones aumenta, aunque muchas personas están enfrentando la cuesta de enero no dejan de traer a su Niño Dios para un arreglo, si tuvo un deterioro.

En la calle de Talavera existe un lugar emblemático donde Salvador Pichardo desempeña el oficio de sanador del Niño Dios., aquí su historia.
Miguel Martínez Corona/24 HORAS  

"Es como un pánico, la mayoría de los dueños llegan y piden los servicios de reparación, piden precios y que estén a tiempo para los festejos de la Candelaria. La gente quiere que sus Niños Dios estén listos para el 2 de febrero", manifestó.

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Salvador Pichardo consideró que su labor forma parte de las tradiciones que hay en la Ciudad de México y todo el país, el cual no se debe olvidar en “un mundo cada vez más automatizado; es fundamental reconocer el valor de la artesanía y la dedicación que se pone en cada pieza”.

"Este oficio no solo es un trabajo, es una forma de vida”, puntualizó Salvador Pichardo, sanador del Niño Dios.