Se cumple una semana de la gota que colmó el vaso en la Casa Real noruega
Este martes se cumple una semana del ingreso de urgencia del rey Harald en el Hospital Universitario Hospiten Sur, en Tenerife, donde se encontraba de viaje privado y se había trasladado para celebrar su cumpleaños. Todas las alarmas saltaron, ya que el monarca tiene 89 años y problemas graves de movilidad. Este susto en su salud fue la gota que colmó el vaso en la monarquía noruega, que afronta una crisis sin precedentes como no se recuerda, tras las estrechas vinculaciones de la princesa Mette-Marit con Epstein y el juicio de Marius Borg, el hijastro del príncipe Haakon, que se sienta en el banquillo de los acusados por 38 delitos graves, entre ellos 4 violaciones.
A pesar de su longevidad, el rey Harald sigue siendo todo un vikingo, un hombre corpulento, que está al pie del cañón, que no tiene intención de abdicar y que goza de una gran popularidad. En esta mala racha de su monarquía, no hay duda de que su figura como una especie de padre de la nación y de garante de la unidad tiene ahora mucho más valor, a pesar de sus sustos de salud.
Sin embargo, los achaques de la edad no perdonan, y el padre del príncipe Haakon fue ingresado por una infección cutánea en la pierna y por deshidratación. Dos días después de que llegara al hospital y después de responder bien al tratamiento, se recuperó rápidamente y recibió el alta hospitalaria el 26 de febrero. Desde entonces permanece, junto a la reina Sonia, en la isla canaria, donde sigue recuperándose de forma privada. Su médico personal, Bjorn Bendz, que se desplazó hasta Tenerife para seguir su evolución, ha dicho que "su estado general es bueno y está siendo controlado por el personal sanitario". Si todo sigue su curso, se espera que el rey Harald retome su agenda oficial en su país tras estas accidentadas vacaciones el próximo 12 de marzo, en compañía de la reina Sonia y del heredero Haakon en una audiencia con el ministro de Asuntos Exteriores.
Tal y como están las cosas en la Casa Real escandinava, la figura de Harald de Noruega se vislumbra como una especie de salvación de una institución hasta ahora modélica. De niño vivió la invasión nazi, tuvo que vivir exiliado, pero nada es comparable a la situación actual donde, por primera vez, los noruegos se han planteado si quieren seguir con su actual modelo de Estado.
El juicio de Marius, al que los reyes Harald y Sonia acogieron como un nieto, terminará la semana que viene y habrá que ver cuál es el veredicto del juez (algunos delitos de los que se le acusan acarrean penas de prisión). A pesar del escándalo, Marius Borg nunca ha sido miembro de la Familia Real, sino pariente de la princesa Mette-Marit y como tal, al no tener título ni representar de manera oficial a la monarquía, la reputación de la institución no se vería tan afectada.
La situación de Mette-Marit
Otro asunto son las conexiones de la princesa Mette-Marit con el pedófilo Epstein. En su caso es princesa consorte heredera y algún día podría convertirse en Reina, algo que se está empezando a poner en duda. Además, la mujer del príncipe Haakon padece desde hace años una enfermedad pulmonar que la ha ido apartando progresivamente de la agenda oficial y que, en el futuro, podría obligarla a someterse a un trasplante de pulmón. Ya son muchas las voces que ponen en duda que Mette-Marit pueda ceñirse la Corona, su popularidad ha caído en picado, algunas organizaciones con las que colaboraba ya no la quieren como patrocinadora y está desaparecida por completo. Su actual discreción podría responder, en gran medida, tanto a razones de salud como al deseo de rebajar la exposición mediática tras meses sumamente complejos.





