Trump eclipsa la presentación de su Junta de Paz sin apenas mencionar Gaza

Trump eclipsa la presentación de su Junta de Paz sin apenas mencionar Gaza

La Junta de Paz, el organismo diseñado inicialmente por el equipo de Donald Trump para supervisar el alto el fuego y la transición en la Franja de Gaza, y reconvertido después en un experimento inédito e indefinido aún para competir con la ONU en la resolución de conflictos por todo el planeta, ha dado sus primeros pasos este jueves en Washington. Lo ha hecho al más puro estilo Trump, con un acto con algunos líderes mundiales, ante las cámaras y él como maestro de ceremonias. Dando un discurso de los suyos, presentando uno a uno a los presentes entre bromas, con muestras de complicidad y loas a sí mismo, a su gabinete y a su gestión. Hablando de cómo merecía el Nobel de la Paz, de la película de su mujer, de cómo le gustan las mujeres jóvenes, pero detesta a los hombres guapos o a quienes le hacen sombra. Gaza era la excusa, la exhibición de poder y la sumisión de sus homólogos, el fondo.

Los primeros datos sobre la situación en la Franja no se escucharon hasta pasada una hora del inicio, cuando los discursos de los primeros espadas habían terminado. La primera voz árabe, la del Ali Shaath, escogido como comisionado para la reconstrucción, no se escuchó hasta más tarde incluso, y sólo después de que los negociadores de Trump hubieran pedido aplausos y un reconocimiento especial para Benjamin Netanyahu.

La idea, como explicó el yerno del presidente, era que todo se asemejara a la junta de accionista de una empresa. "No podemos cambiar el pasado, pero creo que lo que están viendo hoy es que potencialmente podemos cambiar el futuro si nos enfocamos y lo hacemos correctamente. Hemos intentado estructurar esta reunión como una reunión de junta directiva, como hacemos en el sector privado, donde contamos con toda la preparación, reunimos a las personas adecuadas e informamos sobre nuestros desafíos, oportunidades y enfoques (...) Si judíos y musulmanes trabajamos juntos, israelíes y palestinos con estadounidenses, ingleses, búlgaros y personas de todo el mundo, podemos unirnos en un objetivo común: la paz y la unión, y eso es realmente lo que hemos logrado", ha declarado Jared Kushner.

"Hoy es un gran honor darles la bienvenida al Instituto de Paz de los Estados Unidos para la reunión inaugural de la Junta de Paz. Es un día muy importante. Creo que es la junta más importante, sin duda en términos de poder y prestigio. Nunca ha habido nada parecido, porque estos son los líderes mundiales más importantes. Casi todos han sido aceptados, y los que no, se están haciendo los simpáticos. Pero eso no funciona, no puedes hacerte el simpático conmigo. Están jugando un poco, pero todos se están uniendo", ha presumido el presidente, sacando pecho de sus buenas relaciones o de cómo han ganado elecciones gracias a su apoyo directo. "Iba algo por detrás en las encuestas, pero con mi apoyo ganó", dijo, por ejemplo, del argentino Javier Milei.

La lista de los países presentes es limitada, pero llamativa, si bien no todos enviaron a sus presidentes o primeros ministros: Albania, Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Armenia, Austria, Azerbaiyán, Bahréin, Bulgaria, Camboya, Corea del Sur, Croacia, Chipre, República Checa, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, El Salvador, Eslovaquia, Finlandia, Grecia, Hungría, India, Indonesia, Israel, Italia, Japón, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Kuwait, México, Mongolia, Marruecos, Países Bajos, Noruega, Omán, Pakistán, Paraguay, Polonia, Rumanía, Suiza, Tailandia, Turquía, Qatar, Reino Unido, Uzbekistán o Vietnam. Además de la Unión Europea, representada por la vicepresidenta de la Comisión Europea, Dubravka Šuica.

La heterogeneidad de la lista refleja los muchos vectores cruzados. Hay aliados muy cercanos del presidente, como Nayib Bukele, Viktor Orban o Javier Milei. Hay quienes no tienen más remedio por temor a represalias, como México. Están los que no pintan nada en las relaciones internacionales, pero buscan su lugar. Los países del Golfo que no quieren perder su vínculo privilegiado y que han aprendido que la mejor forma de tratar con la Administración es abriendo la cartera. Los que se ven forzados para no perder un lugar histórico en las alianzas con Washington (Japón, Corea, Reino Unido). Y luego están los países europeos.

No sorprende la presencia de Hungría o Eslovaquia, por la afinidad ideológica. Orban es el líder europeo más cercano a Trump y Marco Rubio se reunió con el eslovaco Fico hace apenas uno días. No sorprende Grecia, que no puede renunciar a cualquier foro en el que esté su gran rival Turquía, intimidada ante la posibilidad de verse relegada (igual que India y Pakistán). Pero es más complicada de explicar la de Italia, Alemania, Finlandia o la propia Comisión, algo que ha generado malestar interno y quejas. Hay 14 miembros de la UE, más de la mitad, aunque muchos estén sólo en calidad de "observadores". Pero dando legitimidad a un órgano diseñado a la medida de Trump. En el que él, y no Estados Unidos o su Gobierno, tiene todo el poder, donde los europeos no pintarán nada y aceptan un rol subsidiario.

Trump, como presidente vitalicio de su Junta, tiene el control absoluto, incluyendo el dinero, dado que ha subastado por mil millones de dólares la presencia permanente en la Junta. Desde el diseño del logo y la composición de los miembros, escogiendo a quién invitar o no, al presupuesto, el calendario y la agenda. Teniendo capacidad de veto y dominio del órgano incluso cuando deje de ser presidente de Estados Unidos. Los países saben que es un intento claro de minar el poder y la influencia de la ONU, un intento de reescribir el sistema internacional y un mecanismo ad hoc para disfrute del líder de la nación más poderosa del planeta.

El presidente afirmó que Estados Unidos contribuirá con 10.000 millones de dólares a la Junta de Paz. Y que Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Bahréin, Qatar, Arabia Saudí, Uzbekistán y Kuwait han prometido 7.000 millones más para la ayuda a Gaza. El comandante de las fuerzas internacionales, el general Jeffers, anunció que se crearán cinco sectores diferentes en Gaza y que las tropas de mantenimiento de la paz se desplegarán primero en el sector de Rafah. El objetivo a largo plazo, comunicó, es contar con 12.000 policías y 20.000 soldados de las fuerzas de seguridad, que tendrán a un indonesio como número dos.

"Es hermoso. Todo es hermoso. Las antiguas heridas pueden sanar. Nuestro planeta entero será un lugar mejor, más seguro, más bello y más pacífico para todos. Vamos a trabajar muy de cerca con las Naciones Unidas. Vamos a recuperarlas. Creo que las Naciones Unidas tienen un gran potencial, un potencial realmente grande, pero no han estado a la altura. Algún día, ya no estaré aquí. Las Naciones Unidas serán, creo, mucho más fuertes, y la Junta de Paz prácticamente supervisará a las Naciones Unidas y se asegurará de que funcionen correctamente", ha dicho el presidente, expresando abiertamente sus intenciones. "Vamos a fortalecer las Naciones Unidas. Necesitan ayuda y nosotros vamos a ayudar con ese dinero, y nos vamos a asegurar de que las Naciones Unidas sean viables", prometió Trump, que habló durante 40 minutos.

El republicano apenas mencionó Gaza. Ninguna referencia a la situación actual ni a los muertos palestinos que siguen produciéndose cada día. A la reconstrucción o las necesidades. Sólo referencias genéricas a lo bien que irá todo bajo su liderazgo. Pero aun así, muchos países están ahí. Por miedo a quedarse fuera de la órbita del presidente Trump, o por miedo a que es espacio sea ocupado por sus rivales o enemigos directos. Por la oportunidad de negocio, como Tony Blair, otro de los que tomó brevemente la palabra al final del acto en una serie de intervenciones exprés, limitadas a poco más de un minuto.

Toda la escenografía estaba centrada en el estadounidense y sus asesores más cercanos, incluyendo una cascada de elogios en cada intervención y vídeos propagandísticos. El sitio de honor lo tenía Trump, pero rodeado de su vicepresidente, JD Vance; del secretario de Estado, Marco Rubio; de su yerno, Jared Kushner; del embajador ante la ONU, Mike Waltz; o de su negociado especial, Steve Witkoff. Y Trump hizo lo mismo que hace cada día: contar historias de cada uno de ellos, bromear sobre la relación entre Witkoff y Vladimir Putin o sobre los estudios de Vance y cómo conoció a su mujer en la universidad.

De lo que menos se habló en la parte central fue precisamente de Gaza, que era en teoría la razón de ser de la Junta. "Acabamos de empezar. Esta es nuestra primera reunión, pero cada dólar gastado es una inversión en estabilidad y la esperanza de una nueva y armoniosa región. Es tan importante, tan vibrante, que es increíble. La gente es increíble y queremos tener un Oriente Próximo armonioso. Oriente Próximo es increíble, hay tantos amigos, son tan inteligentes. A veces son demasiado enérgicos", ha señalado Trump.

"La de Gaza ha sido una crisis muy singular que las instituciones internacionales existentes no pudieron resolver ni descifrar. Requería una solución muy específica con la colaboración de todas las naciones presentes (...) Esta situación en Gaza era imposible de resolver bajo la ortodoxia y las estructuras existentes. Así que lo que hicimos fue acudir a la ONU y obtener su aprobación para formar este grupo y reunir a estas naciones para encontrar una solución muy específica, soluciones a un problema muy singular y específico. Tenemos un largo camino por recorrer. Queda mucho trabajo por hacer. Requerirá la contribución de todos los Estados-nación representados aquí hoy, y les agradecemos su participación. Y espero que esto sirva de modelo para otras situaciones complejas. No hay un plan B para Gaza. El plan B es volver a la guerra. Nadie aquí quiere eso. El plan A. El único camino a seguir es reconstruir Gaza con una paz duradera y sostenible, donde todos puedan vivir allí, uno junto al otro, sin preocuparse nunca más por volver al conflicto, a la guerra, al sufrimiento humano y a la destrucción", ha señalado por su parte Marco Rubio.

Después, por fin, llegaron las intervenciones de especialistas, militares y civiles. Los que deben asegurar la paz, pero también los que prometieron un sistema logístico "a imitación de Amazon", los que hablaron de explotar los activos de la Franja en lenguaje de start ups o los que vendieron "el potencial increíble" del mercado inmobiliario en la reconstrucción de millones de casas. "No es un problema de dinero o de colaterales, es sólo de paz. Hay cientos de miles de millones de valor potencial que hay desbloquear", dijo otro.