Vicky Martín Berrocal: "Es normal que tu cuerpo ya no sea el de los 20 años y habitarlo mejor que nunca"
Sigues cuidándote, comes parecido, incluso te mueves más que antes, pero tu cuerpo ya no responde igual. Te cuesta recuperar tras entrenar, duermes peor o notas que necesitas más esfuerzo para sentirte fuerte. Y casi sin darte cuenta aparece la culpa, la sensación de que deberías exigirte más. Sin embargo, la explicación no tiene tanto que ver con tus hábitos como con tu etapa vital. El cuerpo no está fallando, sino que está cambiando.
En este contexto, Vicky Martín Berrocal ha puesto palabras a una realidad compartida recientemente en una de sus publicaciones de Instagram: "Es normal que tu cuerpo ya no sea el de los 20 y (hay que) habitarlo mejor que nunca". Una reflexión que abre el debate sobre cómo cambia el cuerpo con la edad y, sobre todo, sobre cómo podemos acompañarlo sin reprocharnos tanto.
Por qué cambia el cuerpo a partir de los 30 años
La médico especialista en Endocrinología y Nutrición, María Barragáns (@endocrinobarragans) explica que esos cambios no son un error personal. Tal y como señala, "En esa afirmación, Vicky Martín Berrocal verbaliza algo que muchas mujeres sienten al cruzar la barrera de los 40; que el cuerpo cambia, aunque los hábitos sean similares. Desde el punto de vista médico, estos cambios no son un fallo, son biología".
A juicio de la especialista, uno de los cambios fisiológicos más relevantes aparece a partir de los 30 ó 40 años y tiene que ver con la masa muscular. Así lo recalca: "A partir de esta edad comenzamos a perder masa muscular de forma progresiva si no la trabajamos de manera específica. Y el músculo no es solo estética, sino que es metabolismo, es fuerza, es protección ósea y es energía".
Puede que no siempre se tenga en cuenta, pero los cambios que muchas mujeres experimentan no dependen únicamente de la edad. A menudo, el cuerpo llega a esta etapa tras haber atravesado procesos físicos y hormonales intensos que marcan un antes y un después, independientemente de lo que indique la báscula.
Esta transformación, suele deber causa a procesos exigentes del cuerpo femenino, que dejan huella más allá del peso. Según explica la endocrina, "muchas mujeres atraviesan en esta etapa embarazos, tratamientos de fertilidad, postpartos y lactancias, que son procesos exigentes para el cuerpo. Cambian la composición corporal, el suelo pélvico, la musculatura abdominal y, en muchos casos, el descanso".
A estos factores se suman los cambios hormonales propios de la transición hacia la menopausia. La experta hace hincapié en que comprenderlos es clave para dejar de culparse: "Conforme nos acercamos a la perimenopausia y la menopausia, los estrógenos empiezan a disminuir. Esto puede favorecer una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal, alterar el descanso y hacer que la recuperación sea más lenta".
Más allá de la alimentación: la importancia de la fuerza
Muchas mujeres interpretan esta etapa como una derrota personal, cuando en realidad el cuerpo está pidiendo otro tipo de cuidados. En palabras de la doctora, "en realidad el cuerpo simplemente necesita estrategias distintas. No se trata de volver a tener el cuerpo de los veinte años, sino de entender el cuerpo que tenemos ahora. Debemos entender los cambios sin culpa".
Claro que, teniendo en cuenta esta información que comenta la médica, merece la pena acompañarla con un cambio de consciencia sobre los hábitos. María Barragáns subraya que reducir la salud únicamente a la alimentación es un error frecuente. Según explica, "debemos ir más allá de la alimentación, al peso de los hábitos invisibles. Con frecuencia reducimos todo a la alimentación. Sin embargo, la salud en la mujer adulta es el resultado de un conjunto de hábitos que interactúan entre sí".
Aunque no somos conscientes, muchas de las rutinas que llevamos a cabo tienen consecuencias directas sobre el cuerpo. Así lo detalla la especialista: "Dormir mal altera las hormonas del hambre y aumenta la fatiga. El estrés sostenido favorece la inflamación y la acumulación de grasa abdominal. La falta de ejercicio de fuerza acelera la pérdida muscular. Todo está conectado".
Por eso, más que perseguir dietas estrictas o números concretos, el enfoque debería cambiar. Tal y como comenta la especialista, "más que hacer dietas estrictas, el enfoque debería centrarse en alimentación nutritiva y suficiente, con especial atención a la proteína y la fibra; entrenamiento de fuerza al menos dos o tres veces por semana; y cuidar el descanso y la gestión emocional".
El peso no es sinónimo de salud
Es posible que una de las principales preocupaciones por las que te planteas investigar sobre este tema sea una subida de peso. Y, aunque es algo normal y habitual, lo cierto es que tu objetivo no debería ir enfocado a esta ganancia, sino más bien a tu estado de salud. y a acompañarte en cada proceso nuevo que vives. En palabras de María Barragáns, la meta es "mantener un cuerpo funcional, fuerte y con buena composición corporal".
Si hubiera que señalar un hábito verdaderamente transformador a partir de los 40, la experta no duda. Según recalca, "éste sería el ejercicio de fuerza. Trabajar con resistencia no solo mejora la forma física, sino que preserva la masa muscular, protege los huesos —algo clave en la menopausia—, mejora la sensibilidad a la insulina y contribuye a un metabolismo más eficiente".
Además, su impacto va mucho más allá de lo físico. María Barragáns también destaca su efecto emocional: "aumenta la percepción de capacidad, mejora la postura y refuerza la autoestima".
Aceptar que el cuerpo cambia ayuda a tu bienestar
Por último, la endocrinóloga conecta directamente con la idea de "habitar el cuerpo mejor que nunca" que defiende Vicky Martín Berrocal. Desde su experiencia clínica, explica que aceptar el cuerpo no es rendirse, sino adaptarse con inteligencia. Tal y como concluye, "aceptar que el cuerpo cambia no significa resignarse, sino adaptarse. Cuando dejamos de luchar contra un ideal del pasado y empezamos a escuchar nuestras necesidades actuales, disminuye el estrés interno".
Una aceptación que también tiene consecuencias hormonales y emocionales positivas. Todo lo que pasa por dentro, repercute por fuera. Así lo manifiesta la experta: La autoexigencia constante genera tensión emocional y hormonal. En cambio, la aceptación realista, acompañada de hábitos saludables sostenibles, favorece un equilibrio más estable. Habitar el cuerpo mejor que nunca no implica que sea igual que antes. Implica conocerlo, cuidarlo y fortalecerlo en la etapa vital en la que estamos".





