Científicos quieren lanzar una sonda para interceptar al cometa interestelar 3I/ATLAS
Los objetos interestelares son visitantes excepcionales: fragmentos de otros sistemas planetarios que atraviesan fugazmente el nuestro y ofrecen una oportunidad única para estudiar material formado más allá del Sol. El descubrimiento de 3I/ATLAS abrió precisamente esa posibilidad. Como otros de su tipo, funciona como una auténtica "cápsula del tiempo" cósmica: el objeto expulsa dióxido de carbono y vapor de agua que podrían haberse formado hace miles de millones de años.
El problema es que "llegó tarde". Para cuando los astrónomos lograron detectarlo, en julio de 2024, el visitante interestelar ya se encontraba dentro de la órbita de Júpiter y avanzaba a más de 60 kilómetros por segundo. En octubre alcanzó su máxima aproximación al Sol y desde entonces se aleja rápidamente hacia el espacio profundo, lo que dejó muy poco margen para planificar una misión directa desde la Tierra.
El desafío de alcanzar un cometa interestelar
Aun así, algunos científicos creen que la oportunidad no está completamente perdida. Y proponen una idea audaz: todavía sería técnicamente posible enviar una sonda para observarlo de cerca. Sería una apuesta arriesgada, capaz de poner a prueba los límites de la ingeniería espacial, pero que, según aseguran, podría valer la pena.
De acuerdo con un estudio liderado por Adam Hibberd, de la Iniciativa para Estudios Interestelares, junto con Marshall Eubanks (Space Initiatives Inc.) y Andreas Hein (Universidad de Luxemburgo), todavía existe una ventana teórica para interceptar el objeto. El trabajo –disponible como preimpresión en arXiv y enviado para publicación en el Journal of the British Interplanetary Society– propone lanzar una misión en 2035 que podría alcanzar a 3I/ATLAS hacia 2085, según reporta Space.com.
Para entonces, agrega el medio especializado, el cometa estaría a más de 732 unidades astronómicas del Sol –es decir, 732 veces la distancia entre la Tierra y nuestra estrella–, más de cuatro veces la distancia que ha recorrido Voyager 1 en casi 48 años.
La fecha de 2035 no es arbitraria: ese año se produciría la alineación más favorable entre la Tierra, Júpiter, el Sol y 3I/ATLAS, lo que permitiría minimizar los requisitos de propulsión y el tiempo total de vuelo.
Maniobra Oberth: la clave para una misión récord
La propuesta se basa en el llamado efecto Oberth, formulado en 1929 por el científico austrohúngaro Hermann Oberth. El principio es sencillo: cuanto más rápido se mueve una nave cuando enciende sus motores, mayor es el impulso que obtiene. El truco consiste en utilizar la gravedad del Sol como una especie de catapulta: la nave se acercaría a la estrella y aceleraría justo en el punto más cercano de su trayectoria –el perihelio– cuando su velocidad es máxima.
"Prácticamente todos los lanzamientos utilizan el efecto Oberth", explicó Eubanks a Space.com. "Sin embargo, no encuentro ningún registro de una maniobra directa como la que proponemos, con una combustión importante del cohete en el punto más cercano durante un sobrevuelo", agregó.
A modo de comparación, señala Space.com, Voyager 1 –el objeto humano más lejano– se encuentra hoy a unas 170 unidades astronómicas del Sol tras casi medio siglo de viaje; la interceptación de 3I/ATLAS podría producirse a más de 700 UA de nuestra estrella.
Por otra parte, el tiempo de vuelo dependería del delta–V –el cambio de velocidad– logrado durante la maniobra solar. Con 8,36 km/s, la interceptación ocurriría tras unos 50 años; si se alcanzaran 10,36 km/s, podría producirse en 30 años. No sería un salto imposible: la sonda Dawn de la NASA alcanzó 11 km/s.
Si funcionara, el resultado sería una nave que alcanzaría la mayor velocidad jamás lograda por un artefacto humano, "por un buen margen", según Eubanks.
Desafíos técnicos extremos: calor solar y trayectoria compleja
Pero acercarse tanto al Sol tiene un precio. Según explican los científicos en su estudio, la nave tendría que pasar por el perihelio a apenas 3,2 radios solares del centro del Sol y encender sus motores en ese punto crítico, soportando temperaturas extremas.
Como referencia, la Parker Solar Probe ha soportado temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, aunque no llegó tan cerca como lo haría la misión propuesta. Para resistir condiciones similares, los investigadores sugieren utilizar un escudo térmico de compuesto de carbono con capas adicionales de aerogel.
La trayectoria propuesta también es poco intuitiva. En lugar de dirigirse directamente al objeto, la nave volaría primero hacia Júpiter durante aproximadamente un año. Allí utilizaría la gravedad del gigante gaseoso para frenar y redirigir su trayectoria hacia el Sol; sin ese paso, la nave –que ya se mueve con la velocidad orbital de la Tierra, unos 30 km/s– simplemente seguiría orbitando en una trayectoria amplia.
Tras ese frenado gravitatorio vendría el acercamiento solar y la maniobra Oberth. A diferencia de la Parker Solar Probe –que utilizó múltiples sobrevuelos de Venus para ajustar su trayectoria– la misión hacia 3I/ATLAS tendría poco margen para realizar maniobras de este tipo debido a la alta velocidad del objeto.
Los investigadores en su estudio proponen lanzar la misión con una Starship Block 3 de SpaceX repostada en órbita terrestre baja. El interceptor tendría una masa cercana a 500 kilogramos, comparable a la de New Horizons, y utilizaría dos o tres propulsores de combustible sólido para el impulso en el perihelio.
Alternativas y futuro de la exploración interestelar
Más allá de la viabilidad de la misión, surge una pregunta clave: ¿merece la pena perseguir a 3I/ATLAS durante décadas? La duda es razonable, sobre todo porque el Observatorio Vera C. Rubin, que ya ha comenzado operaciones en Chile, podría detectar alrededor de un cometa interestelar al año, un gran salto frente a los tres identificados hasta ahora.
"Tendremos que esperar a ver qué pasa", señaló Eubanks a Space.com. "Quizás después de que se hayan encontrado, digamos, diez objetos interestelares, 3I parezca algo habitual y no merezca la pena organizar una expedición para perseguirlo".
Por otra parte, debido a las enormes velocidades implicadas, la misión solo permitiría un breve sobrevuelo, lo que limitaría considerablemente el retorno científico de una empresa tan ambiciosa.
Por eso, algunos investigadores consideran más prometedor desarrollar otras arquitecturas de misión: sondas ya posicionadas en el espacio, listas para interceptar visitantes interestelares cerca del perihelio sin necesidad de maniobras solares de Oberth tan arriesgadas.
De hecho, como recoge Universe Today, la Agencia Espacial Europea (ESA) planea lanzar su misión Comet Interceptor a finales de 2028. La nave se "aparcará" en el punto de Lagrange L2, donde esperará hasta que aparezca un objetivo adecuado. Este enfoque podría permitir estudiar futuros visitantes interestelares de forma mucho más práctica.
Aun así, las maniobras solares de Oberth no deberían descartarse. Podrían resultar útiles para explorar objetos transneptunianos, o incluso para alcanzar el hipotético Planeta Nueve, que se estima podría encontrarse entre 290 y 800 unidades astronómicas del Sol.
"Estoy bastante seguro de que, cuando desarrollemos la capacidad de alcanzar estos objetos interestelares, habrá un fuerte deseo de explorar directamente al menos algunos de ellos", concluyó Eubanks.
Por ahora, 3I/ATLAS continúa alejándose del sistema solar rumbo al espacio interestelar, llevando consigo pistas sobre sistemas planetarios lejanos. Quizá nadie lo alcance jamás. O quizá, dentro de muchas décadas, una pequeña sonda terrestre logre interceptarlo para intentar descifrarlas.