Daniel Bashandeh, analista iraní-español: "La república islámica ha perdido toda su legitimidad"
Hijo de iraní y española, Daniel Bashandeh (Madrid, 1994) es consultor y analista político especializado en estudios islámicos contemporáneos y en geopolítica de Oriente Medio. Su voz es la de la joven diáspora iraní que reclama el final de la teocracia que gobierna el país.
- ¿Cuál cree que es el mayor equívoco que existe en España respecto a Irán?
- Es muy importante diferenciar entre Irán como país y la República Islámica como régimen. No hay muchos ejemplos en el mundo donde exista una distancia tan grande. El pueblo iraní no se parece en nada al régimen. En la revolución contra el Shah la gente demandaba democracia, apertura política; nunca tuvo por qué ser necesariamente una revolución islámica. Pero lo que ha hecho la República Islámica desde el principio ha sido gobernar para una minoría política y social, nunca para una mayoría. Ha promovido la confrontación y la división entre iraníes, frente a la reconciliación, y ha impulsado un islam político desde las instituciones que ha limitado el desarrollo del país, en lo económico pero también en otros aspectos. En cualquier caso, cuando entramos en términos políticos, intentar trasladar analogías de la política española para entender la iraní es un error. Ahí es donde se cometen muchos fallos de análisis.
- ¿En qué momento diría que se encuentra el régimen?
- En lo que podríamos calificar como un punto de no retorno. Las generaciones más jóvenes (y también muchos de quienes protagonizaron la revolución) no se sienten identificadas con los valores revolucionarios ni con este sistema político. Especialmente bajo el liderazgo de Jamenei, Irán ha sido llevado a un callejón sin salida. No se puede entender la República Islámica sin aquél, que construyó una red de lealtades dentro del sistema para mantenerse en el poder. Por eso su muerte tras la operación estadounidense e israelí ha sido un golpe muy duro para la República Islámica. Ahora la cuestión es saber si el sistema va a poder resolver el problema del liderazgo, si va a aparecer un nuevo equilibrio de poder y si el sistema del 'velayat-e faqih' (la figura del líder supremo) tiene futuro. A día de hoy es muy difícil que eso ocurra.
- ¿Qué más está por ver?
- Hasta qué punto el régimen mantendrá su cohesión entre las distintas facciones que existen en su seno. La gran cuestión es quién va a encarnar ese nuevo equilibrio de poder. Por eso lo que estamos viendo es un cierre de filas y la presentación del conflicto como una guerra de resistencia. Todo dependerá también de hasta qué punto las operaciones militares de EEUU e Israel logren su objetivo, que es la desmilitarización de Irán. Al final, no se trata solo de la República Islámica: es una contienda por el poder regional.
- ¿En qué sentido?
- Israel considera a Irán su principal competidor regional: por capital humano, recursos y territorio. Por eso a Israel le interesa un Irán debilitado o desestabilizado. EEUU, al alinearse con Israel, participa también en esa pugna por la hegemonía regional. Incluso si Estados Unidos redujera su implicación, Israel probablemente continuaría con los ataques.
- Washington ha dejado claro que no tiene un plan para Irán.
- No sabemos exactamente qué quiere obtener Estados Unidos del país. Por eso es tan complicado pensar que Irán pueda encarar una transición viable a corto plazo. Muchos analistas hablan de posibles salidas para el régimen, pero cada vez parece haber menos margen. Porque la guerra es una caja de Pandora y porque al régimen no se le está ofreciendo una escapatoria clara. Y porque existe un temor evidente: que Trump, igual que tomó la decisión unilateral de atacar, decida también retirarse unilateralmente. Prioriza sus propios intereses: podría vender un éxito político que no necesariamente refleje la realidad. Declarar que ha destruido las instalaciones nucleares iraníes y replegarse. Eso terminaría frustrando muchas aspiraciones dentro de Irán, porque el pueblo iraní quiere una democracia y acabar con este régimen. En cualquier caso, desde la revolución islámica, no ha habido un país que haya condicionado tanto la política exterior de Estados Unidos (y a sus presidentes) como Irán. Siempre ha existido el «objetivo Irán». Lo que ocurre es que Netanyahu ha encontrado en Trump al mejor aliado para llevar a cabo su plan, porque sabe que Israel no puede sostener esta guerra sin ayuda estadounidense.
- Se habla de la entrada en el conflicto de grupos como los kurdos.
- Irán es un país demográficamente complejo y diverso. El régimen juega mucho con la idea de que el interior del país hay grupos que podrían fomentar una desestabilización y una fragmentación interna. Dentro de esa diversidad, estamos viendo el inicio de una cierta unidad frente a la República Islámica: Existe un consenso amplio, mayoritario, en que el problema es ésta, tal y como la conocemos. Quien no vea eso es que no entiende que el régimen ha perdido toda su legitimidad ante su pueblo. No solo por las últimas represiones, sino por todo este periodo acumulado, que ha sido decisivo.
- ¿Por qué?
- Irán sufre sanciones internacionales que condicionan profundamente la vida cotidiana de la población. Eso afecta a la economía, a las transacciones bancarias, al acceso a medicinas, a todo. Es una economía que vive bajo presión. Esto ha servido al régimen como excusa perfecta para mantener el control político dentro del país. Y es igualmente cierto que esa presión es utilizada por potencias extranjeras para alentar el descontento popular. Pero el gran responsable sigue siendo el propio régimen: ha priorizado siempre la ideología frente a la gestión y frente al bienestar de la población. La gente ve que dentro de este sistema no hay forma de cambiar nada, no hay oportunidades. La República Islámica ha intentado llevar a Irán a un mundo en blanco y negro, cuando Irán es color, es alegría, es cultura diversa.
- Esta intervención ha abierto un debate sobre la posibilidad de un cambio real en un sistema tan brutal sin la ayuda del exterior.
- Nadie quiere ver a su país bombardeado. Y la historia demuestra que el contexto internacional siempre ha condicionado el futuro político de Irán. Lo que tendría que haber ocurrido hace mucho tiempo es que el cambio se hubiera impulsado desde dentro, desde las propias instituciones iraníes. Pero el poder que acumuló Jamenei -y que también controlan las Guardias Revolucionarias, que dominan gran parte del poder económico- hizo imposible la reforma interna. Es una situación muy incierta, pero la República Islámica, después de la caída de Jamenei, lo tiene muy difícil para continuar exactamente tal y como era. La reforma política era imposible con él. Considero que tanto Trump como Netanyahu tenían claro que, para desbloquear la situación en Irán, había que terminar con el líder supremo. Y sí: han acabado con un objetivo táctico, pero todavía no han culminado con la estructura.
- ¿Cómo habría deseado que se desarrollasen los acontecimientos?
- Todo iraní, da igual su edad o generación, siempre imaginó un Irán sin Jamenei. Pero a los iraníes les habría gustado que ese final llegara acompañado de una rendición de cuentas pública por todas las muertes, por todas las familias rotas, por toda la represión. De nuevo, los iraníes no son como el régimen: no son partidarios de la muerte, no son partidarios de un Irán en blanco y negro.
- ¿Cómo analiza la actitud de los 'aliados' de Irán?
- Irán nunca ha tenido aliados de verdad. Ha sido, más bien, una oportunidad política para distintas potencias. Para Rusia y para China, que ven en esta intervención de Donald Trump como una ocasión conveniente para avanzar sus propios intereses geoestratégicos en sus respectivas zonas de influencia y consolidar sus espacios de poder regional: Europa en el caso de Rusia y Asia en el de China. Cuanto más involucrado esté Estados Unidos en Oriente Medio, más margen de maniobra tendrán ellos. Si Trump es el líder perfecto para Netanyahu, también lo es para Putin y Xi Jinping. En esta pugna mundial, en la que tres grandes potencias intentan repartirse sus zonas de influencia, lo que van a priorizar Rusia y China es el pragmatismo frente a Trump.
- ¿Y la de sus 'proxies'?
- El llamado "Eje de la Resistencia" ha hecho más vulnerable a Irán. No ha cumplido su función, que era alejar a Estados Unidos y a Israel. Este último, ha encontrado desde el ataque del 7 de octubre un pretexto para ir desmontando el poder regional de Irán. Y lo ha ido haciendo por fases: Hizbulá, Hamas, la caída de Assad... Ahora Irán ha quedado en una especie de callejón sin salida y la República Islámica está bunkerizada. Porque mientras se han destinado recursos, gestión y energía política a favor de ese Eje de la Resistencia, se han descuidado los cimientos internos de la República Islámica, como el desarrollo económico y político de la población. Irán se ha cerrado todavía más. Y todo eso le servía a Jamenei para mantenerse en el poder. Al final, el régimen iraní representa un modelo político institucionalizado que además ha intentado exportarse por la región. Yo creo que los Pasdaran no defienden tanto una idea religiosa como un modelo político.
- Quería terminar preguntándole por la posición del Gobierno de España
- Entender Irán a través de la política española es un error, repito. El problema que tiene España con respecto a Irán es, en realidad, un problema europeo. Ningún país de la UE previó este ataque. Eso obliga a preguntarse hasta qué punto la política exterior europea ha comprendido realmente el liderazgo de Donald Trump, el cual viene a ejercer el poder, no a defender el derecho internacional. Y hemos visto cómo identifica dentro de la Unión Europea a los países que pueden servirle para dividirla.En ese puzzle todavía desordenado de la política europea respecto a Irán, el Gobierno de España está intentando anticiparse a una resolución incierta y también a un posicionamiento incierto de Trump. Me da la impresión de que está intentando situarse como un posible país mediador. Mientras otros países de la UE adoptan una posición más dura o más orientada a la fuerza, España intenta ocupar ese espacio de puente. Ahora bien, todo esto tiene un problema: si la Unión Europea no actúa como bloque, no podrá responder realmente al gran tablero político abierto ni podrá adaptarse al modo de actuar de Trump. Dentro de la Unión Europea hay países como Alemania o Francia, muy conscientes de la importancia estratégica de Irán, y por eso han ido definiendo posiciones más claras. España, en cambio, se mueve dentro de la incertidumbre.