El encantador pueblo costero de Galicia donde Ana Cristina Portillo se ha escapado este invierno
Cuando pensamos en escapadas de invierno, la nieve o la montaña suelen estar en nuestra lista de preferencias, pero mejor combinarlas con otras junto al mar, como ha hecho la diseñadora y acuarelista Ana Cristina Portillo, que después de disfrutar unos días en Sierra Nevada, ha encontrado su refugio perfecto en el precioso pueblo costero de Bayona.
La hija de Sandra Domecq y hermana de Alejandra, Eugenia y Claudia Osborne no ha estado sola, ha viajado con su marido, Santiago Camacho, con quien se casó en 2024 en Jerez de la Frontera, y han dedicado su escapada por esta preciosa villa de aire medieval a “pasear, comer bien y perdernos en antigüedades”. Para alojarse han elegido, además, el lugar con más historia de esta localidad: el Parador Conde de Gondomar (parador.es), situado en la impresionante fortaleza de Monterreal, que rodea el monte Boi y se asoma a la bahía.
Después de cruzar el puente de Ramallosa, con sus 10 ojos y su crucero en medio, lo primero en Bayona es subir a la fortaleza medieval. Un panorámico sendero bordea sus 3 kilómetros de muralla y se asoma al mar, que bate con fuerza contra la roca. Si en sus piedras se siente la historia del lugar —por aquí pasaron antes celtas, fenicios y romanos—, sus alturas son un mirador excelente para disfrutar de los mejores atardeceres con el mar de fondo.
EL PASEO POR EL CASCO ANTIGUO
Saliendo de la fortaleza, Bayona tiene un laberinto de calles estrechas y plazas empedradas que conforman su casco antiguo. En torno a las calles Ventura Misa, Conde y rúa do Rosal se suceden casas bajas de granito con mucho encanto. Si se toma la última se alcanza a la iglesia de Santa María, el templo de estilo románico y aspecto fortificado que llegó a ser colegiata.
En estas mismas calles, hay numerosas tascas y restaurantes para tomar unas buenas sardinas o unos percebes acompañados de un albariño, como la tapería O Refuxio (refuxio.com) o Naveira (restaurantenaveira.com). Casa Rita (casarita.eu) fue el lugar donde se sentaron a “comer bien” Ana Cristina y su marido, dando buena cuenta de los pescados más frescos que llegan cada día de la lonja a su mesa, en este caso de un rodaballo.
PASEOS JUNTO AL MAR
Un paseo larguísimo recorre la fachada marítima de Bayona, con sus galerías acristaladas típicamente gallegas mirando a la península de Monterreal y a los barquitos amarrados. A lo lejos se adivinan las islas Cíes, accesibles desde el puerto en Semana Santa y entre el 15 de mayo y el 15 de septiembre. Si se continúa el paseo, se dejarán atrás el puerto deportivo, la playa, la ermita de Santa Marta y el arenal de Ladeira, hasta llegar al camping de Baiona, que ofrece vistas espectaculares de la ensenada.
Desde lo alto de la fortaleza de Monterreal, que vigila la ría de Vigo, vieron llegar a la carabela La Pinta el 1 de marzo de 1493 y se enteraron de que existía América antes que nadie en Europa. Una réplica de la embarcación en la que Cristóbal Colón hizo su primer viaje al Nuevo Mundo se puede ver en el pantalán del paseo Alfonso IX. Su interior recrea la vida a bordo, las mercancías que llegaron y la tripulación, capitaneada por Martín Alonso Pinzón.
MIRADORES Y FAROS
Como la fortaleza medieval, el monte Sansón también regala otra panorámica extraordinaria hacia el Atlántico. Lo corona una escultura monumental, obra en piedra y mármol del afamado arquitecto y urbanista Antonio Palacios, que se ha convertido en todo un símbolo de Bayona y ha llamado la atención de la diseñadora. Representa a la Virgen de la Roca, mide 15 metros de altura y su interior es hueco para poder acceder por una escalera de caracol al barco que sostiene en la mano derecha.
Un poco más alejado, pero poco, a solo 5 kilómetros de la localidad, otro mirador excelente es el faro de Silleiro, desde el que se dominan las Cíes hasta el monte de Santa Tecla, cerca de Portugal. Es el de mayor alcance de Galicia y luce en el cabo homónimo desde 1886. Primero estuvo a nivel del mar y, desde 1924, a 85 metros de altura, en una imponente torre octogonal blanquirroja, en torno a la cual se disponen los cañones de una antigua batería militar instalada que defendía el puerto de Vigo.







