Febrero loco y Marx… otro poco
Dice la destacada filósofa, historiadora y socióloga judeo-estadounidense Hannah Arendt, que la educación es lo primero que se destruye cuando emergen los autoritarismos o totalitarismos. La búsqueda del conocimiento (y la universalidad que conlleva) no pasa por el intento de imponer un pensamiento único. El verdadero propósito de la educación es comprender y pensar. Las limitaciones impuestas para estrechar la comprensión y reducir a una las diversas formas de entender al mundo resultan siempre y por definición antidemocráticas. Podemos permitir que esto suceda solo si aceptamos abandonar la idea de libertad. Me niego rotundamente a ello.
Educar y aprender no es acumular conocimientos, no es ver al mundo como ordenan que debemos hacerlo, es tener acceso al saber y elaborar a partir de ello nuestros propios juicios, evaluaciones y puntos de vista. Todo eso, dice Arendt, es lo que posibilita el respeto al otro y por lo tanto la convivencia. Las ciudades, las civilizaciones, nacieron gracias a la capacidad de aceptar al otro y vivir todos al mismo tiempo sometidos y protegidos por la ley. Si no se dan estos supuestos nuestra libertad está en problemas. Los autoritarismos crecen y se nutren de una educación a modo, que adoctrina en vez de enseñar a contrastar y pensar.
Marx Arriaga, protagonista del berrinche del año y afortunadamente ya exdirector de Materiales Educativos de la SEP (¡él que declaró que leer por placer era un acto neoliberal!) dijo durante su desconcertante gestión que la educación se había convertido en un negocio que absorbía miles de millones de pesos y que él iba a terminar con todo esto. ¡Y sí que terminó a su paso por la SEP con casi todo! Hasta con el propósito de su encargo, diría yo.
Las limitaciones impuestas a los libros de texto por el Sr. Arriaga con el objetivo de estrechar la comprensión y reducir a una las diversas formas de entender el entorno resultaron, y son por definición antidemocráticas e insuficientes para la construcción de verdaderos ciudadanos. Ese es el verdadero desafío de la educación.
Me gustaría, si se me permite, hacer una sugerencia a los Marx de este mundo: la educación no debe unirse jamás a la ideología. Dicen los estudiosos del tema que deben transcurrir en carriles separados. Los científicos, los académicos, los estudiosos y los demócratas estamos de acuerdo con ello. Educar (o gobernar) no puede tratarse de imponer a todos la verdad a la que llegó uno o un grupo de individuos o incluso una mayoría. Las minorías también existimos, somos ciudadanos igual que los otros y merecemos como ellos todo el respeto a nuestra forma de ver al mundo. Me he opuesto toda mi vida (como muchos o unos pocos ciudadanos más) con pasión y vehemencia a uniformar nuestras convicciones. En eso sí creo y a eso me aferro, no cien horas, sino siempre, con uñas y dientes. No me aferro a un puesto, tampoco a una oficina, jamás a una supuesta forma dizque superior de entender las cosas. No cabe duda, febrero loco y… Marx otro poco.
POR TERE VALE
COLABORADORA
@TEREVALEMX
EEZ