"La humanidad, entre ceguera y lucidez": David Toscana
Con El ejército ciego, David Toscana (Monterrey, 1961) obtuvo el Premio Alfaguara de Novela 2026, escrita a partir de un hecho histórico brutal del siglo XI: el emperador bizantino Basilio II ordena cegar a quince mil soldados búlgaros tras su derrota en batalla. Con esto, consideró el jurado, el escritor construyó "una fábula oscura y poderosa”.
La novela se centra en lo que ocurre después de la guerra, cuando solo quedan los cuerpos mutilados, las voces y la oscuridad, transformando la tragedia en una reflexión sobre la fuerza y la dignidad humanas.
“La historia de los soldados ciegos tiene pocas crónicas históricas. La novela llena este vacío con literatura. Es una fábula donde la imaginación del lector participa y se transforma la tragedia histórica en belleza y dignidad”, explicó el autor en conferencia de prensa, tras darse a conocer que con el fallo del jurado se convirtió en el quinto mexicano en obtener el reconocido galardón, sumándose a otros mexicanos como Elena Poniatowska y Xavier Velasco.
Según el acta del jurado, presidido por el escritor Jorge Volpi, la novela “se aleja del relato histórico convencional para ofrecer una lectura simbólica, casi mítica, sobre la guerra y el ejercicio del poder, con un tono que mezcla testimonio, leyenda y humor negro, y que se erige como una gran épica para los vencidos”.
Narrada en primera persona por Cosaro, el escriba, seudónimo que Toscana también empleó para postular la novela, el relato reflexiona sobre la visión y la escritura, y acompaña a un pequeño grupo de soldados ciegos obligados a avanzar a tientas, guiados por unos pocos tuertos.
“Cosaro tiene la habilidad de escribir y reflexiona sobre si aún puede leer sin ojos. La novela se completa con varias voces, pero Cosaro tiene un papel central. La narrativa se centra en la experiencia compartida”, contó.
Una de las características más notables de la obra, puntualiza, es su polifonía narrativa, ya que Toscana emplea por primera vez la primera persona del plural para dar fuerza colectiva sin perder la individualidad de cada personaje.
“Quizás esta sea la más polifónica de mis novelas, pero el coro no necesariamente es polifónico: todos pueden estar cantando la misma canción y simplemente se va tornando lo que dice cada quien. En esta obra, lo que sí tengo es la primera persona del plural: ‘nosotros los ciegos hicimos tal cosa, fuimos a tal lugar…’. Esto la convierte en la más coral de todas mis voces”, explicó.
En este sentido, la obra combina tragedia histórica con fábula, acercando al lector a la experiencia humana más allá de los hechos: “Aunque no todos tenemos experiencia directa con la guerra, la literatura nos permite entender la magnitud de estas experiencias y reflexionar sobre la humanidad que ha estado siempre entre momentos de ceguera y lucidez. La literatura nos permite admirar al ser humano en su capacidad de creación y destrucción, y construir historias con lo bueno y lo malo”.
En cuanto a la ceguera como tema central de la obra, explica cómo esta se convierte en símbolo de fuerza y heroísmo: “Me pregunto: ¿qué vemos cuando no vemos? La literatura no necesita ojos; trabajamos con palabras, conceptos e imaginación. Los ciegos perciben, imaginan y son capaces de acciones heroicas cotidianas. Quise sublimar esa capacidad en la novela, mostrando la dignidad y fuerza de quienes no ven, sin recurrir a clichés como ‘las cosas del alma son invisibles a los ojos’”, explicó.
Asimismo, reflexiona sobre el papel de la novela en la actualidad: “No creo que contribuya directamente, pero sí invita a la reflexión. Habla del heroísmo individual y la fuerza del ser humano frente a poderes más grandes. Nos recuerda que, aunque no podemos controlar a todo el mundo, tenemos un cosmos cercano (amigos, familia, comunidad) donde sí podemos influir”, reflexionó.
Y, aunque no es historiador, Toscana comparte que se acerca a la historia desde la sensibilidad del novelista: “El historiador se ocupa de hechos; el novelista de lo que esos hechos inspiran: emociones, relaciones, escenas íntimas. Por ejemplo, sabemos que Porfirio Díaz se casó con Carmen Romero Rubio, pero la novela explora cómo fue la boda y ese matrimonio desde lo humano y erótico. La pasión del novelista por la historia es crear un relato armonioso, no un catálogo de datos”, compartió.
Y compartió que, aunque su narrativa se nutre de influencias literarias diversas como Don Quijote, José Donoso, Onetti y la literatura balcánica, es especialmente “Un puente sobre el Drina”, de Ivo Andric, de quien toma la idea de héroes de lo cotidiano: “Sus personajes pequeños tienen grandeza en acciones cotidianas, como cruzar un puente o subir a la torre de una iglesia. De ellos tomé el sabor del héroe de las pequeñeces”, compartió.
A pesar de que Toscana ha cambiado geografías en sus relatos, del norte de México a ciudades como Varsovia, Jerusalén o Bulgaria, el autor considera que siempre queda “una especie de huella digital de Toscano en mis novelas, como la pincelada de un pintor”, consideró.
Sobre la ficción frente a la realidad, afirma: “La ficción permite explorar la experiencia emocional del ser humano, más allá de la razón, y nos da placer y reflexión más profundo que un espectáculo como un partido de fútbol”, afirmó.
Finalmente, comenta sobre la lengua española en contextos donde puede ser motivo de señalamiento, como Estados Unidos: “Sí puede haber señalamiento, pero mi percepción es que se nota más orgullo y menos vergüenza por hablar español. Cuando cruzaba la frontera joven, algunos fingían no hablarlo; ahora, en Los Ángeles y otras zonas, se habla español con orgullo, se escucha música mexicana y hay taquerías auténticas’”, comentó.
El Premio Alfaguara consta de 175 mil dólares, una escultura del español Martín Chirino y la publicación simultánea de la novela en todo el territorio de habla hispana, el próximo 26 de marzo.
Con obras traducidas a 17 idiomas y reconocido con premios como el Xavier Villaurrutia y la Bienal Mario Vargas Llosa, Toscana suma el Premio Alfaguara a una trayectoria literaria consolidada.
Entre sus libros más destacados están Las bicicletas, Estación Tula, El último lector, El ejército iluminado y Olegaroy, novelas en las que explora la memoria, la guerra, la identidad y la dignidad humana con una prosa irónica y profundamente literaria.
Por Azaneth Cruz
EEZ