Los ataques israelíes fuerzan un éxodo de cristianos del sur del Líbano
La pequeña comunidad cristiana de la ciudad de Tiro se mantiene concentrada en una esquina de la ciudad antigua, junto al puerto. Un reducto marcado claramente con enormes carteles o estatuas de la virgen, y esas típicas urnas colgadas de las paredes, donde acumulan más efigies de santos, cristos y demás parafernalia religiosa. Una iconografía que contrasta de forma evidente con los enormes retratos de Hassan Nasrallah, el difunto líder de Hizbulá, y demás militantes de esa agrupación o de sus aliados de Amal -otro grupo paramilitar chía- que dominan el resto de la metrópoli sureña.
Raimond Baradai es uno de los recalcitrantes. Él se niega a marcharse pero admite que el "90% de los cristianos" del barrio se han ido ya, conforme los bombardeos israelíes se cebaban en la mayor ciudad de la región fronteriza del Líbano.
"Me marché en la guerra del 2006, pero no lo hice en la del 2024. Estoy harto. Líbano lleva en guerra con Israel desde que se creó en 1948. No empezó con Hizbulá. No existía Hizbulá", agregó mientras deambulaba por las estrechas callejuelas que conforman el enclave.
A Baradai no le causó sorpresa el deceso del conocido clérigo Pierre al-Rai, de la aldea sureña de Qalayaa, que murió este lunes en un ataque de los militares israelíes.
"A Israel le da igual si eres cristiano o musulmán. Nos matan por igual", comentó el libanés de 52 años.
Su opinión no refleja el sentimiento unánime de la minoría cristiana que habita en el Líbano pero sí su hartazgo, que combinado con la trágica suerte de Pierre Al-Rai, ha acelerado este martes el éxodo de una parte de la población cristiana instalada en las inmediaciones de la linde con Israel. Las tropas de Tel Aviv han acentuado su avance en la frontera, donde se registran violentos combates con los paramilitares de Hizbulá.
Pierre Al Rahi, e sacerdote asesinado en Líbano.EM
La muerte de Al-Rai, un clérigo muy popular en la nación árabe, causó una auténtica conmoción en el área sureña, provocando la inmediata huida de los pocos cristianos que permanecían en la aldea de Alma al-Shaab, que escaparon escoltados por cascos azules.
Este último villorrio también sufrió el castigo del ejército israelí en las últimas jornadas, que acabó con la vida de uno de sus habitantes cristianos. La víctima estaba regando su jardín, según informaron los medios libaneses.
"Todo el mundo le conocía. Era el hermano del sacerdote. No entendemos nada", reconoció Vera Makhoul, una cristiana libanesa que continúa en Rmeich, una de las localidades sureñas donde residen los miembros de esta fe.
Las fuerzas internacionales confirmaron que habían escoltado a cerca de 80 personas y que ahora la población -de mayoría cristiana- ha quedado vacía, como también ocurrió en la guerra del 2024. "Son muchos los que se están planteando irse", reconoció un habitante de Qlaya, contactado por teléfono. Los sucesos de este último enclave y Alma al-Shaab se sumaron al ultimátum que recibió la propia ciudad de Rmeich.
Uno de los responsables del lugar difundió la llamada amenazante de un uniformado israelí, que le exigía expulsar a todos los desplazados musulmanes chías que se han refugiado allí. "Sabemos quiénes están ahí. Si hay alguien de Hizbulá vamos a atacar. La responsabilidad es vuestra", se escuchaba decir al interlocutor israelí.
Con más de 5.000 habitantes, Rmeich es junto a Maryajoun o la citada Qlayaa uno de los contados núcleos urbanos de mayoría cristiana en las áreas cercanas a Israel, donde domina de forma abrumadora la población chía musulmana.
La docena larga de localidades donde se agrupan los cristianos han intentando mantenerse al margen de los choques entre Hizbulá e Israel en las repetidas guerras que ha sufrido el área en los últimos años, bajo el supuesto de que Tel Aviv establece una diferencia entre los devotos del cristianismo y los musulmanes.
Pero esta conjetura se ha quebrado en las últimas horas, especialmente tras el asesinato de Pierre al-Rai. Todos los testigos consultados por este diario coincidieron en que el clérigo perdió la vida por un proyectil lanzado desde las posiciones israelíes.
"Dispararon primero contra la casa de un profesor, cristiano, como todos los de esta aldea. Cuando ya habían llegado dos ambulancias y el Padre Pierre, los tanques israelíes volvieron a disparar y ahí murió el cura. No lo entendemos. No sé cuál es el mensaje que quería mandar Israel. Han dicho que había militantes de Hizbulá en ese sitio pero no es verdad", relató B (no quiso dar su nombre), por teléfono.
Su declaración fue corroborada por el alcalde de Qlayaa, Hanna Daher. "Es mentira. No había grupos (de Hizbulá). Los únicos fueron los habitantes de la aldea que vinieron a ayudar a los heridos", manifestó. Al igual que B., los cristianos del sur comparten el miedo. "Esta guerra no es como la del 2006 ó las del 2024. Ahora nadie sabe qué es lo que quiere Israel. Lo mismo matar a todos y ocupar toda la región del sur", indicó Vera Makhoul, desde Rmeich.
Al Rai se había significado en las últimas horas por sus comunicados a favor de que los cristianos no abandonen la región. Israel ha exigido que todos los residentes instalados al sur del río Litani abandonen esa zona.
"Cuando defendemos nuestras tierras, lo hacemos como pacifistas que sólo portan las armas de la paz, la bondad, el amor y la oración", clamó Al Rai en una reciente concentración pública.
El suceso fue mencionado incluso por el Papa Leo XIV, quien manifestó su "profundo pesar por todas las víctimas de los bombardeos en Oriente Medio de los últimos días, por las numerosas personas inocentes, incluidos numerosos niños, y por quienes les brindaban ayuda, como el padre Pierre El-Rai, sacerdote maronita asesinado esta tarde en Qlayaa", según informó el canal Telegram del Vaticano.
Pierre al-Rai era un viejo conocido de las tropas españolas desplegadas en ese territorio. El propio Arzobispado Castrense de España reconoció en las redes sociales "la gran amistad" que tenía el clérigo desaparecido con los militares españoles, cuya base principal se encuentra en las cercanías de Qlayaa.
El hasta ahora embajador español en el Líbano, Jesús Santos, también difundió una foto junto al religioso en la que recordaba que Al-Rai "rechazó siempre abandonar Qlayaa, incluso en los momentos más difíciles".
El asesinato de Al-Rai ha acentuado la grave división social que sufre el país, toda vez que el líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geaea -que fue aliado de Israel durante la guerra civil- intentó justificar la muerte del sacerdote diciendo que antes del ataque de los uniformados de Tel Aviv se había registrado una "infiltración" de militantes de Hizbulá en la aldea, lo que provocó la reacción el ejército enemigo.
Los señalamientos del partido ultraderechista provocaron un violento cruce de acusaciones en las redes sociales en otro signo de cómo el presente conflicto comienza a resquebrajar la convivencia tácita -la división de facto siempre se mantuvo- que se estableció en la nación árabe al concluir la refriega civil en 1990.
Para saber más
La oficina de esa misma formación en Qlayaa arremetió contra Hizbulá y lamentó que el padre Rai haya muerto en lo que definió como "una guerra importada" y "librada por forajidos", en alusión a los militantes del también llamado Partido de Dios.
Al referirse al suceso, el máximo responsable de la iglesia maronita, Bechara Rai, se sumó a los señalamientos contra Hizbulá por "participar unilateralmente" en la contienda, instando a que se desarme a esa formación. Las huestes a las órdenes de Naim Qassem, cuyo potencial militar excede al del ejército local, ya han advertido que cualquier plan en ese sentido llevará al estado a una nueva guerra fratricida.

