Más que un librero, César resguarda la historia capitalina en el Corredor Cultural Balderas

Más que un librero, César resguarda la historia capitalina en el Corredor Cultural Balderas


Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee, vive solo una”, escribió George R. R. Martin, y César Sánchez parece haber vivido muchas más.

A sus 69 años, César ha pasado cuatro décadas entre libros, en el corredor cultural ubicado entre el parque de la Ciudadela y la Biblioteca José Vasconcelos. Ahí, rodeado de ejemplares antiguos, raros y de colección, no solo vende libros: narra historias, preserva la memoria y contagia pasión por la lectura.

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Librero anticuario por convicción, selecciona, restaura y ofrece obras que, aseguró con orgullo, forman parte del patrimonio cultural e intelectual del país. Para él, no se trata solo de comerciar libros, sino de entenderlos.

“Fomentar la identidad nacional y el concepto universal, esa es la misión de un librero anticuario: concientizar las mentes y llenarlas de cultura”, dijo en entrevista con 24 HORAS.

Un librero anticuario se distingue por sus herramientas intelectuales”, explicó. Conoce autores, ediciones, editoriales y contextos. Sin desairar a otros colegas, marca una diferencia clara: el conocimiento como oficio.

Su misión, dijo, es convertir al Corredor Cultural Balderas en Patrimonio Cultural de la Ciudad de México. Una meta que persigue junto con la Asociación Autogestiva de Libreros y, sobre todo, con el interés de los lectores que caminan entre los puestos.

Afirmó haber leído más de cinco mil libros y basta escucharlo unos minutos para corroborarlo. Habla con la misma soltura de Shakespeare que de Cervantes, de Homero que de Dante. Cuando comienza a contar la historia de los edificios antiguos que sobreviven en la zona, como la Biblioteca José Vasconcelos.

Escucharlo es tomar un curso intensivo de Historia: del México independiente al contemporáneo, de los hermanos Casasola a José Vasconcelos, de Carlos Monsiváis a Cuauhtémoc Cárdenas. Tres horas pueden pasar sin que uno se atreva a interrumpirlo.

Se podría pensar que alguien con su bagaje intelectual estaría dando cátedra en alguna universidad del mundo. Pero él lo tiene claro: es feliz ahí.

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Entre anaqueles improvisados, rodeado de letras, resume su filosofía con una comparación directa: “La literatura es como la comida: hay gourmet y hay chatarra. Hay bolsas de papas y hay cortes de rib-eye. Hay 1984 de George Orwell y hay ¡Quiúbole con…!, de Yordi Rosado”.

En ese corredor, César abre las puertas a lectores dispuestos a vivir, como él, muchas vidas más.