Mazda ahora mira hacia el sur

Mazda ahora mira hacia el sur

Mazda encontró en México algo más que un mercado rentable. Encontró un modelo de negocio exportable. Desde aquí, la marca japonesa afina la estrategia con la que busca abrirse paso en Argentina y Brasil, dos territorios que combinan oportunidad con
incertidumbre.

La ruta no responde únicamente a una lógica territorial. Para la compañía, el mercado mexicano se convirtió en una plataforma donde se ensayaron modelos de operación, cultura organizacional y disciplina comercial que hoy funcionan como base de su expansión regional.

Desde este frente, Miguel Barbeyto, presidente y CEO de Mazda México y responsable de nuevos mercados en América Latina, encabeza el diseño de una estrategia que busca trasladar la experiencia operativa desarrollada en el país hacia dos de los mercados más complejos del continente.

“Llevamos trabajando un poco más de 18 meses en todo este proyecto y ahora se hizo, digamos, por llamarlo de alguna manera, oficial. Uno piensa que cuando habla de América Latina todos somos iguales, pero son mercados diferentes”, explica Barbeyto, luego de 10 días de asumir formalmente su nueva responsabilidad regional.

La apuesta no responde únicamente a una lógica de crecimiento territorial. Para Mazda, el mercado mexicano se convirtió en un laboratorio corporativo donde se ensayaron modelos de operación, cultura organizacional y disciplina comercial que hoy buscan convertirse en la base de su expansión regional.

En los últimos años, la filial mexicana logró consolidar una relación directa con su red de distribuidores, estandarizar estrategias comerciales y fortalecer el control de inventarios, decisiones que, más allá de lo operativo, terminaron moldeando una forma particular de entender el negocio.

“Debido a los buenos resultados que hemos obtenido en Mazda de México, se me dio la tarea de poder replicar
—no hacerlo de la misma forma, porque cada mercado es diferente—, pero sí trasladar el modelo de negocio que estamos teniendo en México para los diferentes países de América Latina”, explica Barbeyto, quien considera que ese aprendizaje es el principal activo que puede trasladar a la región.

Los mercados latinoamericanos —sostiene— comparten rasgos culturales, pero operan bajo dinámicas económicas y regulatorias profundamente distintas, lo que obliga a diseñar estrategias a la medida.

Argentina, por ejemplo, aparece como el primer frente de expansión. Se trata de un mercado históricamente volátil, marcado por ciclos económicos abruptos, pero que comienza a mostrar señales de reconfiguración.

Con una renovada apertura comercial, las expectativas de crecimiento del sector automotriz y la posibilidad de facilitar importaciones desde Estados Unidos han colocado al país sudamericano en la mira de diversas compañías a nivel mundial.

“El año pasado el mercado terminó bastante fuerte, creciendo a doble dígito. Este mercado también tiene un potencial bastante grande; se está abriendo más, no sólo para lo que se produce localmente”, considera.

Para Mazda, ingresar en este momento representa la oportunidad de posicionarse dentro de un ecosistema industrial que intenta reconstruirse.

“El argentino es el tercer mercado automotriz más importante de toda América Latina, entonces, por eso le estamos dando esa prioridad”, señala.

Barbeyto entiende que la expansión regional ocurre precisamente en momentos donde los mercados redefinen sus reglas. En ese proceso, la experiencia mexicana funciona como guía, particularmente en la construcción de relaciones comerciales sólidas y en el manejo de estructuras operativas que privilegian la eficiencia financiera.

Brasil es una historia distinta porque el país exige enfrentar un entramado industrial altamente regulado y protegido, donde la adaptación tecnológica es indispensable para competir.

El mercado brasileño, además, plantea retos específicos vinculados al uso de combustibles alternativos, lo que obliga a replantear configuraciones técnicas y estrategias de producto.

Para Barbeyto, mientras Argentina demanda lectura macroeconómica y capacidad de adaptación comercial, Brasil requiere planeación industrial de largo plazo y desarrollo tecnológico especializado.

Detrás de ese proceso aparece un componente central y es el liderazgo de Miguel Barbeyto —o Mike, como lo llama su equipo cercano—, quien ha tenido que navegar entre la cultura corporativa japonesa de Mazda, basada en disciplina operativa y toma de decisiones sustentada en datos, y la dinámica latinoamericana, donde los contextos de negocio suelen ser más flexibles y cambiantes.

Esa experiencia redefinió su forma de dirigir equipos, ya que en el mercado mexicano el crecimiento comercial obligó a fortalecer procesos internos sin perder cercanía con distribuidores y clientes, un equilibrio que ahora intenta trasladar hacia la operación regional.

Él sabe que la expansión corporativa no depende únicamente de inversiones o lanzamientos de producto, sino de la capacidad para construir estructuras organizacionales que respondan a contextos culturales diversos.

“Por ahí dicen que el japonés es el alemán oriental, de mucho dato duro, no es como el mexicano de ‘yo pienso’, ‘yo creo’. Allá es de ‘demuéstramelo con números’. A mí esto ya me resulta natural, porque es un método de trabajo que deberíamos tener todos, por respeto”, dice.

Miguel Barbeyto considera que el desafío no consiste sólo en posicionar a la automotriz japonesa en nuevos territorios, sino en demostrar que la experiencia acumulada en mercados emergentes puede convertirse en una ventaja competitiva global.

En el fondo, América Latina dejó de ser únicamente un destino comercial para convertirse en un espacio de aprendizaje estratégico. México, en ese proceso, emerge como un punto de referencia desde el cual se diseñan modelos de negocio capaces de adaptarse a escenarios complejos.

PAL