Pasado visible

Pasado visible

La calle República de Argentina recorre una franja del Centro Histórico que concentra algunas de las capas más antiguas de la ciudad. Su trazo se vincula con el límite norte del antiguo recinto ceremonial mexica y con la retícula urbana establecida tras la conquista, lo que la convirtió desde temprano en una vía de circulación continua, asociada al funcionamiento cotidiano del centro político, educativo y comercial de la capital.

Durante siglos fue conocida como la calle del Reloj, denominación que, según la tradición urbana, aludía a un reloj público instalado en el sitio, posiblemente uno de los primeros del periodo virreinal.

En el siglo XIX, cronistas la describieron como una prolongación del frente del antiguo palacio virreinal, integrada por manzanas regulares y atravesada por un flujo constante de peatones. Su localización la vinculó de manera directa con instituciones educativas cercanas y con la vida estudiantil que marcó buena parte del entorno. En ese periodo, la calle concentró comercios y servicios asociados a esa población.

Funcionaron ahí sastrerías, cafés y pequeños negocios, y se consolidó como parte de un corredor donde convivían escuelas, espacios de reunión y tránsito cotidiano. Esa condición se mantuvo a lo largo de varias décadas y definió su carácter urbano. A finales del siglo XIX, la actividad editorial tuvo presencia directa en la calle.

De acuerdo con el investigador Ángel Gilberto Adame, en 1892 Ireneo Paz, padre del poeta Octavio Paz, trasladó a esta vía su imprenta y editorial La Patria. El inmueble albergaba talleres tipográficos en la planta baja y áreas habitacionales en los niveles superiores. Con el tiempo, el edificio cambió de uso y alojó otros giros comerciales, reflejo de las transformaciones económicas y sociales del Centro Histórico. 

En 1921, la calle adoptó el nombre de República de Argentina como parte de un proceso de cambio de nomenclatura que buscó reorganizar el espacio urbano. A partir de entonces, la vía mantuvo su función como calle de tránsito, comercio y servicios, con presencia de librerías, cantinas y negocios diversos, condición que conserva hasta la actualidad.

En años recientes, trabajos de arqueología urbana permitieron integrar al espacio público restos del basamento perimetral del recinto ceremonial mexica, asociado al Templo Mayor. Estos vestigios, visibles desde la calle mediante ventanas arqueológicas, forman parte de los registros y acciones de conservación del patrimonio prehispánico en el Centro Histórico y coexisten con el uso cotidiano de la vialidad.

EEZ