Poderoso mensaje de Bad Bunny

Poderoso mensaje de Bad Bunny

El show del medio tiempo de Bad Bunny no fue un espectáculo para entretener: fue una declaración política envuelta en ritmo, símbolos y memoria histórica. Más allá de la euforia visual, lo que Benito puso sobre el escenario fue una denuncia directa sobre el proceso de desplazamiento cultural y económico que vive Puerto Rico, tomando como espejo lo ocurrido en Hawái.

Su mensaje no fue improvisado ni aislado, forma parte de una narrativa que viene construyendo desde hace tiempo y que en la canción Lo que le pasó a Hawaii se vuelve frontal.

La comparación no es casual. Convirtieron a Hawái en un paraíso turístico mientras su población originaria perdió control sobre tierras, idioma e identidad. Bad Bunny lo resume en una frase demoledora: “lo primero que hay que hacer para colonizar es quitarte la identidad”. Esa línea es la columna vertebral del espectáculo.

En escena, los elementos visuales: banderas, referencias culturales, sonidos autóctonos mezclados con producción global, funcionan como resistencia simbólica ante esa “homogeneización” que denuncia.

En Puerto Rico, los incentivos fiscales para inversionistas extranjeros han provocado el aumento del valor de propiedades y la expulsión silenciosa de comunidades locales. Playas privatizadas de facto, barrios transformados en escaparates turísticos, jóvenes obligados a emigrar. Esa es la gentrificación que él señala. No es solo urbanismo: es desarraigo. Y al llevarlo a un escenario de alcance mundial, convierte el entretenimiento en altavoz político.

Algunas interpretaciones, como la de analistas culturales y comunicadores en la isla, señalan que el show también fue una crítica al colonialismo moderno disfrazado de progreso económico. Otros subrayan la carga emocional: no es un ataque al turismo, sino al modelo que desplaza al residente para beneficiar al capital externo. El contraste entre fiesta y denuncia fue deliberado; mientras el mundo baila, Puerto Rico pelea por no perderse a sí mismo.

Incluso la estética del espectáculo (mezcla de tradición y modernidad) parece responder a esa tensión: ¿cómo ser global sin dejar de ser local? Bad Bunny plantea que la identidad no es mercancía. Por eso rescata símbolos culturales, ritmos caribeños y referencias históricas en un espacio dominado por la industria estadounidense. Es una manera de decir: estamos aquí, no somos souvenir.

El mensaje también dialoga con otras luchas latinoamericanas: la defensa del territorio, la memoria y el idioma frente a dinámicas económicas que priorizan el negocio sobre la comunidad. No es casual que su discurso conecte con públicos fuera de Puerto Rico; el fenómeno de la gentrificación es global.

En síntesis, el medio tiempo fue un acto de resistencia cultural disfrazado de espectáculo pop. Bad Bunny no solo cantó, advirtió. Su pregunta implícita es clara: ¿permitirá Puerto Rico convertirse en otro Hawái? La respuesta no está en el escenario, sino en la conciencia colectiva que él intenta despertar.

FACEBOOK  y YOUTUBE Ana María Alvarado

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