Putin alarga su 'Guerra Patria' sin lograr la victoria de 1945
La próxima semana se cumplen 83 años de un momento decisivo: un 2 de febrero de 1943 terminó la batalla de Stalingrado. Se rindieron los últimos restos del 6.º Ejército alemán y el cerco dejó de ser una promesa para convertirse en una catástrofe. La efeméride sirve para leer un patrón que se repite en Ucrania: cuando una campaña se vende como rápida y decisiva, pero se atasca, el coste de no poder cerrar el círculo se dispara y la guerra empieza a devorar a ambos contendientes. Vladimir Putin dibujó en 2022 una Guerra Patria a su medida: de nuevo los nazis, de nuevo el poderío ruso, de nuevo la ampliación de las fronteras y el dominio en Europa Central bajo el paraguas común del rechazo a lo que viene de Occidente.
Esperaba una rendición rápida, pero la gloria de 1945 sigue siendo esquiva y constituye su gran obsesión. "Cuando empezó la invasión de Ucrania, una compañera periodista que trabaja con la prensa que sigue a Putin le preguntó muchas veces por la guerra al presidente, y después ella me contó que el principal trauma de Putin es que le apena haber nacido después de la Segunda Guerra Mundial, no haber agitado la bandera sobre el Reichstag", explica a EL MUNDO Elena Kostyuchenko, autora de Amo a Rusia. Crónicas desde un país perdido, un libro que narra el descenso de Rusia hacia el totalitarismo.
Al igual que Stalin, Putin ha aprovechado la guerra para reforzar su dictadura en el ámbito interno, pero no ha conseguido, de momento, expandir su influencia hacia afuera como hizo la URSS tras la derrota nazi.
Para la URSS, la Segunda Guerra Mundial fue un pegamento social que la revolución no había logrado producir y se convirtió en el mito fundacional que 1917 no logró ser. Tras su ascenso al poder en 2000, Putin movió el mito fundacional de la patria a la gloriosa victoria de 1945, el acontecimiento del que los rusos de diversos ámbitos se sienten más orgullosos. Para el historiador Xosé M. Núñez Seixas, autor de Volver a Stalingrado, uno de los pocos tratados en español sobre la memoria de esa guerra, ese recuerdo está estrechamente vinculado a los tiempos de Leonid Brezhnev, considerados la época dorada de la URSS: bienestar, homogeneidad y estabilidad.
La era Brezhnev -un apparátchik que recuperó el culto a la victoria sobre los nazis- dejó su impronta en Putin, pues abarcó su adolescencia y juventud. Tanto Brezhnev como Putin presidieron un largo estancamiento con una rivalidad creciente con Occidente, aunque evitando guerras. Después, en la vejez, se embarcaron en aventuras bélicas -Afganistán, Ucrania- que resultaron más fáciles en la teoría que en la práctica.
Kiev en tres días: la invasión de Crimea creó un espejismo letal para Rusia
La Gran Guerra Patriótica -así llaman los rusos a su Segunda Guerra Mundial- duró 1.418 días. La gran guerra entre Rusia y Ucrania llegó a esa marca de 1.418 días el pasado 12 de enero. La guerra de Putin es ya más larga que la que quería emular, sin llamarla guerra y sin movilizar a toda la sociedad. El invadido es ahora el invasor. "Kiev en tres días" fue un plan que nunca se cumplió. El mito victorioso que Putin pretendía, de momento, se resiste. Pero la Segunda Guerra Mundial forjó la implicación de Estados Unidos en Europa, y ahora Estados Unidos está abandonando a sus aliados europeos. Y el peligro que afronta el Viejo Continente -con Rusia contemplando un camino cada vez más despejado para nuevos ultimátums- se parece cada vez más al del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
¿Cómo es posible que un poder nuclear como Rusia no haya podido imponerse a Ucrania de la misma forma que la URSS doblegó a la Alemania nazi en el mismo espacio de tiempo? La enorme complejidad bélica impide ofrecer respuestas cortas. En la Segunda Guerra Mundial no sólo el imperio soviético se enfrentaba al Tercer Reich. También lo hacía otro gigante industrial como Estados Unidos, junto al imperio británico y los remanentes de la Francia Libre, aunque fue Moscú el que cargó con una buena parte del esfuerzo bélico para torcerle el brazo al nazismo. En el caso de Ucrania, también ha contado con ayuda exterior durante estos cuatro años, tanto económica como de equipo militar, de sus aliados occidentales. Esa entrega de armas y munición ha sido clave para que hoy el Estado ucraniano siga existiendo como tal y se frustraran los planes del Kremlin.
Los primeros compases de Barbarroja, la campaña para invadir la Unión Soviética en 1941, fueron catastróficos para el Kremlin. Después de embolsar ejércitos enteros, el avance alemán se ralentizó llegando a Moscú, y el general invierno hizo el resto. La Wehrmacht fue derrotada a unos 40 kilómetros de la capital rusa gracias a las tropas siberianas enviadas para auxiliar a Moscú desde las lejanas costas del Pacífico.
El segundo año de invasión comenzó con la misma tónica, pero esta vez el objetivo no era Moscú, sino la ciudad industrial de Stalingrado, a orillas del Volga. Después de un avance poderoso en el que las divisiones alemanas alcanzaron el centro de la ciudad en septiembre y octubre de 1942, la feroz resistencia soviética y, de nuevo, el frío frenaron a los alemanes en las ruinas de la ciudad y poco después los sitiaron.
Hasta Stalingrado, todo fueron victorias para Alemania. Desde Stalingrado, todo fueron derrotas. El contraataque soviético sólo encontró resistencia en la zona de Járkiv, en Ucrania, una ciudad que vivió cuatro batallas. Hitler intentó embolsar por sorpresa a las tropas soviéticas que corrían ya hacia el oeste en el saliente de Kursk. Para ello tenía una nueva arma: los carros de combate Tiger y Panther, orgullo de la industria de guerra alemana. Los soviéticos se prepararon a conciencia y la Operación Ciudadela fracasó en verano de 1943. Desde ahí hasta llegar a la cancillería de Berlín en abril de 1945, la Unión Soviética tomó 900.000 kilómetros cuadrados de Letonia, Lituania, Estonia, Rumanía, Hungría, Bulgaria, Eslovaquia, más buena parte de Alemania, Austria y Finlandia.
Sin mística épica: un coste social mal repartido entre las zonas pobres y la élite
¿Qué ha sucedido en Ucrania para que una potencia militar como Rusia sólo haya conquistado 110.000 kilómetros en cuatro años? Putin nunca pensó en abrir una guerra, sino en poner en marcha, como él mismo la bautizó, una "operación militar especial" que tomara la capital en días, tumbara al Gobierno de Zelenski y tomara el control del Estado ucraniano.
La Gran Guerra Patria no sólo fue de mayor escala, sino también más intensa. Las posibilidades de supervivencia de los militares eran menores: el 30% del personal militar que fue al frente murió. Durante la guerra ruso-ucraniana, la cifra es del 13,7%. La densidad de tropas es tres veces menor que en 1943. Los drones imposibilitan la concentración de fuerzas y las penetraciones profundas. "La guerra que plantea Rusia es una guerra híbrida, con empleo de mercenarios y tropas extranjeras, sin movilizar del todo a sus reservistas para evitar costes sociales, mientras que Ucrania se ve forzada a movilizar a todas sus reservas", explica Núñez Seixas.
Con la experiencia de Crimea, en la que el ejército ucraniano no pegó ni un tiro, nadie en Moscú pensó en que opondrían resistencia. El error fue tan colosal que en las afueras de Kiev, Chernigiv, Járkiv o Mikolaiv perdió lo mejor de su ejército profesional en una ofensiva sin plan B. En Hostomel, por ejemplo, sus paracaidistas fueron incapaces de ocupar el aeropuerto acosados por aproximadamente 200 voluntarios. En el sur del país, los rusos tuvieron más éxito, sobre todo por la traición de algunos oficiales ucranianos, que ordenaron desminar el territorio que une la Ucrania continental con Crimea e impidieron la voladura de los puentes sobre el Dnipro, lo que provocó la toma de Jersón, perdido por el Kremlin después.
La mayor parte de los territorios conquistados por Moscú en Ucrania se perdió en esas primeras semanas gracias al factor sorpresa. La posterior estabilización del frente ha llevado al estancamiento progresivo del esfuerzo ruso, tan solo roto con enormes pérdidas en batallas de desgaste de meses de duración como Bajmut, Severodonetsk o Avdivka, donde Moscú conquistó ruinas con centenares de miles de bajas.
"Es obvio que el coste social y humano de la guerra no se ha repartido de modo equitativo en la sociedad rusa, como sí lo fue en la retaguardia soviética" durante la Gran Guerra Patria, explica Seixas. "En ese sentido, es difícil que cuaje una mística patriótica como la de 1941-1945", añade. "Pese a los errores de gestión del Gobierno de Zelenski y el cansancio de cuatro años de guerra en la sociedad ucraniana, sin duda la resistencia frente a Rusia es para muchos ucranianos una suerte de Gran Guerra Patria propia". En cuanto a Rusia, "la cuestión es cuánto tiempo podrá mantener el apoyo de su población si la guerra se convierte en una suerte de empate permanente y un pseudo-Afganistán", se interroga Núñez Seixas.
Olivier Wieviorka, historiador, cree que el momento actual, aunque hayan pasado más de 1.000 días de guerra, "está lejos de la paz de 1945 y más cerca de los peligros de finales de los años 30. En 1939 el sistema de alianzas era tan débil que carecía de poder disuasorio".