Rodolfo Jung, DT de Los Gladiadores, tras ganar la final del Sur-Centro ante Brasil, con Olé: “Eran más fuertes, pero creímos”
Seis años después, Los Gladiadores volvieron a reinar en el Sur-Centro y lo hicieron a lo grande: con un triunfo agónico ante Brasil, séptimo del ranking mundial, en una final vibrante disputada en Asunción. Fue 26-25, con un gol de Federico Giménez a 15 segundos del cierre y una última defensa heroica para desatar el festejo argentino en el clásico sudamericano.
El equipo dirigido por Rodolfo Jung llegó a la definición con puntaje ideal, al igual que la Verdeamarela, aunque los brasileños contaban con la ventaja deportiva del empate. En ese contexto de máxima exigencia, Argentina mostró carácter, convicción y temple para quedarse con el título y sumar su novena corona continental, recuperando un trofeo que se le negaba desde 2020.
Tras la consagración, Jung habló mano a mano con Olé. La previa de la final, el cierre para el infarto, el peso de Nicolás Bono, el nivel de Juan Bar en el arco, el recambio generacional, la ausencia de Diego Simonet, entrenar en pleno postfiestas, dirigir a su hijo y los grandes objetivos que vienen: el Mundial 2027 en Alemania y el sueño olímpico.
-¿Qué significa este título del Sur-Centro, en Asunción y nada menos que ante Brasil?
- Significa muchísimo. Nosotros estamos trabajando a futuro, pensando en un proceso largo. Cuando arrancamos esta gestión, en septiembre de 2024, sabíamos que venía un recambio fuerte, con muchos chicos jóvenes. En el último Mundial debutaron nueve jugadores y, al año siguiente, nos tocó enfrentar al séptimo del mundo. Sabíamos que no estábamos tan lejos y por suerte se dio el título, que es clave para seguir trabajando y prepararnos con el objetivo de clasificar a los Juegos Olímpicos de los Ángeles 2028.
-En la previa de una final así, ¿cómo se vive la noche anterior? ¿Cambia algo en la rutina?
-No. El entrenamiento y la dieta están planificados durante toda la semana del torneo, con el nutricionista y el cuerpo médico. Lo importante es llegar lo más entero posible, sobre todo ante un equipo como Brasil, que es muy fuerte físicamente. Sabíamos que teníamos que administrar cargas y hacer recambio en los partidos previos. Después, sí, la noche anterior hay más ansiedad, es lógico, pero tratamos de que todo siga igual.
-Brasil llegaba como gran favorito. ¿Eso se sentía?
-Sí, claramente. Era un 90-10. Brasil es el número 7 del mundo y tiene una jerarquía individual enorme. Argentina juega mejor al handball, pero hay una diferencia física importante. El desafío era suplir eso desde lo táctico y lo colectivo.
-¿Qué les dijiste a los jugadores antes de salir a la final?
-Que creyeran. Si el jugador no cree que puede ganar, es imposible. Yo los vi convencidos de que le podíamos ganar a Brasil. Habíamos trabajado muy bien y se notó: jugamos un partido casi perfecto.
-El equipo estuvo abajo en varios pasajes. ¿Qué fue clave para no salirse del plan?
-La tranquilidad. Al final del primer tiempo ganábamos por dos. Después, con diez minutos por jugar, pasamos a perder por uno jugando con dos menos. Les dije que estuviéramos tranquilos, que el partido estaba para ganarlo. Los últimos diez minutos fueron gol a gol y sabíamos que el empate no nos servía.
-Brasil tenía la ventaja del empate. ¿Cómo se juega ese último minuto?
-Ellos tenían dos goles más de diferencia en la tabla, así que el empate los beneficiaba. Faltando diez segundos saqué el arquero, jugamos siete contra seis y salió bien.
-El gol de Federico Giménez, ¿estaba trabajado?
-Sí, claro. El siete contra seis es parte del entrenamiento. Hay una acción táctica preparada para esa pelota y, por suerte, se dio.
-Después del gol, Brasil pidió minuto. ¿Cómo se manejan esos últimos segundos?
-La idea fue salir a cortar rápido, bien arriba, para que no avanzaran y no les diera el tiempo. Presionamos al lanzador, la pelota fue a la punta y desde ahí el tiro fue bloqueado. Salió todo como se pidió.
-¿Cuál fue la clave para ganar el torneo?
-El recambio. Apostamos por jugadores jóvenes, les dimos partidos internacionales, experiencia, entrenamos incluso en las fiestas. La clave fue la defensa y la estrategia defensiva para neutralizar a sus figuras. En ataque jugamos a lo que teníamos que jugar: un ritmo más veloz, que a ellos les cuesta por su físico.
-Nicolás Bono fue determinante. ¿Qué representa hoy para el equipo?
- Es un jugador muy inteligente, entiende el juego como pocos. Venía de torneos complicados por lesiones, lo hablamos antes del Sur-Centro y llegó muy bien. Maneja el ataque de la Selección y lo demostró.
-Juan Bar tuvo un nivel altísimo. ¿Fue “a lo Dibu” en Qatar?
-Juan se ganó el respeto hace tiempo. En una final panamericana tuvo casi 60% de atajadas, una brutalidad. Viene con muy buenos números en Liga Asobal de España y aporta experiencia, dentro y fuera de la cancha.
-No festeja las atajadas, prioriza sacar rápido. ¿Eso también construye equipo?
-Sí. Está trabajado. Pensamos más en el contraataque que en festejar. Lo hace a la perfección.
-Este es un equipo nuevo, sin Diego Simonet. ¿Qué significa ese recambio?
- Diego es el emblema del handball argentino. Siempre estuvo. Hoy atraviesa un momento familiar especial y su liga es muy exigente. No estaba al 100%. Es una baja importante, pero el handball sigue. Estos chicos demostraron que están para más.
-Desde que asumiste hablás de trabajo y humildad. ¿Fue el primer mensaje?
-Sí. Les dije que Argentina está entre el puesto 19 y 20 del mundo y que había que trabajar mucho para bajar eso. Mal y pronto: había que rasparse el culo. El que viene a la Selección tiene que dejar todo.
-¿Qué significa ser jugador de la Selección Argentina?
-Es todo. Son ejemplos para los más chicos y para todo el país. Representar esta camiseta es un orgullo y hay que dejar todo, pese a las dificultades estructurales.
-¿Cómo se convive con que en Argentina el handball sea amateur?
-Acá el handball es amateur y afuera es profesional. Los que vienen de Europa ya viven de esto; nosotros suplimos esa diferencia con trabajo y compromiso de los jugadores locales.
-Te toca dirigir a tu hijo Martín. ¿Cómo lo manejás?
-Lo trato como a uno más. El día que no esté al nivel, no va a estar. Es más difícil para él que para mí, pero es muy respetuoso del grupo.
-¿Un jugador de Selección debe ser profesional las 24 horas?
-Todo en su momento. Cuando se entrena, se entrena fuerte. Después, en el tiempo libre, que se despejen, siempre que se cuiden y respeten los horarios.
-El objetivo ahora es el Mundial 2027. ¿Cómo se planifica?
-La idea es hacer dos concentraciones por año en Europa en fechas IHF y después, desde el 26 de diciembre, tres semanas de preparación. Jugamos el torneo Barcena en España y el 13 de enero ya estar en Alemania.
-¿Te imaginás muchos años como DT de Los Gladiadores?
-No. Pensé como máximo dos ciclos olímpicos. La idea es dejar una base joven para que el proceso continúe.
-¿Qué mensaje le dejás al hincha?
-Que vamos a dejar siempre todo, lo posible y lo imposible, para dejar bien parado al handball argentino.

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