Ana Asensio, psicóloga, sobre el éxito de los clubs offline: "Reducen ansiedad, mejoran el estado de ánimo y favorecen una sensación de conexión real"
Quizá te has dado cuenta: cada vez hay más clubs donde se queda para leer, charlar, caminar o simplemente estar… sin móvil. No es una moda pasajera ni una excentricidad moderna. Desde la psicología, como explica Ana Asensio, doctora y psicóloga clínica, "lo entendemos como una respuesta natural a un cerebro que necesita distenderse, silenciarse, bajar las revoluciones, dejar de rumiar o de estar hiperactivo".
Vivimos saturados. De planes, de estímulos, de notificaciones. Y aunque estamos más conectados que nunca, algo se pierde por el camino. "Paradójicamente, cada vez estamos más desconectados de nosotros mismos y de los demás a un nivel más profundo y silencioso", señala la experta de www.vidasenpositivo.com. Una desconexión interna suele pasar desapercibida… hasta que el cuerpo y la mente piden pausa.
El problema no es solo el tiempo frente a la pantalla, sino el estado constante de alerta. Como explica Ana Asensio, "nuestro sistema nervioso no está diseñado para estar en alerta constante con notificaciones, estímulos, información y comparación social". Esa activación continua acaba agotando y estresando, incluso cuando creemos que estamos descansando.
Clubs para pasar tiempo 'offline': claves de su éxito
En este contexto surgen compañías que organizan encuentros para relacionarse, o simplemente conectar con uno mismo, sin pantallas de por medio, como The Offline Club. En ellos, los asistentes se reúnen en un parque o en un bar para pasar unas horas como antaño: pintan leen, conversan entre ellos, escuchan música, disfrutan con algún juego de mesa o escriben.
El éxito de los mismos es tan evidente que ya son muchos los que han comenzado en una ciudad y han extendido su puesta en escena alrededor del mundo. ¿La razones de su éxito?: "Surgen como una especie de 'oasis psicológico'", explica Ana Asensio. Son espacios donde el ritmo baja, la atención se recupera y el contacto humano vuelve a ser el centro, sin intermediarios ni distracciones.
Que estos espacios se hayan convertido en reclamo para muchos tiene que ver con los beneficios que logran. Hay algo especialmente reparador en ese permiso implícito para parar, como señala la psicóloga: "Conectan con una necesidad muy profunda y es la de pertenencia sin tener que mostrar un rendimiento determinado". No hay que demostrar nada, ni producir, ni exponerse. "Solo estar. Y eso, hoy, es casi revolucionario", explica.
Beneficios de pasar tiempo sin pantallas
El impacto en la salud mental es claro. Al reducir la exposición a pantallas, el cerebro puede salir de la hiperestimulación constante. A nivel neurobiológico, ocurre algo importante. "Cuando reducimos la exposición a pantallas, el cerebro disminuye la hiperestimulación dopaminérgica", esa que viene de los likes, el scroll infinito y la novedad constante. El resultado es una atención más estable y una sensación real de calma.
Emocionalmente, el efecto también se nota. "Estos espacios reducen ansiedad, mejoran el estado de ánimo y favorecen una sensación de presencia y conexión real", comenta la experta. Así, bajo esta estela, queda claro que estos clubs offline no solo ayudan a descansar, sino que empujan a volver a sentirte presente en lo que haces y con quién estás.
En lo relacional, el cambio es aún más visible. "Volvemos a mirarnos a los ojos, a conectar, a escuchar sin prisas, a estar sin distraernos". Esa forma de vínculo incrementa la oxitocina, "la hormona del vínculo y la seguridad emocional", y con ello mejora el bienestar emocional de forma profunda.
Pero aún hay más. Teniendo en cuenta que la tecnología ha llegado enterrando muchas de las actividades analógicas a las que antes dedicábamos tiempo, estos grupos han vuelto a activar emociones que nos provocaban: "A nivel mental, se produce algo que muchas personas describen como 'volver a casa'". Pensamientos más claros, más creatividad, más sentido. Como aclara Ana Asensio, "no es magia, es un cerebro al que por fin le damos espacio para respirar".
Cómo desconectar en el día a día
Ahora bien, estos clubs no son la única vía. "Los clubs son maravillosos como idea y como comienzo a poner de moda el volver a lo esencial, pero no son imprescindibles". La desconexión también se entrena en lo cotidiano. Por ejemplo, "puedes crear microespacios sin pantalla. Ya sea una comida al día, un paseo, una conversación, una ducha consciente". Pequeños gestos que devuelven presencia sin grandes cambios.
También ayuda "recuperar rituales analógicos; como leer, escribir a mano, cocinar, escuchar música sin hacer nada más". Actividades simples que regulan el sistema nervioso. E, incluso, el aburrimiento tiene su valor. "Es la antesala de la creatividad y la regulación emocional". Algo que solemos evitar, pero que resulta muy reparador.
Llevar a cabo los consejos de la experta no es fácil. Para ponerlos en práctica, el primer paso es ser conscientes siempre desde dónde queremos instalarlos y el por qué: "Para poner límites a la tecnología, debemos hacerlo desde el autocuidado, no desde la culpa. En este sentido, también conviene recordar que no todo mensaje es urgente y no todo estímulo merece nuestra atención".
Porque, como concluye Ana Asensio, "Desconectar no es huir del mundo, es volver a habitarlo con más presencia". Cuando aprendes eso, "ya no necesitas escapar porque eliges en qué lugar quieres estar".





