El saber en un librero
El surgimiento de las enciclopedias impresas en México está ligado a un momento histórico en el que el conocimiento se concebía como un cuerpo finito, ordenable y transmisible mediante volúmenes estables. Desde finales del siglo XIX y, con mayor fuerza, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, estos proyectos editoriales acompañaron la consolidación del sistema educativo, la expansión de la alfabetización y el crecimiento de las clases medias urbanas. Contar con una enciclopedia en el hogar significaba acceso a información general, pero también adhesión a una idea de progreso basada en la cultura escrita.
Entre las décadas de 1940 y 1970, las enciclopedias se convirtieron en un producto editorial de amplia circulación. En los hogares mexicanos fueron comunes colecciones como la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, conocida como Espasa; la Enciclopedia UTEHA; la Enciclopedia Salvat; y ediciones en español de la Encyclopedia Britannica. Muchas de ellas incorporaron contenidos adaptados al contexto nacional: historia de México, geografía del territorio, biografías de personajes públicos y entradas ajustadas al español usado en el país. Su distribución se apoyó en esquemas de suscripción, pagos a plazos y ventas puerta por puerta, lo que permitió que ingresaran a hogares donde la compra regular de libros no era habitual.
En la vida cotidiana cumplía un papel central en la realización de tareas, la preparación de exposiciones y la resolución de dudas familiares. En muchos casos, su consulta estaba mediada por adultos, lo que reforzaba una relación jerárquica con el conocimiento: el saber autorizado residía en el volumen impreso.
La proliferación de estos proyectos alcanzó su punto más alto entre los años 60 y 80. En ese periodo se diversificaron los formatos y públicos: aparecieron enciclopedias infantiles y juveniles, colecciones temáticas y ediciones visuales de gran formato, con abundancia de ilustraciones, mapas y esquemas.
Su carácter fijo marcó el inicio de su declive. A partir de los años 90, la aceleración del cambio científico y tecnológico volvió insuficiente el modelo de actualización lenta. Los tomos complementarios y suplementos anuales dejaron de responder a la necesidad de información inmediata. La aparición de enciclopedias en CD-ROM y, poco después, el acceso generalizado a internet, transformaron los hábitos de consulta y redujeron la centralidad del libro impreso como fuente única.
La extinción de las enciclopedias impresas en México fue progresiva. Durante un tiempo coexistieron con formatos digitales, pero su costo de producción, almacenamiento y distribución resultó cada vez menos viable. Al mismo tiempo, cambió la relación cultural con el conocimiento, que dejó de concebirse como un sistema cerrado para asumirse como un proceso abierto y en constante revisión.
Las enciclopedias sobreviven como objetos de archivo y memoria editorial.
EEZ