Fadanelli: Que no me tome por sorpresa la maldad

Fadanelli: Que no me tome por sorpresa la maldad

El milenio había comenzado y Guillermo Fadanelli (Ciudad de México, 1960) sintió el peso del tiempo en su propio rostro reflejado. Pasaba la noche en el Hotel México de Xalapa y algo lo despertó de madrugada: “Me miré en un espejo enorme que había allí y me di cuenta que la edad me estaba cobrando la cuenta”, recuerda.

Para entonces ya estaba rebasando los 40 años y avanzaba, sin importar ningún obstáculo, en la construcción del estilo belicoso que habría de caracterizarle. Esa noche, después del sobresalto, a Fadanelli se le reveló Benito Torrentera, un profesor de filosofía cincuentón, que se convirtió en protagonista de Lodo (Debate, 2022), la novela que comenzó a escribir en el trayecto de regreso a la ciudad y que inició con “la relación” entre su imagen y la del personaje: “un Torrentera diez años más viejo que yo”.

Esta vez, un malentendido de comunicación entre el periodista y el escritor, vuelve a despertar a Fadanelli, pero ahora es mediodía en la gentrificada colonia Escandón. El autor pide unos minutos para darse un baño y terminar de despertar, se ha desvelado hasta las seis de la mañana leyendo y escribiendo. Una vez listo, los estragos del trasnoche no terminan por desaparecer, tampoco los de un hombre que rebasa los 65 años y que camina, sin prisa, a la destrucción.

Más de dos décadas después, Torrentera se ha vuelto a manifestar, apareció casi como una epifanía. “Hace unos años, tres, cuatro, va a parecer ridículo, pero escuché una especie de voz estética, que ese hombre quería salir de la cárcel, porque además vivió una historia truncada. Pensé, lo voy a sacar y si en las primeras páginas no aparece, escribo otra cosa”.  

Fotos: Leslie Pérez y Cuartoscuro

Así llegó Fango (Random House, 2025), continuación de Lodo, en la que se cuenta la vida de Torrentera después de seis años de encierro en una prisión de Michoacán, a donde va a parar luego de vengar a su amada Flor Eduarda de sus agresores. Pero aquel hombre razonable, prudente y con estudios es otro: ya está por llegar a los 60, su cinismo se ha reafirmado, ha desaparecido cualquier tipo de esperanza y ya no le importa la apacible vida de profesor universitario.

El deseo anhelante es lo único que parece seguir intacto. Preguntar a Fadanelli si Torrentera es su alter ego resulta ocioso: a través de él revela esa actitud anárquica con la que se mueve, la imperante desesperanza por el porvenir y la acrecentada desconfianza por el poder y la política. Torrentera ha librado la cárcel, pero ahora intenta ser sometido por su propio hermano, un abogado ricachón e influyente, y por su seductora y mimada sobrina.

El personaje ha regresado a su desvencijado departamento de la Roma, acepta escribir la biografía de José Nemesio Santos Degollado (a quien apodan el general derrotas) a cambio de una buena suma, que le interesa sólo porque le permite vivir unos meses. En realidad, acaba como ghostwriter de un senador que aspira la gubernatura de Jalisco, y termina por caer en cuenta de que su futuro es también su pasado, de que los recuerdos que ha elegido han sido para torturarlo.

-¿Por qué Santos Degollado?

Conocí a sus bisnietos cuando viví en Cuemanco, con los que tenía una relación muy áspera, el nieto era un almirante ya mayor. Leyendo mis libros de historia me di cuenta de la lealtad, de la fidelidad que este general tenía hacia Benito Juárez, pero también una de sus características, no sé si inventada, era perder batallas. Un general leal es el que pierde las batallas, más que el que las gana y Torrentera hace una analogía: él es el profesor derrotas y Santos Degollado el general derrotas.

-Parece imposible para Torrentera desprenderse del pasado

Siempre está buscando el rostro extraviado de Flor Eduarda. Irma Rosario (su sobrina) y Flor Eduarda no tienen mucho que ver, exceptuando quizás la edad y cierto cinismo. Pero Flor Eduarda era una joven sin estudios, con mucha vitalidad, mucha malicia, e Irma es hija de un hombre adinerado, y su cinismo proviene más bien de la riqueza que de la naturaleza. Quise dejar muy claro que Torrentera estaba enamorado, que había cierto sentimiento romántico, que luego transmite a su sobrina.

-En Lodo, los que antes eran priistas ahora son socialistas y han llegado al poder…

Los seres humanos tenemos una tendencia ética, personal, que puede tender hacia el socialismo, hacia el deseo de equilibrio económico, al bienestar público. Ese sería un socialista, una especie de filántropo, pero los partidos se quedaron sin ideología, están colmados de corrupción e intereses, de deseos de poder.

Es verdad que se requiere poder, pero si solo es ansiedad por el poder y si, como partido, como persona, crees tener la idea del bien y del mal, o del horizonte futuro, te acercas peligrosamente al fascismo. Sí toda política es una conversación y una ética tienes que hablar con tus enemigos, por desgracia, en su mayoría gobiernan los que ven oportunidad de tener un escaño, un puesto, ascender socialmente. No sé si eso implique una vocación socialista.

Fotos: Leslie Pérez y Cuartoscuro

-¿En qué lado te ves tú?

Me consideró un socialista en las ideas, anarquista de cepa, pero no el anarquista que destruye, el que está en contra de cualquier autoritarismo que no sea crítico y que no tenga razón de ser.

Pero, sobre todo, me considero un observador, un hombre que está alerta ante la estupidez humana, y que solo desea que lo dejen en paz. Es tan apremiante el deseo de que a uno lo dejen en paz que opino de la cosa pública, de lo ético, de lo social. Éticamente me considero, por supuesto, un socialista en todos los sentidos, con betas y principios anarquistas muy acendrados.

-¿Es tan árido el mundo, la vida, para buscar sólo la paz?

El mundo es aquel que construyes en tu mente, el que te ofrece su temperamento. No estamos solos y eso constituye nuestra individualidad. Nadie puede sobrevivir a solas, pero no poseemos los mismos principios ni los mismos juicios. Soy un hombre desconfiado de los tres principios de Hobbes para ser un hombre infeliz: la desconfianza, el deseo de celebridad y la competencia.

No me interesa la competencia, el deseo de celebridad me parece casi una tara, un absurdo. Y, sin embargo, soy desconfiado porque he vivido esta ciudad, es mía, la he vivido en la noche, en los barrios, en los lugares más inhóspitos, la conozco, ya no sé diferenciar entre esta ciudad y yo.

Pero estoy un poco harto, cansado de la incapacidad social para resolver problemas urgentes. Me molesta la ambición barata de tantos políticos mexicanos. Conforme pasa el tiempo, noto en mí que crece un estado de misantropía, la misantropía crece, quizás como una enfermedad y yo no voy a los médicos, el único médico al que llegué a ir, y eso porque era un gran amigo y me pedían un estudio para una residencia en Berlín, fue Arnoldo Krauss.

-Como a Torrentera, ¿ya no te interesa leer novelas?

Leo ensayos y filosofía como si leyera novelas. De ninguna manera creo que tal filósofo tenga la verdad, lo leo como una historia, una anécdota, una perspectiva personal. Con personajes que en su caso son conceptos; con tramas, que son estrategias filosóficas, nunca leo a un filósofo pensando que leo la Biblia o un libro sagrado, lo leo igual que antes leía novelas.

Ahora sigo leyendo novelas, pero no con el mismo entusiasmo ni con el mismo pundonor. A no ser que seas un gran escritor, es difícil lograr que tu lector se olvide de ti como escritor y que entre a la historia, que la habite y sea seducido. Es difícil encontrar escritores de esa capacidad.

-¿La vida ya te ha cobrado facturas?

Sí, a mí ya me las cobraron y con intereses a veces impagables. Cuando escribí Lodo, el personaje era yo mismo, pero muchos años después, esos años ya pasaron, al Benito Torrentera de Fango lo veo más joven que yo.

Siempre es mejor partir de la muerte que de la vida, y de la derrota que de la victoria, para arrebatarle a esa muerte, a esa derrota, algún momento de tranquilidad, de confort, de felicidad, para que la decepción no te destruya. Es mejor decir, ‘ya lo esperaba’ y que no te tome por sorpresa la maldad, la tragedia, el desengaño. Ese siempre ha sido mi método ético, vivencial.

Me ha gustado llegar a viejo porque, desde otra perspectiva del mundo, cambias y si no te amargas pensando que la vida tiene un comienzo y un final. Es extraordinario ser un hombre mayor, hay menos desasosiego, sabes que puede ser el último día y eso te da mucha tranquilidad. Personalmente no me causa ningún temor, sabes que el futuro es tu pasado.

- ¿Cuál es tu ideal en la vida?

El único ideal que todavía podemos sostener es el de la supervivencia, el de la tranquilidad, la posibilidad de evitar el sufrimiento y la guerra. Y, sobre todo, de hacer el bien a quienes más sufren, esas me parecen finalidades loables, para cualquiera que habite esta sociedad.

En Benito Torrentera está la necesidad de provocar, de que su actitud demuestre al otro algo de sí mismo. Siempre la provocación, el no mantenerte estático ante las fuerzas del mundo, ante las diversas morales, provocar entre las diferentes maldades que te acosan todos los días.

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ