La cara oculta del sueño americano: María Estévez desvela los secretos que Hollywood había silenciado
Esto es Hollywood, el nuevo libro de la periodista madrileña María Estévez (Roca Editorial), no es un ajuste de cuentas ni un compendio de chismes. Es, como ella misma lo define, una carta de amor a Los Ángeles y, al mismo tiempo, un retrato sin maquillaje de la industria que ha convertido el cine en la fábrica de sueños más poderosa del planeta. Tras tres décadas instalada en California, entrevistando a actores, directores y productores, Estévez ha decidido contar lo que ocurre cuando se apagan los focos y las alfombras rojas se enrollan hasta la próxima premiere.
“Hollywood es un universo de ideas”, escribe. Una promesa de éxito que para muchos acaba siendo una pesadilla. Bajo esa premisa articula un libro que combina memoria personal, crónica industrial y una galería de retratos donde conviven la generosidad y el ego, la inseguridad y la arrogancia, la disciplina férrea y el capricho de estrella.
Estévez llegó a Los Ángeles cuando el sistema mantenía una liturgia casi intacta: encuentros en casas de los actores, almuerzos, relaciones personales. Hoy, sostiene, cada entrevista está medida al milímetro con publicistas atentos a cada palabra. El ecosistema ha cambiado. Las redes sociales han vuelto a los actores más defensivos; la promoción es una maquinaria de marketing que deja poco espacio para la improvisación; y el periodismo cultural se mueve en una frontera delicada entre la complacencia y el veto.
La autora no oculta que ha pagado el precio de hacer preguntas incómodas. Los estudios pueden cancelar una entrevista en el último minuto o cerrar puertas durante años. “Sé que me la juego”, admite. Pero reivindica la necesidad de conservar la “mano izquierda” sin renunciar a la independencia. En ese equilibrio —ni agresividad gratuita ni sumisión promocional— sitúa el arte de la entrevista en Hollywood con rigor profesional.
El supermercado de la vergüenza
Entre las anécdotas más reveladoras del libro hay una que desmonta la supuesta inmunidad del periodista curtido. Después de haber entrevistado a decenas de intérpretes, solo una vez —confiesa— sintió “el flashazo de una estrella”. No fue en una suite del Beverly Hills Hotel ni ante una cámara internacional. Fue en un supermercado, frente a Aaron Eckhart.
La escena tiene algo de comedia romántica mal ensayada. Estévez lo reconoce al instante, sufre el “flashazo” del fan y, en un impulso absurdo, empieza a seguirlo con el carrito. No solo eso: imita su compra, introduce en el carro los mismos productos que él, sin saber muy bien qué hará después con ellos. La periodista que ha conversado con leyendas de la interpretación se descubre convertida en una admiradora torpe. Cuando llega a casa, se enfrenta al botín involuntario y a la evidencia de que el mito, incluso cuando se humaniza, conserva un poder magnético.
La anécdota revela algo más profundo: la línea que separa al profesional del espectador es más frágil de lo que parece. Hollywood es una fábrica de iconos que no se evaporan cuando el micrófono se apaga.
George Clooney: humor, muslos y principios
Con George Clooney, en cambio, la experiencia es única. Estévez lo ha entrevistado en numerosas ocasiones y lo describe como “atento, muy simpático y accesible”. Sabe cómo ganarse a la prensa, cómo crear la sensación de conversación relajada, aunque todo forme parte de una estrategia perfectamente ensayada.
Hay en el libro un detalle aparentemente trivial que condensa la mirada de la autora. En una entrevista, Estévez se fija en los muslos del actor. Esperaba encontrar la delgadez impecable que proyecta la pantalla y descubre, en sus propias palabras, que es “de cacha gorda”. El comentario no pretende ridiculizar, sino subrayar la distancia entre la imagen idealizada y el cuerpo real. La estrella, sometida a la tiranía del plano y del foco, también es carne y hueso.
Más allá de lo físico, la periodista destaca su integridad. Clooney, cuenta, rechazó un contrato millonario con Paramount que incluía la condición de no hablar de política durante dos años. Prefirió mantener su voz pública antes que aceptar una cifra astronómica. En una industria donde el silencio puede cotizar al alza, ese gesto adquiere valor simbólico.
Tom Cruise: la sonrisa de 20 millones
No todos los encuentros transcurren con la misma fluidez. Con Tom Cruise, Estévez vivió uno de esos momentos que resumen la tensión latente entre estrella y periodista. En mitad de una entrevista, el actor se levantó y desapareció durante varios minutos. Sin explicaciones. Luego regresó, sonriente, como si nada hubiera ocurrido: “Ya me puedes seguir preguntando”.
La escena es desconcertante y, a la vez, reveladora. En Hollywood, el tiempo de la estrella es sagrado; el del periodista, prescindible. Cruise —que sabe perfectamente de qué temas no quiere hablar— puede interrumpir la conversación y retomarla cuando le convenga. Sin embargo, Estévez reconoce su profesionalidad a la hora de hablar de trabajo. Si se respetan ciertas fronteras —como evitar la cienciología—, el actor ofrece respuestas sólidas, conscientes de que la promoción es parte esencial del engranaje.
La autora resume esa ambivalencia con una frase: tanto Cruise como otras figuras despliegan una sonrisa que “vale 20 millones de dólares”. El carisma, en Hollywood, es también una moneda.
Penélope Cruz: el silencio como principio
El retrato de Penélope Cruz es más matizado. Tuvo la suerte de vivir los mejores años de la actriz en Los Ángeles y ha sido a quien más ha entrevistado en su carrera. Al menos 12 veces. Estévez se “quita el sombrero” ante una actriz que ha aprendido a blindar su intimidad sin renunciar al compromiso profesional. No habla de su vida privada, pero si se le pregunta por salud mental o por cuestiones que le interpelan personalmente, es capaz de ofrecer titulares sustanciosos.
La periodista subraya su coherencia: Cruz decide de qué quiere hablar y en qué términos. Esa firmeza, que puede interpretarse como distancia, es una forma de dignidad en un entorno voraz. En un tiempo en que la exposición parece obligatoria, la actriz española ha convertido el silencio en un principio.
La cara y la cruz del poder
El libro también dedica páginas ásperas a figuras como Julia Roberts, a quien describe como distante y difícil. Una mujer que puede desarmar a un periodista vulnerable con una respuesta cortante. Ataca antes de ser atacada. “Es la actriz a la que todos tememos”, pero cuando sonríe, activa el hechizo que la convirtió en leyenda global.
En el otro extremo sitúa a Antonio Banderas, al que define como el hombre más generoso y auténtico de la industria. Generoso con su tiempo, con los colegas, con quienes empiezan. En un ecosistema donde la altivez es moneda corriente, esa naturalidad resulta excepcional.
Aparecen también Robert Redford, Bo Derek, Britney Spears, Lauren Bacall, Brad Pitt, Kim Kardashian, Pamela Anderson, Clint Eastwood —con quien hay que vocalizar un inglés impecable para que pueda leer los labios— y la facilidad para conversar con Quentin Tarantino, siempre dispuesto al entusiasmo cinéfilo. Sin olvidar a Gwyneth Paltrow, que siente que en “otra vida fui española”; a Cameron Díaz, que tiene un “desparpajo arrebatador”, cobra un promedio de 88 millones de dólares por película y está catalogada como “una mujer sin miedos”… O, entre otros muchos, a Sean Penn, que siempre se ha sentido como si tuviera 76 años: "Así que, finalmente, me sentiré viejo cuando cumpla 77". Cada retrato compone un mosaico donde no hay héroes ni villanos absolutos, sino personalidades atravesadas por la presión y el privilegio.
Un sueño que se resquebraja
Más allá de las anécdotas, Esto es Hollywood propone una reflexión sobre el presente de la industria. Estévez percibe un sistema en transformación, donde las plataformas han alterado las jerarquías y la desaparición de las salas amenaza la idea clásica de estrella. Si el cine cambia radicalmente, advierte, cambiará también el modo en que reconocemos a sus ídolos.
Hollywood, insiste, es mucho más que las letras blancas sobre la colina. Es una comunidad que sostiene millones de empleos y que, por primera vez en décadas, se siente vulnerable. Pero también es una carta de amor a Los Ángeles, al periodismo y al glamur.
En ese contexto, el libro funciona como testimonio y advertencia. María nos recuerda que, detrás de cada alfombra roja, hay personas que dudan, se enfadan, se equivocan o sorprenden. Que el cine, como la vida, no cabe en un plano fijo. Y que, a veces, el verdadero espectáculo empieza cuando se apagan las luces.





















