Lo que esconde la advertencia de Xi a Trump de que sea "prudente" con las ventas de armas a Taiwan

Lo que esconde la advertencia de Xi a Trump de que sea "prudente" con las ventas de armas a Taiwan

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En diciembre, Estados Unidos anunció un paquete histórico de ventas de armas a Taiwan: más de 11.000 millones de dólares, el mayor jamás autorizado con destino a Taipei por una administración estadounidense. El lote incluye misiles de precisión, sistemas avanzados de artillería y drones. El paquete, que aún debe superar el trámite de aprobación del Congreso estadounidense, provocó la reacción casi automática de China. Pekín respondió con dos días de maniobras militares alrededor de la isla, ejercicios que simularon un bloqueo marítimo y aéreo y que, en los últimos años, se han convertido en una herramienta habitual de presión.

El miércoles, durante la primera llamada de este año entre Xi Jinping y Donald Trump, el asunto de Taiwan ocupó una parte sustancial de la conversación. El Ministerio de Exteriores chino difundió un comunicado inusualmente detallado en el que señalaba que Xi advirtió al presidente estadounidense que actuara con "prudencia" en el suministro de armas a la isla, a la que Pekín considera una provincia rebelde.

Este tipo de advertencias suelen formar parte del intercambio diplomático habitual, pero rara vez trascienden con tanto énfasis en las versiones oficiales chinas, lo que sugiere hasta qué punto la cuestión taiwanesa se ha convertido en una línea roja cada vez más sensible para el liderazgo chino.

Xi reiteró además que "la cuestión de Taiwan es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos". Una formulación que el dirigente chino ha repetido en los últimos años y que refleja la prioridad absoluta que Pekín concede a la llamada "reunificación", objetivo que el gobernante Partido Comunista presenta como parte esencial del "rejuvenecimiento nacional" proclamado por el propio líder supremo.

La posición de Washington sigue anclada en el delicado equilibrio que mantiene desde 1979. EEUU no reconoce oficialmente a Taiwan como un Estado independiente y se adhiere a la política de "una sola China", pero al mismo tiempo está obligado por la Ley de Relaciones con Taiwan a proporcionar a la isla los medios necesarios para su autodefensa. Esta ambigüedad estratégica -no prometer explícitamente que defenderá a Taiwan, pero tampoco descartarlo- ha sido durante décadas uno de los pilares de la estabilidad en el disputado estrecho.

EEUU continúa siendo el principal patrocinador internacional y proveedor de armas de Taipei, un respaldo que irrita de manera sistemática a Pekín. "China debe salvaguardar su soberanía e integridad territorial y nunca permitirá que Taiwan se separe. Estados Unidos debe gestionar la venta de armas a Taiwan con prudencia", insistía el comunicado chino tras la llamada entre Xi y Trump.

Según esa misma versión oficial, Trump afirmó que "comprende y valora las preocupaciones de China en torno a Taiwan" y expresó su disposición a mantener la comunicación con Pekín, al tiempo que describió la relación entre ambas potencias como la bilateral "más importante del mundo", una definición que, pese a las tensiones comerciales, tecnológicas y militares, sigue siendo compartida por los dos países.

En Taipei, el presidente taiwanés, Lai Ching-te, reaccionó el jueves por la mañana para subrayar que la isla no percibe fisuras en su relación con Washington. "La relación entre Taiwan y Estados Unidos es sólida como una roca y todos los proyectos de cooperación continuarán sin interrupciones", afirmó en un intento de transmitir confianza tanto a la opinión pública local como a los aliados internacionales.

El paquete de armas anunciado a finales del año pasado -el segundo bajo el actual Ejecutivo de Trump- llegó apenas unas semanas después de que Lai presentara un ambicioso presupuesto especial de 40.000 millones de dólares destinado a reforzar la defensa de la isla, incluida la construcción del T-Dome, un nuevo sistema de defensa aérea concebido para mejorar la protección frente a misiles y ataques aéreos.

El refuerzo militar es uno de los ejes de la estrategia de Lai, quien ya había anunciado en 2025 el objetivo de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2030. Pero incluso esa cifra queda lejos de las demandas de Trump, que ha presionado a Taipei para que alcance el 10%, un nivel que superaría con creces el esfuerzo presupuestario de la mayoría de aliados de EEUU en Europa y Asia.

Sin embargo, en estos momentos, la política interna taiwanesa se ha convertido en un obstáculo para esos planes. El Parlamento, controlado por la oposición, ha bloqueado el proyecto presupuestario de Lai y propone en su lugar un aumento mucho más moderado del gasto militar, reflejo de un debate profundo dentro de la sociedad taiwanesa: cómo reforzar la defensa sin comprometer el equilibrio de unas finanzas públicas sometidas a la presión del envejecimiento demográfico y la competencia económica regional.