Más allá del juicio

Más allá del juicio

Si bien se trata de un tema por demás comentado y opinado, la captura de Nicolás Maduro amerita una lectura que vaya más allá de la condena automática o del aplauso inmediato. No tanto por el hecho en sí, sino por lo que revela; pues este episodio reactiva una lógica conocida de seguridad regional y obliga a preguntarse qué implica para nosotros.

Ello, toda vez que la decisión del gobierno de Trump de presentar la operación como una acción vinculada al combate al narcotráfico se inscribe en una narrativa que ha ido ganando centralidad y, que más allá de su valoración desde el derecho internacional, pone sobre la  mesa un mensaje claro, a saber, que Washington está dispuesto a utilizar instrumentos excepcionales frente a amenazas.

Aunque este contexto ha puesto en jaque a Venezuela, no nos es ajeno. México apareció en la narrativa. No como objetivo operativo, sino como referencia política. El señalamiento sobre la infiltración criminal en estructuras estatales no es nuevo, pero adquiere otra densidad cuando se formula desde la Casa Blanca y tras una demostración explícita de capacidad de acción directa. Pero no debemos caer en alarmismos, esto no anticipa cambios inmediatos en los esquemas de cooperación bilateral, pero sí eleva el perfil del tema dentro de la relación.

La respuesta del gobierno mexicano fue consistente con su tradición diplomática: reiterar los principios de no intervención y cooperación sin subordinación. Sin embargo, este posicionamiento obliga a administrar con mayor cuidado una agenda bilateral ya de por sí compleja, donde seguridad, migración y comercio se encuentran cada vez más entrelazados, particularmente en un año clave para el país.

En ese sentido, el punto relevante no es la probabilidad de una intervención en México —que en el corto plazo es baja—, sino el entorno político en el que se procesan estas tensiones. El caso venezolano refuerza la centralidad del combate al narcotráfico en la conversación regional y puede traducirse en mayores expectativas de resultados, así como en presiones políticas más visibles dentro de los canales habituales de diálogo.

Este escenario coincide, además, con una etapa decisiva rumbo a la revisión del T-MEC. La fragmentación regional frente a los acontecimientos en Venezuela puede tanto limitar la posibilidad de respuestas coordinadas como obligar a México a gestionar su relación con Estados Unidos con especial cautela, es decir, de forma pragmática, equilibrando principios, intereses económicos y estabilidad política entre ambas partes.

Sin duda, la captura de Maduro no redefine la región, pero sí marca un punto de inflexión que merece atención y un espacio dentro de la conversación; ya que para México, el desafío es esencialmente interno: leer correctamente el nuevo contexto, preservar margen de maniobra y evitar que el debate se desplace a los extremos. No se trata de estridencias ni de alineamientos automáticos, sino de análisis ad intra, con claridad estratégica y sin perder de vista las prioridades a largo plazo.

  • Consultor y profesor universitario
  • Twitter: Petaco10marina
  • Facebook: Petaco Diez Marina
  • Instagram: Petaco10marina