Noelia Bonilla e Íñigo de Lorenzo, ex de Marta López Álamo, se divorcian: los motivos que hay detrás de esta decisión
La historia de amor entre Noelia Bonilla (32) e Íñigo de Lorenzo (53) parecía sacada de un cuento de hadas. Aunque, en su caso, no ha terminado con un “fueron felices y comieron perdices”. Al contrario: ha finalizado en divorcio un año y medio después de su boda. La pareja se conoció durante el confinamiento, en plena pandemia. Ella, modelo e influencer cacereña; él, empresario español especializado en el sector del ocio nocturno y la hostelería, uno de los más afectados durante el COVID. Antes de iniciar su relación con Noelia, Íñigo había mantenido un noviazgo con Marta López Álamo, actual pareja de Kiko Matamoros.
Lo que comenzó como un romance luminoso se ha convertido para ella en uno de los capítulos más dolorosos de su vida. Según ha publicado El Español, la noticia de su separación ha sido confirmada por la propia Noelia y el divorcio se firmará la próxima semana, “tras meses de angustia, dolor y noches infernales”.
En los últimos años, Noelia Bonilla se ha consolidado como una de las creadoras de contenido más activas del panorama nacional. Su presencia en eventos de moda y lifestyle es habitual, y recientemente fue una de las invitadas de la 79.ª edición de la MBFWM con ¡HOLA!, precisamente en el año en que la revista celebraba su 80 aniversario. Allí posó radiante junto a Íñigo, meses antes de casarse.
Una boda de ensueño en Los Jerónimos
Tras tres años de relación, Íñigo decidió pedirle matrimonio a Noelia en un escenario tan inesperado como espectacular: el Estadio Metropolitano de Madrid. Aquel gesto marcó el inicio de un año de preparativos que culminó el 132 de julio de 2024, cuando la pareja se dio el “sí, quiero” en la Iglesia de San Jerónimo el Real, rodeados de más de 300 invitados. Olivia de Borbón y Julián Porras, Mónica Hoyos, Fernando y Paco Sanz —hijos del fallecido expresidente del Real Madrid Lorenzo Sanz —, Paloma Corsini, Oriana Marzoli, Vito Quiles, Mar Torres y el famoso abogado penalista Juan Gonzalo Ospina y su mujer, Blanca Sáenz de Pipaón, estuvieron entre los invitados al enlace.
La novia lució dos vestidos de la firma española Silvia Fernández, una marca con la que ya había trabajado y que acababa de lanzar su línea “Musas”, con diseños personalizados y confeccionados íntegramente en España. Fue una boda elegante, cuidada al detalle y muy comentada en redes, donde Noelia tiene una comunidad fiel.
Tras una luna de miel idílica, la pareja regresó a Madrid para comenzar su vida como recién casados. Pero la convivencia pronto se vio marcada por la vida nocturna de Íñigo, que “vive de noche y duerme de día, al menos de jueves a domingo”. Ella asegura que siempre respetó su profesión, pero admite que, en ocasiones, él no llegaba a casa “en condiciones”. Nunca llegó a contar nada de esto a nadie porque sentía "vergüenza" y porque "sentía que iba a cambiar".
Una operación, su ausencia y una tercera persona
En septiembre de 2024, apenas dos meses después de la boda, Noelia tuvo que ser operada de urgencia por una torsión ovárica. Según cuenta, Íñigo no apareció hasta diez días después. “Me mandó flores y me dijo que, como estaba en buenas manos, no era necesaria su presencia”, afirma. Aunque intentó seguir adelante, aquel episodio marcó un antes y un después en su relación. Tras recuperarse, viajaron juntos a Dubái en enero de 2025, pero al regresar él retomó su ritmo laboral nocturno y las distancias volvieron a hacerse evidentes.
Según publica el medio digital, una infidelidad recurrente habría sido el detonante de la ruptura. Noelia empezó a recibir fotografías comprometedoras de su marido con otra mujer: una amiga de Granada que llevaba años en el entorno de Íñigo y que él le había presentado antes de casarse. Lo más doloroso fue el momento en que ocurrió: solo habían pasado seis meses desde la boda.
Tras confirmar sus sospechas, Noelia viajó a Cáceres para refugiarse en su familia, a quienes les contó todo lo que sucedía. En ese momento sufrió "un ataque de ansiedad" y ahí tomó la decisión definitiva. “Es muy duro porque te casas pensando que es el hombre de tu vida, pero lo último que esperas es que a los seis meses ocurra algo así”, confiesa.
Lo que empezó como una romántica historia de amor hace seis años termina ahora con la firma de un divorcio de mutuo acuerdo y sin necesidad de pactos extramatrimoniales. Pero lo más irónico de todo, como reconoce la propia Bonilla, es que "tardé más en organizar mi boda que lo que duró mi matrimonio".







