Reconocimiento facial, hackeo de teléfonos y agentes del ICE conduciendo Uber: la paranoia se adueña de Mineápolis
Cuenta Hassan, con risas que intentan camuflar el nerviosismo, que estos días conduciendo para Uber por Mineápolis el principal problema no está siendo su piel, su acento o su nombre, sino la matrícula de su coche: SIMBA, todo en mayúsculas. "Antes era lo mejor para que los pasajeros me identificaran rápido, pero ahora también es lo primero en lo que se fijan ellos", dice en referencia a los agentes del ICE y la patrulla fronteriza desplegados en el Estado de Minnesota. De origen somalí y tanzano, asegura que no ha tenido ningún problema serio, pero también que lleva encima su pasaporte estadounidense, por si las moscas. Y admite que si algo está caracterizando estas semanas es la "paranoia". La suya y la de todo el mundo.
"Ya no sabes qué es verdad y qué no. He oído todo tipo de historias. Parece que al principio el ICE pedía Uber porque muchos conductores son de origen inmigrante, y al llegar les pedían los papeles. Pero ahora se dice que son los agentes los que se están registrando en la plataforma como chóferes y que buscan sólo carreras de quienes parecen ser inmigrantes. Una señora, el otro día, me dijo que ya sólo se sube si la matrícula es del Estado y tiene antigüedad. Si vienen de fuera, cancela", cuenta.
Historias parecidas repiten sus compañeros. La Metropolitan Airports Commission, que opera el aeropuerto de las ciudades gemelas de la capital de Minnesota, admitió en diciembre que había patrullas de las fuerzas fronterizas en los aparcamientos de coches compartidos, y que protestaron y se fueron. Está documentado, en más ciudades, que el ICE ha usado aplicaciones de comida a domicilio para atraer a inmigrantes e identificarlos. Pero aunque no hay pruebas de que en efecto haya agentes haciéndose pasar por conductores, registrados con o sin conocimiento de las plataformas. las redes sociales están llenas de testimonios de pasajeros convencidos de que quien les lleva al trabajo es sospechoso. Y el miedo es contagioso. "Me siento confusa porque nada tiene sentido. Es un estado constante de paranoia, voy mirando los coches todo el tiempo", dice una vecina junto al memorial levantado en la calla en recuerdo de Alex Pretti, en un mensaje que se viralizó en Tik Tok.
Paranoia es una de las palabras que más se repiten estos días en las calles de Mineápolis. Los métodos del ICE han provocado que miles de personas dejen de ir a trabajar o no salgan de sus casas por miedo a desaparecer. "Mi madre lleva un mes sin salir, no hay manera de convencerla", dice Rosa, una camarera hispana de un local cercano a donde fue acribillado Pretti. "Nos dice que le llevemos la comida y le llevemos a su nieta, pero que ella no va".
Coches abandonados
Se han encontrado decenas de coches por toda la región, con las puertas abiertas en par en par, abandonados en calles, párkings y carreteras por conductores que fueron arrestados en operaciones fugaces o que salieron corriendo. Hasta el punto de que las compañías de grúas locales se han ofrecido a remolcar gratis si esa ha sido la causa y el ayuntamiento ha dicho que no impondrá multas.
Hay numerosos casos publicados también de agentes que han ido a comer a restaurantes mexicanos, o latinos en general, y tras pagar la cuenta han regresado para detener a los camareros. O de enmascarados que han pedido los papeles a todas las limpiadoras de los hoteles en los que pernoctan. "Ya no vienen familias, sino muchas veces sólo los niños que tienen la nacionalidad porque nacieron aquí", explican en los centros sociales y las iglesias que distribuyen comida o alimentos. La de Minnesota es una sociedad muy movilizada, marcada por el asociacionismo, la participación, la solidaridad y la sensación de comunidad. Pero también marcada ahora por la reactividad y las fijaciones. Locales que nunca han tenido seguridad, desde clínicas odontológicas a iglesias pasando por sex shops o pizzerías, tienen ahora a porteros que filtran a cada cliente potencial.
Las organizaciones sociales, y los grupos de protestas, están igualmente en alerta constante. "Quieren meterse en los grupos de mensajería, tanto los federales como los nazis", dice Allison, una de las manifestantes frente al edificio federal al que llevan a los detenidos para procesar. "Están obsesionados por cómo nos organizamos y ahora hay que filtrar una a una todas las peticiones. La verdad es que la mitad de nuestras conversaciones ahora mismo son sobre espías, infiltrados y comportamientos raros. Esto no es sano", añade.
El gobernador del Estado, Tim Walz, ha animado a todo el mundo a "llevar su teléfono consigo en todo momento. Y si ven a ICE en su vecindario, saquen el teléfono y presionen grabar. Tenemos que crear una base de datos de las atrocidades cometidas contra los habitantes de Minnesota, no solo para dejar constancia de ellas, sino para recopilar pruebas para futuros procesos judiciales", les dijo. La gente lo está siguiendo a rajatabla, pero eso está generando todavía más cuadros de ansiedad e insomnio. "Cada coche negro que vemos pienso que es uno de ellos", dice Alyssa, una joven universitaria haciendo huelga este viernes. "Nunca me he cruzado directamente con el ICE, pero tengo la sensación de que están por todas partes".
Los coordinadores de las protestas usan aplicaciones de mensajería cifrada y software de mapas, para intentar localizar en tiempo real a los federales. Y grupos de voluntarios, algunos de ellos veteranos del ejército, los intentan seguir para protestar, alertar a los vecinos y espantarlos. "Es una paradoja y una mierda. Necesitamos cierto nivel de secretismo e hipervigilancia, pero al mismo nos está volviendo paranoicos. Esto no es forma de vivir, no es normal en una democracia", explica durante una marcha de protesta la coordinadora de un grupo que usa Signal para comunicarse con sus compañeros. "Hay que aguantar y resistiremos, pero no sé cómo vamos a acabar", lamenta.
Masivo presupuesto
Después del verano, aprovechando el masivo presupuesto a su disposición (sólo el ICE ha pasado de 10.000 millones a 85.000 millones de dólares), el Departamento de Seguridad Nacional compró "al menos tres herramientas y servicios de monitoreo de redes sociales que le permiten espiar los teléfonos celulares de las personas", según registros de adquisiciones y contratos públicos verificados por The New York Times. "Una de las herramientas, desarrollada por Paragon, una empresa tecnológica israelí, permite a las personas tomar el control de teléfonos o hackearlos remotamente para leer mensajes o rastrear ubicaciones. Las demás fueron desarrolladas por Penlink, una empresa de software con sede en Nebraska. Utilizan datos de redes sociales extraídos de la web e información de intermediarios de datos para crear expedientes de cualquier persona con una cuenta en redes sociales".
El ICE utiliza además al menos dos herramientas de reconocimiento facial en Minnesota: Mobile Fortify y Clearview AI, con la que escanean la cara de conductores, peatones o menores de edad usando el móvil. Las autoridades federales también estarían aprovechando una base de datos creada por Palantir, la poderosa empresa de Peter Thiel, para obtener información de ubicación de manifestantes e inmigrantes en tiempo real. "Durante años, las fuerzas del orden de todo el país han aprovechado la innovación tecnológica para combatir la delincuencia. El ICE no es la excepción", ha respondido un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional al Times.
Por eso en las protestas, a 20º o 30º bajo cero estos días, los pasamontañas y las máscaras que antes eran una opción comprensible, ahora son casi una obligación. "Me da igual, que nos filmen lo que quieran", dice Robert, un jubilado de 74 años con la cara descubierta frente al edificio Whipple, al lado del aeropuerto, en una de las concentraciones. "No tengo nada que esconder". Muchos otros no se lo han tomado así. Las redes sociales y los canales de Telegram de los voluntarios que se dedican a seguir a las patrullas y monitorizar sus actuaciones están llenos estos días de ejemplos inquietantes de agentes que se dirigen a ellos por su nombre y apellido y que explican cómo los ciudadanos están siendo grabados con tecnología de reconocimiento facial. Otros han recibido notificaciones de Seguridad Nacional anunciando la cancelación de sus cuentas en los mecanismos que en los aeropuertos permiten saltarse las largas colas para los controles de seguridad, sin ningún tipo de explicación. Lo que únicamente puede ser una respuesta, dicen, a su presencia en las manifestaciones.
La presencia del ICE, en todas partes y en ninguna, las dudas sobre qué pueden hacer y qué no, de qué herramientas disponen y cómo pueden tomar represalias, está causando problemas de ansiedad, pánico y comportamientos anómalos en toda la sociedad, pero en especial en los menores, convertidos ahora al mismo tiempo en objetivos de adultos enmascarados que quieren saber su nacionalidad y los paran por su idioma o el color de su piel; y en responsables de la logística para el día a día de sus familias. En el Distrito Escolar Público de Fridley, donde el 80% de los estudiantes son de color o de origen inmigrante, uno de cada seis se han pasado a formación online. En Rochester, a una hora y media de distancia, este mes más de 530 estudiantes adicionales se ausentaron de las escuelas, según datos de los distritos.
Y está la cuestión de la guerra online. Tras la muerte de Alex Pretti, numerosos influencers del mundo MAGA y partidarios de Trump difundieron vídeos falsos, rumores y datos inventados sobre la víctima, un enfermero de 37. Es algo habitual, especialmente en un país que convierte en multimillonarios a teóricos de la conspiración capaces de negar que masacres en colegios infantiles hayan ocurrido. Pero también parte de una estrategia más amplia. "La idea es que no se pueda distinguir la verdad de la mentira, lo cierto de lo hecho con IA. Esta vez no les ha funcionado porque había decenas de testigos y ángulos. La próxima vez, quizás sí", decía el viernes con un megáfono uno de los que animaban las manifestaciones en el centro de Mineápolis.